La pasión por los libros que une a Cuenca

Dos clubes de lectura del Centro Cultural Aguirre reúnen a aficionados de todas las edades para debatir, compartir y disfrutar de la lectura

Hay espacios donde las historias no solo se leen, sino que se viven. Donde las páginas de un libro son excusa para conversaciones, debates, risas y descubrimientos. En pleno corazón del Centro Cultural Aguirre de Cuenca, dos clubes de lectura han convertido la rutina quincenal en un ritual que engancha a sus miembros, más allá de la edad o el género literario. Allí, cada libro abre puertas a mundos diferentes y cada sesión es un mosaico de opiniones y emociones compartidas.

Una temporada que arrancó con entusiasmo

Olga Muñoz, coordinadora de la red de bibliotecas municipales de Cuenca y de ambos clubes —el Club de Lectura Aguirre y Leyendo entre Hoces—, relata cómo comenzó la temporada en la última semana de septiembre. “La gente retoma la actividad con mucho interés después del verano, con muchas ganas”, explica a El Digital de Cuenca.

Foto: Néstor Robaina

Este año, la demanda superó lo habitual: quince o dieciséis solicitudes nuevas frente a las cinco o seis de temporadas anteriores. Sin embargo, los grupos ya están completos y solo se pudo incorporar a dos nuevos miembros, dejando a otros quince en lista de espera. “La única solución sería abrir otro grupo, pero no tenemos personal ni capacidad para ello por el momento”, comenta Olga.

Dos clubes, un mismo espíritu

El primero de los clubes nació en 2011 y el segundo en 2012, como respuesta a la creciente demanda. Aunque ambos comparten dinámica y filosofía, su existencia permite dar cabida a más aficionados. “Son muy parecidos en la forma de funcionar y sobre todo en el respeto hacia las opiniones de los demás”, asegura Olga.

Foto: Néstor Robaina

Las sesiones quincenales giran alrededor de un libro común, que los miembros leen en casa antes de comentarlo en grupo. La coordinación asegura la fluidez de los debates, añade contexto histórico o literario cuando hace falta y, de vez en cuando, organiza encuentros con autores o talleres especiales.

Variedad y libertad: la clave del debate

El perfil de los participantes se mantiene constante: mayoritariamente mujeres de más de 50 años, aunque ocasionalmente algunos hombres se suman. La edad y la disponibilidad parecen marcar la asistencia, más que la afición a la lectura.

Foto: Néstor Robaina

Cada sesión es un espacio de libertad donde las opiniones fluyen con naturalidad. “Hay gente que analiza el simbolismo, otra que se fija en los personajes o el argumento. Aprendo muchísimo con lo que ellos aportan”, confiesa Olga. La diversidad de lecturas también asegura que nadie se aburra: desde novelas históricas y románticas hasta clásicos internacionales o literatura contemporánea, siempre hay algo nuevo que comentar.

Lecturas que viajan por el mundo y el tiempo

El abanico de libros que se comentan en los clubes es tan diverso como sus miembros. Este año, entre las lecturas recientes se incluyen Los Alemanes de Sergio del Molino, una novela publicada el año pasado; Lazos de tinta de Rosa Huerta, más romántica; y Alí y Nino, del autor armenio Kurban Said, que sorprende por su originalidad. También se ha leído El desierto de los tártaros de Dino Buzzati, un clásico italiano del siglo XX.

Foto: Néstor Robaina

“La variedad es fundamental”, explica Olga Muñoz. “Algunos disfrutan más de la trama, otros del simbolismo o de los personajes. Y si a alguien no le gusta un libro, lo dice claramente y lo argumenta, que es donde está la gracia. Cada opinión aporta algo distinto al debate”.

Foto: Néstor Robaina

No hay un género que predomine, ni un consenso sobre qué leer; lo importante es que todos los miembros participan y comparten sus impresiones, generando conversaciones enriquecedoras que van mucho más allá de la lectura en sí.

La lectura como encuentro comunitario

Más allá de los libros, los clubes funcionan como punto de encuentro físico y social. “Hoy que estamos todos tan conectados a internet y pantallas, tener un espacio donde debatir y reflexionar es muy importante. El libro es la excusa perfecta”, explica Olga. Para muchos, asistir a estas reuniones es también combatir la soledad y estrechar lazos de amistad en un entorno gratuito y abierto a todos.

Foto: Néstor Robaina

Los clubes forman parte de un ecosistema más amplio: la red de bibliotecas municipales, talleres infantiles y juveniles, actividades en colegios y encuentros con autores, que juntos fomentan la lectura y fortalecen la comunidad lectora de Cuenca.

Un futuro lleno de páginas por descubrir

A pesar de los retos logísticos y de personal, Olga asegura que la pasión por la lectura sigue intacta. Los clubes planean mantener su dinámica, explorar nuevas actividades y continuar con los encuentros con autores. “Lo importante es que, aunque no todos los libros gusten por igual, la gente sigue viniendo por el debate, por escuchar y por compartir”, concluye.

Foto: Néstor Robaina

Y mientras los clubes siguen su curso quincenal, en Cuenca hay un grupo de lectores que demuestra que los libros son mucho más que palabras impresas: son vínculos, aprendizajes y, sobre todo, historias que se viven juntos.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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