Un pequeño grupo de personas se deja la piel cada día por salvar vidas diminutas. No salen en los telediarios ni tienen grandes patrocinadores, pero su trabajo cambia el destino de estos seres vivos. Detrás de cada maullido hay una historia, detrás de cada mirada, una segunda oportunidad. Sin embargo, algo empieza a tambalear el equilibrio que tanto esfuerzo les ha costado mantener.
La asociación ‘Zarpas’ de Motilla del Palancar atraviesa uno de los momentos más difíciles desde su fundación. La protectora, que desde hace años se dedica al rescate, cuidado y adopción de gatos abandonados en el municipio conquense, acumula una deuda veterinaria que ronda los 4.000 euros. Si no logran afrontarla pronto, su labor podría verse seriamente comprometida.
“Cada día nos llaman para avisarnos de gatos atropellados, enfermos o camadas enteras abandonadas. Pero somos solo dos personas, no podemos hacer más”, cuenta Josefa a El Digital de Cuenca, una de las voluntarias y miembro de la Junta directiva que sostiene la asociación junto a la presidenta, Sonia.

Desde la entrada en vigor de la Ley de Bienestar Animal, los ayuntamientos están obligados a controlar, censar y esterilizar a los animales callejeros. Sin embargo, muchas pequeñas asociaciones, como Zarpas, siguen asumiendo solas una tarea que debería estar respaldada por las instituciones.
De una asociación resucitada a un trabajo sin descanso
Zarpas renació en enero de 2024, aunque su origen se remonta a 2017, cuando un grupo de jóvenes del pueblo puso en marcha la primera versión del proyecto. “Las chicas que lo llevaban se cansaron porque no había medios y es una labor muy agotadora y como ya alimentábamos por nuestra cuenta a los gatos nos animamos a dar el paso”, explica Josefa.
Desde entonces, las dos voluntarias, quienes hacen una mayor labor activa, dedican sus días –y muchas noches– al rescate y cuidado de gatos abandonados, enfermos o maltratados. Su labor se centra principalmente en el método CES (Captura, Esterilización y Suelta), con el que controlan las colonias felinas del municipio.
Solo en el último año, han castrado más de 200 gatos y dado en adopción a unos 70, muchos de ellos fuera de Cuenca. “Hace poco uno de nuestros gatitos se fue adoptado a Barcelona”, cuenta.

Cuando se le pregunta qué la impulsa a seguir, Josefa no duda ni un segundo: el amor a los animales. Desde niña soñaba con ser veterinaria, pero sabía que no podría soportar verlos sufrir. Reconoce que lo pasaría “fatal”. Esa sensibilidad, lejos de frenarla, se convirtió en su mayor fuerza. Cada rescate, cada tratamiento y cada adopción son para ella una forma de aliviar el dolor que otros ignoran. “Padezco por ellos ni te lo imaginas”, admite, en un sentimiento muy especial a los animales.
Un local cedido y una veterinaria que no les falla
El Ayuntamiento de Motilla del Palancar les cedió un local en un edificio donde existen más asociaciones y les ha otorgado una subvención anual de 10.000 euros, que se reparte mes a mes.
En este sentido, toda la ayuda es algo que sus voluntarias valoran profundamente. “Estamos muy agradecidas —explica Josefa—. Hace unos días nos reunimos con el alcalde y la teniente de alcalde para contarles la situación, y la verdad es que se mostraron muy receptivos. Nos dijeron que están muy contentos con nosotras, porque se nota el cambio en el pueblo.”

Sin embargo, los gastos veterinarios se disparan con facilidad. “Hay meses que gastamos 1.500 euros. El mes pasado ya debíamos 3.500, pero como no dejamos de hacer cosas si la cosa sigue así es probable que a final de año aumentemos la deuda a 5.000 euros”, confiesa Josefa. Si bien, Josefa señala que hacen lo que pueden, poniendo como ejemplo donaciones de la gente, pero que aún así reconoce que «no nos da».
Si bien, su veterinaria, Silvia, les hace precios especiales y mantiene una paciencia infinita. “Nos atiende a cualquier hora, incluso cuando vamos con gatos callejeros. Hay veces que no nos cobra nada. Pero también tiene que vivir de su trabajo, y por eso nos da tanta pena deberle dinero”, asegura.
Falta de conciencia y de manos
La asociación cuenta con el apoyo ocasional de sus socios y de una tercera voluntaria que lleva las redes sociales, pero el grueso del trabajo recae en Josefa y Sonia. “Diariamente nos llama mucha gente y nos dice ‘oye he visto un gato’ otra persona nos dice que se ha encontrado con el animal cojo o como hace poco a las diez de la noche abandonados en el Punto Limpio. Y allí vamos. Les llevamos al veterinario, los intentamos curar, aunque algunos les tenemos que sacrificar y así. Un sin parar”, relata.
Josefa lamenta también la falta de concienciación ciudadana:
“Hay quien dice que los gatos deben estar libres, que no hay que castrarlos porque se les quita su esencia. Esa falta de concienciación es la que hace que haya cientos de gatos que atropellan por los caminos, que no tienen comida y se mueren de enfermedades”.
Cómo ayudar
Zarpas de Motilla pide colaboración económica o en especie: donaciones de pienso, arena, mantas o material para el cuidado de los gatos. También aceptan ayudas económicas mediante Bizum al número 627 56 05 98 o GoFundMe: https://gofund.me/f3d6a80c5.
Quienes prefieran donar material pueden hacerlo en dos puntos de recogida del pueblo: la tienda “40º” y el Bar London, ambos en Motilla del Palancar.
Actualmente cuidan a 19 gatos en su local, además de varios en acogida, se suma la ayuda desinteresada de gente que da cobijo a estas criaturas. En su caso, Josefa, tiene hasta siete gatos en su casa a los que protege.

Desde su posición pide más conciencia y responsabilidad hacia los animales: recuerda que tenerlos es una decisión voluntaria, no una obligación, y que cuidarlos implica algo más que alimentarlos por lo que ruega que “por favor no los abandonen”. Esterilizar, llevar al veterinario cuando lo necesitan y, sobre todo, no abandonarlos, son gestos sencillos que marcan la diferencia. Sostiene que ante el pensamiento de muchas personas, los gatos no se apañan solos, consciente de que detrás de cada abandono hay una historia que podría haberse evitado.
Mientras tanto, Josefa y Sonia seguirán cada día rescatando esas vidas diminutas que otros dan por perdidas. Porque, aunque no salgan en los telediarios, cada mirada que logran salvar les recuerda que su esfuerzo merece la pena.