La pasión por Cuenca de Federico Muelas, a quien se recuerda en calle, colegio y estatua

Se van a cumplir 51 años de la muerte de Federico Muelas, el poeta y escritor de Cuenca, y aunque la ciudad que él tanto cantó y amó en sus versos y en su prosa, le recuerda permanentemente con su nombre en una calle en el Casco Antiguo, cerca del Escardillo donde nació, y dando su nombre a un Colegio en la calle Colón, así como un certamen poético, y en estatua de bronce, primero en la plaza-jardín de Cecilio Albendea y después sobre las ruinas recuperadas de San Pantaleón, su buena sombra sigue siendo alargada, como solía decir Florencio Martínez Ruiz, uno de los expertos de toda su obra, quien por cierto descansa eternamente en San Isidro, muy cerca del propio Federico.

Hablar de Federico Muelas y toda su grandiosa obra, tanto a nivel nacional, como a nivel local y provincial sería muy prolijo, pero esta vez en la serie callejera de El Dogital de Cuenca vamos a recordar y a conocer algunos aspectos más cercanos sobre este personaje conquense, que fue nombrado hijo predilecto de Cuenca en 1964 y recibió la Medalla de Oro de la Provincia a título Póstumo.

Foto Josevi

“Tuve la suerte y el honor de conocer al poeta y escritor “Federico de Cuenca”, como le bautizó Pedro de Lorenzo, en mis inicios en “Diario de Cuenca”, a partir de 1969, primero de la mano del director Ángel Ríos y posteriormente bajo la dirección de Miguel María de la Hoz”, nos cuenta José Vicente Ávila en su Blog, añadiendo, respecto a la peculiar caligrafía del escritor y poeta, “que pude comprobar, y sobre todo valorar, cosa que casi nunca se ha dicho, los esfuerzos de linotipistas como Jesús Torrecilla, Fernando Collado, Luis Cano, Jesús Serna o José Bustos, para entender la letra de Federico Muelas, con trazos negros de rotulador, a veces en cuartillas o folios amarillentos, con sus correcciones y tachaduras. Artículos hechos a mano, en folios a veces casi ininteligibles. Mérito por tanto para quienes tenían que convertir aquellos garabatos en letras de plomo, aunque las erratas estuviesen a la orden del día, pese a la ardua labor del corrector, Antonio de Conca, que miraba los textos con lupa y pulcritud”.

Federico Muelas en 1973/Carlos Albendea.

Textos recuperados, que han conformado dos volúmenes. Fue todo un acierto que todos los artículos publicados por Federico Muelas en “Ofensiva” y “Diario de Cuenca”, en sus secciones “Mi alma en mi almena”, “Moliendo y amolando”, “Aire y firmeza” y “Cartas sobre la mesa”, fuesen recogidos en dos libros, bajo el genérico y explicativo título de “El articulista de periódicos. Cuenca, realidad y fantasía en la visión de Federico Muelas. El primero abarca desde 1942 a 1962 y el segundo desde 1962 hasta 1974, el año de su muerte. Editados por la Diputación Provincial, el autor de la compilación de estos artículos y de su corrección y presentación fue el fecundo periodista y escritor, José Luis Muñoz Ramírez, que ha hizo una gran labor de recopilación para hacer más inteligibles los textos adivinando las erratas o el baile de renglones, que también eran frecuentes, al ser líneas de plomo.

El poeta solía enviar sus artículos por correo desde Madrid. Cuando venía por Cuenca pasaba por la Redacción, que estaba en el primer piso de la calle Aguirre, al lado de San Esteban, cuya iglesia se encontraba en obras, pues la de San Francisco se había derribado años antes, ante el enfado de Federico. “Mi primera entrevista personal con Federico Muelas –apunta José Vicente Ávila– se produjo en Madrid, en su casa-botica de la calle Gravina, 13. Aún conservo su tarjeta de visita y sigo los sabios consejos que me dio. Era el año 1972 y debido al servicio militar que cumplía yo en el Servicio Geográfico, mantuve durante esa etapa una sección semanal en “Diario de Cuenca” que se titulaba “De Cibeles a Carretería”. Naturalmente, Federico Muelas me facilitó algunas de las noticias relacionadas con Cuenca que enviaba yo desde Madrid, también por correo”.

Foto Josevi

En el último año de vida de Federico éste se prodigó aún más como paladín de Cuenca o cronista oficial de la ciudad. Uno de los últimos artículos que escribió Federico Muelas, aparte de una polémica con María Luisa Vallejo, se titulaba “En Castilla volverá a haber un Castillo”. Se publicó en “Diario de Cuenca” el 12 de junio de 1974, y trataba del Castillo de Cuenca, que se iba a convertir en Parador de Turismo. (En la actualidad es Archivo Histórico Provincial, lo que también hubiese alegrado a Muelas). Escribía: Parecerá extraño que de manera telepática me haya llegado una importante noticia en relación con el futuro Parador Nacional de Cuenca. Pero así ha sido. Yo tengo una caracola fósil encontrada en los estratos de un rincón conquense que sustituye con ventaja al pajarito de la dicción metafórica y me tiene al corriente de las cosas que por Cuenca atañen. Escuchando la llamada de este artilugio mágico, me he enterado de que ocho docenas de millones de pesetas están ya prestos para empezar la tarea que convertirá el antiguo Castillo de los Hurtado de Mendoza, desde tanto tiempo utilizado para menesteres poco simpáticos, en uno de los albergues más bellos del país”.

Cabeceras de los artículos de Federico Muelas en “Ofensiva-Diario de Cuenca”

Si hoy levantase la cabeza estaría satisfecho de ver el Parador en San Pablo y el Castillo convertido en archivo, donde habrá “cosas de Federico” como él solía decir. El cronista de Cuenca escribía aquel artículo de junio de 1974 en su sección “Mi alma en mi almena”, lanzando las campanas al vuelo, gozoso de aquella noticia de que en el Castillo, que había sido sede de la Inquisición y cárcel, se proyectaba convertirlo en Parador de Turismo. Incluso el proyecto lo hizo el arquitecto “de cepa conquense” Julio Cano Lasso. Federico Muelas falleció cinco meses después y el Parador no sería realidad hasta veinte años después, pero en el Convento de San Pablo.

En este más de medio siglo de su muerte, Cuenca no ha olvidado a Federico Muelas, su poeta e hijo predilecto. Por ejemplo, en el año 2010 se celebró con diversos actos de recuerdo y una exposición, el Centenario de su nacimiento, de quien todos dábamos por hecho que había nacido en 1910. Sin embargo, el investigador Israel José Pérez Calleja, enamorado de la obra de Federico, dio a conocer que tal nacimiento fue un año antes, es decir, el 7 de octubre de 1909, como bien quedó reflejado en un amplio reportaje publicado en “El Día de Cuenca” el 25 de noviembre de 2009, aportando un documento tan veraz como la partida de nacimiento. “Yo tengo el periódico de la boda de los padres de Federico Muelas, en diciembre de 1908”, apunta Ávila.

Federico Muelas y Astrana Marín

Federico Muelas falleció a los 65 años, dejando muchos temas en el tintero para seguir luchando por Cuenca. El poeta se hubiera prodigado en libros y artículos en relación con su tierra. Sin embargo, no se puede olvidar que Muelas fue Premio Nacional de guiones cinematográficos en 1961 y Premio Nacional de Poesía en 1964. Fue redactor de Radio Nacional de España y trabajó en Información y Turismo. Tanto en la radio como en el Ministerio hizo mucho por Cuenca para que fuese conocida.

Sus pregones de Semana Santa en Radio Nacional en la década de los 40 y 50, luego en la propia ciudad hasta completar diez pregones nazarenos, uno de ellos poético, que es toda una joya del sentimiento pasional conquense. El atrajo a Cuenca en la década de los 40 hasta los 60 a escritores, poetas, pintores, músicos, y su pasión por Cuenca la trasladó a la prensa nacional, al No-Do con reportajes de la Semana Santa o la propia ciudad, “alzada en limpia sinrazón altiva”. De su quehacer y de lo que decían de él, una vez fallecido, la revista “Cuenca” editó un número monográfico, que es una pequeña antología de su inmensa obra.

DOS ENTERRAMIENTOS

La noticia de la muerte de Federico de Cuenca conmocionó a la ciudad. Fue un duro golpe, aunque su enfermedad, que ya la había superado un año antes, invitaba a la resignación. Federico Muelas y Pérez de Santa Coloma falleció el 25 de noviembre de 1974 en Madrid, siendo trasladado a Cuenca el día 26. Un mes antes había fallecido el obispo Inocencio, a quien Federico había dedicado algunos artículos de elogio. El funeral se celebró en la Catedral, oficiado por el cura y poeta Carlos de la Rica, y otros sacerdotes y canónigos. No estuvo el obispo Guerra Campos, de quien Federico apenas había citado su nombre en alguna ocasión en sus artículos, cosa curiosa por cierto. Asistieron diversas personalidades de la cultura, a nivel nacional, entre ellos el poeta Gerardo Diego. Federico Muelas fue enterrado en un nicho del Cementerio “Santísimo Cristo del Perdón” y no faltaron en los días siguientes los homenajes, la nominación de una calle y el acuerdo de publicar sus obras, encargo que recibió Carlos de la Rica.

Exhumación de los restos de Federico Muelas en 1980/Pinós

Sin embargo, todo el mundo conoce que Federico Muelas está enterrado en San Isidro, en el Cementerio de Personalidades Conquenses. A Federico le encantaba pasear por el Camino de San Isidro, contemplando la Hoz del Júcar y sus chopos nazarenos de la orilla como oros otoñales encendidos, según solía escribir. Una vez que se cumplieron los cinco años reglamentarios para exhumar un cadáver, su viuda Consolación Jiménez, solicitó a la Hermandad de San Isidro Labrador (Vulgo de Arriba), que los restos fueran trasladados al cementerio de tan pintoresco lugar, para lo cual se contó con la colaboración del Ayuntamiento y del periódico “Diario de Cuenca”. La Hermandad isidril celebró una reunión extraordinaria el día 3 de marzo de 1980 para estudiar y aprobar “la construcción de un panteón frente a la sala de juntas o al final de la misma”, como así sucedió, corriendo con los gastos los peticionarios.

Corona poética en el entierro de Muelas en San Isidro/Pinós

Seis años después de su muerte, el féretro con los restos del ilustre hijo adoptivo de Cuenca fueron trasladados desde el camposanto del Perdón a la ermita de San Isidro, en la fecha del sexto aniversario, el 25 de noviembre de 1980. La caja mortuoria fue sacada del nicho y trasladada en la furgoneta de reparto de “Diario de Cuenca”. “Recuerdo que en la furgoneta de verde color, en mañana de niebla cerrada que dejaba un halo de misterio entre las hileras de los cipreses y los pabellones de nichos y fosas de cruces, los restos mortales fueron trasladados hasta la tumba construida en San Isidro, frente a la Hoz”, apunta José Vicente Ávila.

Foto Josevi

Tras el oportuno oficio responsorio realizado por el cura-poeta Carlos de la Rica, los restos de Federico de Cuenca fueron inhumados y allí mismo se celebró una “corona poética” en la que además de Carlos de la Rica intervinieron Clementino Sanz y Díaz, José Luis Lucas Aledón y Enrique Domínguez Millán, con presencia de autoridades, familiares y amigos. Así se ponía en marcha el Cementerio de Personalidades Conquenses, en la zona ajardinada del paraje isidril. Al enterramiento de Federico siguieron los de Fernando Zóbel en 1984; Luis Marco Pérez en 1985; Bonifacio Alfonso y Florencio Martínez en 2013 y Miguel Zapata en 2014.

DOS LUGARES PARA LA ESTATUA

Dos enterramientos para Federico, y también dos lugares para la estatua en bronce que hizo el escultor Javier Barrios. Federico Muelas tuvo dos enterramientos y también su estatua fue movida de su lugar inicial. Se inauguró el 25 de noviembre de 1984, en la plazoleta-jardín de Cecilio Albendea, y ya desde el primer día se comentó que no era el lugar adecuado. Pocos años después, y tras algunas gamberradas con la estatua, sobre todo con la rotura de las gafas, la efigie en bronce fue trasladada a las ruinas bien conservadas de la antigua iglesia de San Pantaleón, donde desde su emplazamiento, la imagen de Federico parece observar la vida de la ciudad, mirando a la calle de San Pedro, sobre todo el Martes y Miércoles Santo con el descenso de los pasos de la iglesia de San Pedro. Ese día cobra vida el verso de “Sois vosotros, hortelanos de la ribera, diez apellidos, veinte familias apenas….”

Estatua de Federico Muelas/Néstor Robaina

El 13 de enero de 1992 el Ayuntamiento de Cuenca decidió cambiar el nombre de Travesía de San Juan por calle “Federico Muelas”, arrancando desde la Puerta de San Juan en escalinatas hasta la plazoleta de Santo Domingo.

Su Soneto a Cuenca, modelado en un libro de piedra delante de la Casa de Cultura, es todo un reflejo poético del amor de Federico a la ciudad que le vio nacer.

Alzada en limpia sinrazón altiva

–pedestal de crepúsculos soñados–,

¿subes orgullos? ¿Bajas derrocados

sueños de un dios en celestial deriva?

¡Oh, tantálico esfuerzo en piedra viva! /

¡Oh, aventura de cielos despeñados!

Cuenca, en volandas de celestes prados,

de peldaño en peldaño fugitiva.

Gallarda entraña de cristal que azores

en piedra guardan, mientras plisa el viento

de tu chopo el audaz escalofrío.

¡Cuenca, cristalizada en mis amores!

Hilván dorado al aire del lamento.

Cuenca, cierta y soñada, en cielo y río”.

Artículo realizado gracias a la inestimable colaboración de José Vicente Ávila

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