Un héroe de Cuenca en medio del desastre: Rodrigo Herraiz «Rodri» y la noche que cambió Paiporta

Recuerda la DANA de hace un año

El agua llegó sin avisar y transformó Paiporta en un río imparable. Calles, coches y viviendas quedaron sumergidos en cuestión de minutos en la DANA, y mientras muchos luchaban por sobrevivir, Rodrigo Herraiz García se convirtió en un faro de esperanza desde su ventana del primer piso.

Rodrigo, descendiente de familias de Cólliga y Navalón, es un hombre muy querido en su tierra natal, Cuenca, donde fue durante cuatro años gerente y propietario de la discoteca DIXY, uno de los locales de ocio nocturno más populares de la ciudad. Pero aquella noche su fama quedó de lado: lo que lo definió fue su valentía y su compromiso con la vida de los demás mientras residía en Paiporta, la localidad golpeada por la riada.

La riada

Rodrigo estaba en su ventana cuando vio cómo el agua avanzaba sin control, cubriendo señales de tráfico y arrastrando coches y personas. «Vi llegar el agua desde el primer metro hasta cubrir las calles. Las vecinas me llamaron asustadas porque tenían a los maridos y familiares atrapados en la calle», recuerda. La inundación creció durante más de una hora, y la corriente se llevaba a cualquiera que se interpusiera en su camino.

«Recuerdo personas subidas a coches, otras nadando o agarradas a las paredes… y las que tuvieron peor suerte, la corriente se las llevaba», relata Rodrigo. El agua alcanzó 2,35 metros, dejando calles y casas completamente sumergidas.

El rescate desde la ventana

Sin pensarlo, Rodrigo improvisó un sistema de rescate con sábanas y cuerdas desde su balcón. «Subí a doce personas al piso. Uno de ellos pesaba 90 kilos. No daba tiempo a recordar los momentos, solo a actuar», dice. Algunos rescatados estaban sobre coches; otros no sabían nadar y tuvieron que ser recuperados varias veces.

Abel, uno de los vecinos que salvó, recuerda: «Nos cogió en la calle junto a mi suegro. La corriente era brutal, pero desde el primer piso nos lanzó sábanas y cuerdas. Gracias a eso pudimos salir del agua. Recuerdo cómo me subió por la sábana, con la corriente intentando arrastrarnos. Yo no podía más y él no paraba de animarnos a mantenernos firmes. Fue increíble verlo actuar sin pensar en sí mismo».

Juan, vecino de enfrente, también relata: «Rodrigo subía a la gente con sábanas y cuerdas desde su balcón. Los que lo consiguieron estaban a salvo; los que no, la corriente se los llevaba. Vicómo subía a los últimos que estaban en el techo de un coche. Uno de ellos cayó al agua y con las sábanas que le hecho desde la ventana, se salvó. Esa determinación es algo que nunca olvidaré». Entre los rescatados había vecinos de la misma calle, personas de otras fincas e incluso familiares de Rodrigo. Muchos ya lo conocían, mientras que otros se convirtieron en una especie de familia después de la tragedia.

Después de la riada

El desastre no terminó con la bajada del agua. Durante días, Rodrigo permaneció como voluntario, repartiendo comida, retirando barro y asistiendo a los vecinos más vulnerables, como una señora de 88 años que había pasado toda la noche aferrada a una verja. «Ayudé hasta las 10 de la mañana, reventado, pero no podía dejar a nadie atrás», recuerda.

El barrio quedó desolado: más de 40 personas fallecidas, casas destrozadas y calles llenas de barro y escombros. Rodrigo conserva el recuerdo del olor a gasoil y barro que permaneció días después, y de la magnitud de la tragedia que vivió de cerca.

Secuelas y recuperación

Lo vivido dejó huellas profundas. «No sé cómo será la guerra, pero esto es peor. He estado de psicólogos, llevo cuatro meses sin ver la televisión, me he tenido que ir a Navalón y dejar temporalmente a mi familia en Paiporta hasta que me recuperé de lo que viví», confiesa. La experiencia de salvar vidas mientras otros perecían marcó un antes y un después en su vida.

Reconocimiento del barrio

El heroísmo de Rodrigo no pasó desapercibido. Los vecinos a los que ayudó le hicieron un reconocimiento público: «Gracias por acompañarnos en uno de los días más importantes de nuestra vida y gracias por tu gran ayuda durante la DANA, querido Rodrigo. Hoy eres testigo de nuestro amor, pero también eres parte de nuestra familia».

Para Rodrigo, esas palabras fueron uno de los momentos más emotivos de su vida. «Saber que ayudé a tantas personas y que me consideran parte de su familia… no se olvida jamás», asegura.

Una vida marcada por la comunidad

Rodrigo sigue siendo recordado en Cuenca y en Paiporta no solo por su valentía durante la riada, sino también por su cercanía y humanidad. Tras el desastre, decidió trasladarse a su pueblo natal de Navalón para intentar recuperar la normalidad, aunque mantiene contacto con los vecinos que salvó aquella noche. «Me llamaron héroe, pero yo solo hice lo que tenía que hacer. Ver a las personas a salvo es suficiente recompensa», concluye.

El legado de una noche

La riada de Paiporta quedará grabada en la memoria de quienes la vivieron. Pero también lo estará la valentía de quienes, como Rodrigo Herraiz García, no dudaron en poner su vida en riesgo por los demás. Una historia de coraje, solidaridad y humanidad que recuerda que, incluso en medio del desastre, siempre hay personas capaces de hacer la diferencia.

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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