Cuando Bella habla de su vida en Cuenca, lo hace desde una mezcla de fortaleza y ternura que solo nace de quienes han aprendido a resistir. Nacida en Santo Domingo en 1991, creció entre la protección de su abuela y la ausencia a distancia de una madre que emigró para sostener a la familia. Años después, fue ella quien tuvo que tomar la misma decisión: dejarlo todo atrás para buscar seguridad y un futuro digno para sus hijos.
Bella: «Lo que vivimos fue duro, pero hoy sé que valió la pena»
En enero de 2022, junto a su marido y sus pequeños, emprendió un viaje que cambiaría sus vidas para siempre. Barcelona fue su primera parada, y también el escenario de sus meses más duros. Lágrimas, frío, ansiedad y dudas marcaron el inicio de un camino en el que nunca faltó la fe ni el valor.
Hoy, instalada en España, Bella mira atrás con la serenidad de quien ha atravesado la tormenta y continúa construyendo un rumbo firme, lleno de valores y esperanza.
Bella Reyes de 33 años nació en Santo Domingo en 1991. Creció bajo el cuidado de su abuela, a quien considera su segunda madre, mientras su madre trabajaba en Suiza para sostener a la familia. En 2022 tomó la decisión más difícil de su vida: emigrar a España junto a su marido y sus hijos, movida por la inseguridad de su país y el deseo profundo de ofrecerles un futuro mejor.

Sus primeros meses en España estuvieron marcados por la precariedad, el miedo y la incertidumbre, pero también por la fe y por el apoyo de personas que creyeron en ella. Con el tiempo, Bella consiguió poner orden en ese caos inicial y levantar una vida nueva. Hoy, desde la calma que da haber superado lo más duro, sigue soñando y trabajando para que sus hijos crezcan en un entorno de oportunidades, valores y estabilidad.
Bella, durante un encuentro para esta entrevista, recuerda entre emoción y orgullo los primeros meses de su llegada a España. La fuerza de empezar de cero: la historia de Bella, una madre que emigró para dar a sus hijos la vida que soñaba.
¿Cómo recuerdas tu infancia en Santo Domingo antes de emigrar?
Tuve una niñez muy linda. Crecí con mi abuela porque mi madre tuvo que viajar a Suiza cuando yo tenía seis años. Mi abuela fue mi otra madre: estuvo ahí en todos los momentos, buenos y malos. Mi madre también estuvo presente, siempre pendiente por llamadas y en lo económico. Gracias a Dios nunca nos faltó nada.
En enero de 2022 decidiste venir a España. ¿Qué fue lo que más pesó en esa decisión?
La inseguridad de mi país. Quería darles a mis hijos una vida mejor, una buena educación y un futuro más seguro.
¿Hubo algún momento que te hizo decir «hasta aquí, nos vamos»?
Aunque mis hijos nunca vivieron situaciones peligrosas, yo sí vivía con miedo. Salir de casa mirando a todos lados, no poder sacar el móvil ni caminar libremente… ese no era el futuro que quería para ellos.

¿Cómo fue preparar el viaje y dejar atrás tu tierra y tus costumbres?
Teníamos mucho miedo, sobre todo por los niños. Veníamos a un país del que no sabíamos nada. Pero también veníamos con mucha esperanza porque estábamos juntos. Si no hubiésemos venido como familia completa, creo que no lo habríamos logrado.
¿Qué piensas cuando escuchas que en España «no hay trabajo ni oportunidades»?
Que no hay trabajo para quien no quiere trabajar. Oportunidades hay muchas, pero si buscas dinero fácil, estás en el país equivocado. Cuando se quiere, se puede. No es fácil al principio, pero tampoco imposible.
Durante el primer año tu marido estuvo sin empleo y tú trabajabas sin documentación. ¿Cómo se sobrevive a eso?
Tuve suerte. Dios no abandona a los corazones buenos. Encontré personas que confiaron en mí y me dieron oportunidades. Y mi madre fue clave: sin su apoyo económico y emocional no lo habríamos logrado.
¿Pensaste en rendirte en algún momento?
Sí. Los primeros seis meses en Barcelona fueron muy duros: lágrimas, desencantos, frío y ansiedad. Emocionalmente estaba rota. Pero mis hijos me dieron fuerzas: ellos eran felices en medio del caos. Eso me empujó a seguir adelante.
¿Qué papel ha jugado tu madre en este proceso?
Ha sido la protagonista. También fue uno de los motivos para venir, para estar más cerca de ella. Nunca nos dejó solos y siempre nos apoyó. Doy gracias a Dios por ella.

¿Qué sentiste cuando Joel consiguió su primer trabajo en Mercadona?
Una alegría inmensa. Una bendición. Era una puerta que se abría y un gran alivio para él como cabeza de familia.
¿Qué papel ha jugado la fe en tu camino?
La fe ha sido fundamental. Sin ella, en los momentos de tristeza habríamos tirado todo por la borda. Somos creyentes y ponemos cada día y a nuestra familia en oración. Nunca elegimos el camino fácil porque los valores de mi abuela y mi madre siempre nos guiaron.
¿Cómo ha sido adaptarse a la vida en España?
Creo que nunca se termina de adaptar del todo. La falta de papeles te condiciona y te hace sentir que no eres persona para algunos. Es duro, pero es parte del proceso del emigrante.
¿Qué momentos de alegría recuerdas con más cariño?
El cariño recibido en el Aula de Familia, especialmente de Ana y Bea. Y, por supuesto, cuando mi marido obtuvo la residencia y su primer trabajo formal. Ese día sentí que todo empezaba a cambiar.
¿De qué te sientes más orgullosa?
De todo lo que he logrado. Al principio lo veía imposible y hoy estoy cumpliendo sueños y metas. Y esto solo es el comienzo.
¿Qué sueñas para tu familia y para tus hijos?
Sueño con mantenernos unidos y construir un futuro lleno de paz y armonía. Para mis hijos deseo que sean buenas personas, con valores, y que tengan oportunidades para ser quienes quieran ser.
Si pudieras hablar con la Bella que llegó en 2022, qué le dirías?
Que es una guerrera, que es fuerte, que lo logramos y que lo mejor está por venir. Todo forma parte de un propósito. Al final del túnel siempre hay luz.
¿Qué mensaje envías a quienes emigran buscando una vida mejor?
Que no se rindan. No es fácil, pero imposible tampoco. Confía en tu fuerza, en ti mismo y en el proceso. Sí se puede.
En su voz queda aún la huella de aquel frío de Barcelona, de los temblores en el estómago, de las dudas y del miedo. Pero también se escucha la música suave de la esperanza: esa que nunca se apagó.
Bella no solo emigró: volvió a nacer. Y en cada paso que da hoy, en cada logro que celebra su familia, reafirma la verdad que la guía desde el principio: la fe no evita las tormentas, pero te enseña a caminar sobre ellas.