José Burgos, o Pepe como le llaman en su pueblo y sus amigos artistas empezando por el ceramista Tomás Bux, puede que sea uno de los maestros artesanos de joyas más enamorados de su profesión que haya en la provincia, si no el que más, afincado en el municipio conquense de Quintanar del Rey.
Preguntar por su creación le parece un concepto demasiado amplio ya que este artesano no ve necesario nada más que crear joyas a lo largo de estos últimos 41 años. «¿Que cómo las ingenio? ¡Buena pregunta! Pues hago colecciones cada tantos años», rompió el hielo sin darle más importancia a su cometido. Y luego, eso sí, donde está más especializado es en la joya de encargo.
Recijoya es más un sistema que una marca, con el que Burgos quiere reconocer un trabajo en torno a la regeneración de los metales que le llevan sus clientes. «Si le echas un vistazo a mi cuenta de Instagram verás que hay mucha variedad», exclamaba sumándose a la ventaja tecnológica de las redes. «Igual hago joya de diseño, como la clásica, como la joya regional…», explicó a El Digital de Cuenca, «todo tipo de joyas porque es mi oficio, y luego aparte tengo líneas de diseño que genero para moverme por las ferias».

«ES MI VIDA»
Toda una vida dedicada a las joyas es decir mucho y por eso su pasión quedó clara desde el primer instante con toda esa vida como legado. Pero si además le suma que a la gente le gusta su producto, miel sobre hojuelas. «Me gusta mi trabajo y me muevo mucho durante el año para captar cómo va el mercado, las tendencias y demás», destacó. Y así tiene siempre bien informados a sus clientes.
En la actualidad lleva un año y medio con una línea de nácar, saliéndose un poco de la corriente del oro y la plata, y va ampliando la gama de diseño de collares, anillos y pulseras. «Hombre, llevo mi parte de piedras preciosas, semipreciosas y tal, pero ahora mismo lo fuerte que estamos lanzando, y que ha tenido una aceptación fenomenal, es la base de nácar natural», exclamó José Burgos, quien adelantó que está preparando otra línea más de nácar para la campaña de Navidad en Carretería. «Algunas piezas llevan piedra y otras no, hago colecciones que van totalmente lisas y otras con circonita, les voy agregando pedrería, la de Navidad está combinada», avanzó.


EL MAGO DE LAS PULSERAS DE COMUNIÓN
«Si tienes por ahí cuatro pulseras de plata para tirar porque no te las pones, de cuando tomaste la Comunión o porque son muy viejas, pues las traes y me dices ‘Pepe, hazme algo con esto’, lo pensamos, cobramos la faena y aprovechamos los metales», explicó haciendo gala de esta faceta que ya lleva unos cinco años explorando con piezas más comerciales. Así, el cliente aporta el material y Burgos se lo recicla por menos dinero, con el extra de un consejo profesional que vale mucho más que lo monetario a la hora de adquirir una pieza renovada y más moderna.
«No es una joyería convencional, mi sistema de venta es peculiar y doy opciones a la gente», reconocía. «A veces viene un cliente y me dice ‘Pepe yo esto lo quiero en verde’ y voy viendo todas las categorías, o ‘a mí me gusta esto más oscuro’ y vamos viendo la variedad y la calidad, al final ellos deciden», argumentó sobre el proceso creativo.

Son resultados de formas extrañas que no renuncian a la belleza: diamantes blancos, amarillos, violetas… Diseños que apetecen y siempre acaban siendo interesantes en orfebrería y, en general, en el ámbito de la artesanía, un sector cuya idiosincrasia conoce a la perfección José Burgos como demostró en su etapa al frente de los artesanos de Cuenca.