El REBI Cuenca salió escaldado del Palau Blaugrana en una noche que comenzó torcida y terminó convertida en un auténtico castigo. El 42-22 final refleja con crudeza la diferencia entre un Barça intratable y un conjunto conquense que solo pudo competir por momentos antes de verse arrollado.
El inicio fue un auténtico vendaval azulgrana. Un parcial de 9-0 de salida dejó al REBI sin respuesta, bloqueado en ataque y superado por la presión defensiva local. Once minutos tardaron los de Lidio Jiménez en inaugurar su marcador, cuando Manuel Lima logró por fin batir la portería culé para firmar el 9-1.
Ese primer gol actuó como un pequeño despertador para los visitantes. Apareció Tavares, el más inspirado de los suyos, que acabaría el partido con siete tantos, y el REBI logró estirar sus ataques con algo más de criterio. El resultado al descanso, 21-14, mantenía al conjunto conquense con vida dentro de un contexto complicado.
Tras el paso por vestuarios, el REBI volvió a competir. Durante varios minutos sostuvo el pulso al líder, manteniendo la diferencia sin que el marcador se desbordara. Pero entonces llegó el apagón. O, mejor dicho, apareció la muralla de Nielsen bajo palos. En los quince minutos finales, el Barça cerró su portería y desató un parcial demoledor de 12-0 que dejó a los visitantes sin ver puerta y sin opciones.
El 42-22 final fue demasiado severo para un REBI que, al menos durante parte del encuentro, plantó cara. Ahora, tras pasar por el “dentista” del Palau, toca cambiar el chip rápidamente. Este viernes espera el Granollers en El Sargal, una cita clave para reencontrarse con las sensaciones y recuperar la sonrisa.