Pero en 2010 se cambiaron por nombres como Hermanos Pérez Moral, Coullaut-Valera, López Calvo, Comuneros de Castilla, Jaime Bort y Meliano Peraile en Cuenca.
Los nombres de Belén y San Lázaro han sido los más propios de la barriada de San Antón, el conocido también popularmente como barrio del Perchel, palabra que proviene del aparejo de pesca que consiste en varios palos para colgar las redes. Hasta hace quince años, el nombre de Belén se daba a varias calles, denominadas de la A a la F, si bien en 2010 el Ayuntamiento decidió dejar el nombre de calle de Belén, a la más principal del barrio, que tiene una extensión de largo de 235 metros.

La calle Belén A pasó a denominarse Hermanos Pérez del Moral, en recuerdo de los artesanos de la Pasión, autores de numerosas andas y retablos de la Semana Santa. Al escultor Federico Coullaut-Valera se le asignó la calle Belén B. A la calle Belén C se le dio el nombre del Músico José López Calvo, otro de los conquenses insignes; el nombre de Comuneros de Castilla se le adjudicó a la calle Belén D; la conocida como Belén E es la calle Arquitecto Jaime Bort y la que figuraba como como Belén F nos recuerda desde 2010 al escritor de Villanueva de la Jara, Meliano Peraile.

El nombre de calle Belén, que agrupaba a siete calles de la barriada de San Antón, una de las más antiguas de la ciudad, que se situaban en el entorno de la iglesia de la Virgen de la Luz, proviene de la antigua ermita de Nuestra Señora de Belén, situada muy cerca del medieval hospital de San Lázaro, igualmente desaparecido. Al menos los nombres no se los ha llevado el viento que sopla en torno a la barriada arriscada al Cerro de la Majestad, bañada por las a veces impetuosas aguas del Júcar.

El barrio sanantonero, al margen del nombre de Belén en sus calles, evoca también las formas de montaje de los tradicionales belenes, tanto visto desde el propio puente o desde las altura de la Torre de Mangana.
Precisamente “Campanitas de plata” titulaba el periodista conquense Andrés Gallardo uno de sus artículos navideños, en su recorrido pueblo a pueblo con su “600” al que llamaba “Platero”, del que recogemos este párrafo: “Alguna vez me ha sorprendido el anochecer del día de Nochebuena viniendo de pueblos del sur de la provincia y he detenido “Platero” sencillamente para contemplar dichosamente la maravillosa perspectiva de Cuenca llena de luces de colores. Y siempre me he creído ante un monumental Belén”.

En verdad que la propia ciudad de Cuenca es como un Belén Viviente permanente, a través de la fisonomía de la Cuenca Alta arracimada a sus Hoces y de sus barrios de añeja antigüedad como San Antón y Tiradores. Navidad y Pasión se representan en el Casco Histórico a través de un paisaje tan singular como natural y, al mismo tiempo, pintoresco. Pero San Antón tiene un brillo belenístico especial.
Seguía escribiendo Andrés Gallardo mirando a la Cuenca del barrio de San Antón y la de las Hoces del Júcar y del Huécar: “Y sin apurar demasiado mi fantasía –que para mí es fácil por tierras de Cuenca confundir gigantes con molinos y viceversa- creo ver en el ojo luminoso del monumento del Cerro del Socorro, la Estrella de los Reyes Magos, la del Escudo de Cuenca, que vienen cabalgando por ignorados caminos sierra adelante. Y todo el conjunto belenístico, con su cueva santa, en el Barrio de San Antón y la ribera del Júcar”.

Gallardo seguía viendo en su imaginación de escritor conquense de corazón el castillo de Herodes en la Cuenca alta y todo el conjunto belenístico con su cueva santa en el Barrio de San Antón y la ribera del Júcar, donde en las aguas bajo el puente se colocó en los años 60 el llamado “Belén fluvial”.
NOCHEBUENA POR LA CALLE DE BELÉN
En el barrio de San Antón nacieron y crecieron Andrés y Paco Lázaro Torres, dos grandes músicos de orquesta, de la familia de “los Realetes”. Andrés en Barcelona, con la Rondalla de la Federación de Castilla la Mancha y Paco en Torrejón de Ardoz, con su “Orquesta Encantada…que tiene la fiesta asegurada…” según su slogan. Ellos recuerdan andanzas juveniles por las calles de Belén, San Lázaro y las Ollerías, en aquellas nochebuenas de ronda por San Antón cantando en pandilla “Espada blanca de luna”, que hizo famosa Manolo Escobar, a la que ellos dieron su versión.

Como los dos se llevan tres años iban en pandillas distintas. Andrés con la peña “La castaña”… Paco explica que en la Nochebuena recorrían el barrio de San Antón con los amigos, dirigidos por Miguel García “el cojete” cantando “Espada blanca de luna”, “que tanto nos impactó al escucharla muchas veces en la radio de Cuenca, –comentan los dos hermanos sanantoneros–. Miguelín, que era hijo del señor Herminio, que quería ser torero y dueño de la vaca Marisol, dirigía el coro y desde las once de la noche hasta las cinco de la mañana íbamos recorriendo el barrio de San Antón con esa canción en la que donde decía “a ella su familia le ha dicho que nones, y quieren casarla con uno que dice que tiene millones”, ellos decían “con uno que tiene tractores”…

“Con carracas, botellas de anís y otros instrumentos salíamos desde el bar de San Lázaro, que era de mi padre, y luego se lo quedó “El Burrillo”, que se llamaba Perfecto. Le cantábamos primero a Pedro Mercedes el alfarero y luego pasábamos por todas las calles del barrio. Hasta que salía don Amadeo el cura y nos decía que si queríamos dar la murga primero había que ir a la misa del gallo”.

VILLANCICO DEL BARRIO DE SAN ANTÓN
Los Villancicos Conquenses de Federico Muelas destilan la sensibilidad que el poeta conquense sintió siempre por su tierra. En alguna otra colaboración hemos citado los publicados en el libro “Ángeles albriciadores” con su paseo por la Puerta de San Juan, El Escardillo y Tiradores. Como corolario a la calle de Belén recogemos el “Villancico del Barrio de San Antón”, que incluyó el profesor alicantino Fernando Carratalá Teruel en su Blog, con el título “Federico Muelas canta a la Navidad”. Dice así:
“Echadle aceite al candil,
que el Niño vendrá a las doce,
que a las doce ha de venir.
Virgencita de la Presa,
Pide aceite a los vecinos
que a las doce en punto llega.
No vendrá, no, por las aguas…
(Los ángeles en el aire
están trenzando la escala.)
Que espere, que espere el río.
A la mar siempre se llega
y esta noche nace el Niño.
Decidle a don Amadeo
que pida aceite prestado,
que él está mirando el Cielo.
Que está la Virgen del Puente
con el candil en la mano…
y el candil no tiene aceite”.
Este villancico de Federico Muelas fue musicalizado por el siempre recordado Herminio Carrillo y durante las Navidades se suele entonar por distintos grupos, sobre todo por “Tiruraina” y “resuena con mayor alegría, como los cánticos de mi tierra” cuando se escucha por la calle de Belén de este barrio de San Antón, donde José Luis Martínez, junto y sus fieles colaboradores, suele colocar nacimientos y árboles de Navidad con cualquier utensilio de botes de bebidas o ruedas de bicicletas, frente a la calle de Belén, con el rumor del Júcar de fondo…
Años hubo, hace un par de lustros, en los que el Ayuntamiento instalaba la estrella de los Magos en el Cerro de la Majestad, y los propios vecinos colocaban el Nacimiento de grandes figuras sobre las rocas, para refrendar que en el belenístico barrio del Perchel existe la calle de Belén.
(Datos: www.elblogdecuencavila.com. Facilitados por José Vicente Ávila)
