El secreto medieval de Cuenca: un pueblo amurallado a un paso de Valencia que poca gente conoce

Su castillo, sus murallas y sus puertas son testigos mudos de varias batallas

Escondida entre colinas y valles de la Serranía Baja de Cuenca, se encuentra Moya, una villa medieval que pocos conocen, pero que parece haberse detenido en el tiempo. Sus ruinas, declaradas Conjunto Histórico-Artístico, se extienden sobre un cerro a 1.155 metros de altura y ofrecen vistas que quitan el aliento. Montes de Santerón, Pico de Ranera, macizo de Javalambre… un panorama que abraza Cuenca, Teruel y Valencia.

Subir a Moya es como entrar en otra época. Desde sus murallas, uno puede imaginar la vida de sus 1.200 habitantes, la actividad del mercado en la plaza mayor, el toque de las campanas de sus iglesias y el bullicio en los conventos y hospitales. Todo eso ocurrió aquí hace siglos, cuando Moya era la cabeza del Marquesado que gobernaba 36 pueblos de la provincia.

Su ubicación estratégica le valió el apodo de «llave de Reinos». Castilla, Aragón y Valencia la disputaron a lo largo de la historia, y su castillo, sus murallas y sus puertas son testigos mudos de esas batallas. Hoy, esas piedras invitan al visitante a recorrerlas y a imaginar la vida fronteriza de antaño.

Foto: Turismo JCCM

Las raíces de Moya se remontan a la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, cuando fue un castro celtíbero. Sin embargo, su historia documentada comienza en el siglo XIII, con la conquista cristiana y la posterior repoblación de Alfonso VIII de Castilla. Fernando III ‘el Santo’ consolidó la villa, otorgando privilegios a sus habitantes y situándola como frontera con Aragón y Valencia.

Tuvo una época dorada 

Durante los siglos XVI y XVII, Moya vivió su época dorada, con nuevas construcciones, refuerzos en murallas y castillo, templos y edificios que marcaban el corazón de una ciudad vibrante. Pero el tiempo no perdona. El siglo XVIII trajo decadencia, las guerras del XIX destrucción y saqueos, y finalmente, el abandono en el siglo XX.

Hoy, caminar por Moya es un viaje entre cinco recintos amurallados, ocho puertas históricas y un conjunto urbano que combina castillo, coracha, ayuntamiento, iglesias y antiguos hospitales. Cada rincón cuenta historias de poder, guerra, religión y vida cotidiana que parecen susurrar entre las piedras.

Lo más fascinante es que, aunque deshabitada, Moya conserva esa magia que solo tienen los lugares donde la historia parece haberse detenido. Pasear por sus calles es un ejercicio de imaginación Uno puede casi escuchar el eco de los mercados, las campanas y los pasos de los caballeros.

Foto: Turismo JCCM

No está entre los destinos más populares

Moya no está en las rutas turísticas más populares, y tal vez por eso conserva ese encanto de pueblo secreto. Para los curiosos y los aventureros, es una parada obligatoria en Cuenca, un lugar donde la historia y la naturaleza se mezclan en perfecta armonía.

Así que si buscas un destino fuera de lo común, donde perderse y dejar volar la imaginación, Moya te espera. Entre murallas, torres y ruinas, descubrirás un pedazo de España que pocos conocen, pero que nadie olvida.

María López

Graduada en Periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha. He pasado por Cadena SER, Castilla-La Mancha Media y El Español.
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