De norte a sur y de este a oeste ya se puede recorrer la ciudad que solo se encontrarán dos pescaderías abiertas en todo el radio de 4 kilómetros que distan de punta a punta. La última, bastante famosa, La Dorada, ya cuelga el cartel de ‘Se vende’, por lo que escuchar a las dos familias protagonistas da una idea realista del motivo. De hecho, ambas coinciden en señalar que las condiciones del oficio solo prosperan ‘si se ha mamado en casa’, es decir, levantarse de madrugada para ir a Mercamadrid o Valencia y empalmar con el día siguiente no tiene ningún atractivo si no se ha visto hacerlo a los padres o abuelos. Porque además hay que lidiar con el fuerte olor del pescado y las largas horas de limpieza del mismo.
Pero habría una segunda razón, quizá la más obvia: el impacto de las grandes superficies y sus fileteadas bandejas de pescado y marisco. Coger y listo. ¿Quién se va a fijar en si hay pescado de mayor calidad en la Pescadería Marsahu de la calle Colón? O mejor aún, si es más barato.
Se llaman Marsahu porque es la unión de Martínez y Sahuquillo, los dos hermanos que continúan el negocio de sus padres. Juan Carlos Martínez explicó en El Digital de Cuenca que no es fácil estar toda la noche viajando y luego empalmar en el local todo el día. Por no hablar de la responsabilidad a la hora de comprar la cantidad precisa y aprovechar la corta vida del producto. «Tienes que ir muy ajustado para evitar que no te sobre y tener pérdidas», reconoció Martínez.

«No es un sueño de niños, pero no he visto otra cosa en mi casa»
Desde los 16 años supo que la vocación familiar es lo único que podía salvar la pescadería: «No es que sea el sueño de todos cuando somos pequeños. Aquí estoy con mi hermano, mi padre y mi madre por ahí dentro, o sea, toda la casa, no he visto otra cosa».
Se turna con su hermano para viajar de noche: «Es duro, pero tiene sus cosas que al final te gustan. Yo ahora mismo no creo que hiciera nada más y le he cogido el cariño». También le encanta conocer a gente y el trato con el público: «En los mercados de noche hay tanta vida…».
En su opinión, no es una cuestión de tener competencia o no, porque considera que la gente que ha dejado de ir a La Dorada no va a venir a su pescadería, sino que son clientes que ganan los supermercados: «No miran si está fresco o cómo está arreglado, cogen la bandeja y listo, es una lástima».

Sin embargo, la verdadera clave de por qué no hay pescaderías en Cuenca quizá la dio una señora que escuchaba mientras hacía la cola: «Es una opinión personal, pero yo creo que es porque el conquense es muy poco pescadero» (risas).







«Hay poca costumbre de comprar pescado en los barrios»
En la otra pescadería Viamar, situada en el barrio de la Fuente del Oro, se encuentran en plena hora punta por la mañana temprano mientras Marta limpia las escamas, los hijos anotan los pedidos y el padre -ya jubilado- supervisa el tesoro que un día cuidó entre sus manos (misma escena que en la anterior pescadería). Otro negocio familiar de largo recorrido que coincide en señalar la poca costumbre de los conquenses a la hora de acudir a los barrios a comprar pescado.

Viajan un día sí y otro no, y van funcionando con multitud de repartos diarios. «No te puedes equivocar, el pescado tiene que durar un tiempo mínimo de 3 o 4 días para que los centros lo puedan aprovechar mejor y los clientes lo piden todo lavado y en filetes para que tengan menos espinas», explicó Marta. Su consejo resonó alto y claro: «Hay que comprar lo que vas a gastar porque los precios suben mucho ahora en Navidad», añadió. Sobre todo, merluza, langostinos y carabinero bajo pedido.









