Desde un pueblo de Cuenca hasta la élite: la mente analítica detrás de un gran equipo de la ACB en Valencia

Formado en Física, Rafael Jiménez aplica la ciencia de los datos al baloncesto profesional para transformar estadísticas en estrategia y esfuerzo en victorias

Hay quienes ven un partido de baloncesto solo como puntos, rebotes y asistencias. Para muchos, la emoción se mide en canastas y victorias lo que se traduce en la efusividad del espectador medio pendiente de si su equipo gana o pierde. Pero detrás del marcador hay un mundo invisible: decisiones que se toman antes de que el balón toque el aro, patrones que determinan cada movimiento, probabilidades que pueden inclinar un partido de un lado a otro. Ese mundo, a simple vista intangible, es donde la ciencia y los números cobran sentido.

En la era del deporte profesional, ya no basta con tener fuerza o velocidad. Los equipos de élite buscan cada ventaja posible, cada mínimo detalle que pueda traducirse en rendimiento. Analizar a un rival, anticipar movimientos, detectar oportunidades donde otros solo ven estadísticas simples… todo eso depende de alguien capaz de leer lo que está detrás de los números.

Y es aquí donde la historia se vuelve más fascinante. Porque no todos los que dominan esta ciencia de la cancha provienen de grandes ciudades o de centros deportivos consolidados. En entornos humildes, es donde surgen mentes capaces de combinar pasión, curiosidad y talento para descifrar lo que el deporte esconde bajo la superficie.

Es en ese cruce entre lo rural y lo analítico donde surge el perfil de quienes, sin haberlo planeado desde pequeños, terminan cambiando la manera de entender un juego. Personas que transforman la intuición en evidencia, y la experiencia en números. Personas que, sin estar en el centro de la pista, determinan cómo se juega y cómo se gana.

En medio de ese mundo complejo y fascinante, aparece alguien que ha logrado unir ambos mundos: la sencillez de los espacios abiertos de su infancia y la sofisticación de los datos profesionales. Y aunque su nombre no siempre aparece en los titulares, su trabajo define muchas de las victorias de uno de los equipos más competitivos de la ACB, Valencia Basket.

De Henarejos a la élite

En un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca llamado Henarejos, pocas cosas parecen anunciar que alguien podría llegar a trabajar en el baloncesto profesional al más alto nivel. Sin embargo, la historia de Rafael Jiménez es prueba de que la combinación de pasión, formación y curiosidad puede llevarte mucho más lejos de lo que uno podría imaginar.

Él creció rodeado de la tranquilidad de un entorno rural, donde los deportes colectivos apenas competían con los juegos al aire libre. “En mi familia no había tradición de baloncesto ni de deporte profesional. Yo fui el primero en empezar a jugar, porque me gustaba. El fútbol no me llamaba la atención, así que me enganché al baloncesto desde niño”, recuerda. No era especialmente alto, ni el más fuerte, pero sí curioso y perseverante, dos cualidades que definirían toda su trayectoria.

Foto: Cedida

De la Física a la pizarra

Su interés por los números y la física se fue entrelazando con su pasión por el baloncesto. Estudió Física, siempre fascinado por los patrones, las probabilidades y la forma de cuantificar fenómenos complejos. “Desde pequeño me gustaban los números y el deporte” por lo que elegir el camino del análisis de datos para baloncesto fue algo “natural”, comenta en una entrevista con El Digital de Cuenca.

Fue esta visión la que lo llevó a interesarse por lo que hoy se conoce como estadística avanzada, una metodología que va más allá del simple boxscore de puntos, rebotes y asistencias y que permite analizar la eficiencia real de un jugador o equipo de manera más profunda.

El primer contacto de Rafael con el análisis avanzado llegó durante sus años como entrenador de equipos de base en Valencia. Empezó en clubes pequeños, entrenando a niños, aplicando poco a poco métodos de análisis que le permitían identificar tendencias que la estadística tradicional no mostraba. “Se trata de relativizar los datos, los puntos por posesión y definir de esta forma las eficiencias de los equipos. Para mí, era sencillo entre comillas porque en la carrera había visto algo similar”, explica.

También confiesa que parte de su interés por la analítica deportiva surgió de su curiosidad natural y su afición por la ciencia. “Soy muy aficionado a escuchar podcasts de ciencia”, cuenta, y menciona en particular Coffee Break: Señal y Ruido, donde el presentador, también apasionado por el baloncesto, explicó cómo había desarrollado un programa capaz de predecir si un equipo ganaría un partido de la NBA.

No era un proyecto profesional, sino más bien algo prototipo como lo define Rafael. Sin embargo, ese cruce entre inteligencia artificial, deporte y matemáticas le hizo ver el potencial de unir sus pasiones: desde ese momento empezó a tomarse en serio la idea de aplicar métodos cuantitativos al análisis del juego, buscando no solo entender lo que ocurría en la cancha, sino explorar cómo la ciencia podía mejorar decisiones y estrategias dentro del baloncesto.

Su talento y curiosidad pronto llamaron la atención en niveles más altos. Rafael empezó a colaborar con equipos profesionales, sin dejar de lado su formación académica. A lo largo de los años, fue escalando hasta formar parte del staff técnico de un equipo de la ACB en la actualidad, donde su papel como analista de datos se convirtió en fundamental. “Mi trabajo consiste en mantener informado al cuerpo técnico sobre nuestro equipo y nuestros rivales”, apunta.

En su haber tiene una trayectoria de 20 años como entrenador y está en su tercer año dentro del staff técnico de este equipo de máximo nivel.

El día a día de un analista en la élite del baloncesto es exigente y meticuloso. Jiménez analiza partidos, prepara informes del rival, estudia tendencias de tiro, rebote, pérdidas y asistencias, y traduce estos datos a información útil para los entrenadores y jugadores. “El dato no decide un partido, pero sí que ayuda a definir cómo tú quieres jugar los partidos. Por ejemplo, si nos interesa un estilo rápido saber cuándo realizamos el tiro digo que no sea muy tarde es importante para nosotros ya que ese tiro es más eficiente dentro de nuestra idea de juego’. El dato nos ayuda a saber donde estamos y si hay que corregir, pero el estilo lo tienes que definir”, señala.

Además, Rafael aporta otra dimensión a su rol: la ingeniería y la analítica avanzada. Su experiencia como físico y en su propia empresa de calibración le ha permitido desarrollar métodos automatizados para analizar grandes volúmenes de datos, desde estadísticas tradicionales hasta eventos minuto a minuto de cada acción en un partido. Esto proporciona una riqueza de información que hasta hace pocos años era impensable en el baloncesto profesional español.

“Ahora analizamos cada acción: un pase, una pérdida, un tiro. Y estamos avanzando hacia el tracking, donde se posiciona cada jugador y el balón, entonces de ahí se pueden sacar datos más generales”, explica Rafael. Esta capacidad de transformar información en conocimiento táctico es cada vez más valorada en la élite del baloncesto europeo y su influencia sobre el rendimiento de los equipos es creciente.

Cuatro factores para ganar

Asimismo destaca especialmente los llamados “cuatro factores de la victoria”, un concepto desarrollado por el experto Dean Oliver: eficiencia en el tiro, porcentaje de rebote ofensivo, porcentaje de pérdidas y porcentaje de tiros libres. Cada uno de estos factores permite evaluar con mayor precisión la influencia de un jugador o equipo en el partido.

Por ejemplo, el rebote ofensivo no se contabiliza solo por la cantidad de rebotes que un jugador captura, sino en proporción a las oportunidades disponibles; de nada sirve coger cinco rebotes si había 25 posibilidades, mientras que cuatro rebotes de seis posibles representan un impacto mucho mayor.

Para Rafael, este indicador es crucial porque no solo genera segundas oportunidades de tiro, sino que limita al rival y refleja la capacidad de esfuerzo y constancia del equipo. “Un equipo que tenga buena capacidad de rebote ofensivo tiene mucho ganado porque te proporciona dobles otras opciones de tiro y al final tienes más opciones de anotar porque coges más rebotes y consigues más tiros”, explica, destacando que la estadística no mide solo la calidad de un jugador, sino también su compromiso en la cancha resaltando que es una “métrica de esfuerzo”.

Como ejemplo, menciona a Dennis Rodman, ala-pívot que destacó por formar parte de la mejor generación de los Chicago Bulls en la NBA y cuya energía y dedicación en el rebote lo convertían en un jugador valioso para Michael Jordan, incluso cuando sus números de anotación eran modestos: el esfuerzo y la inteligencia táctica, medidos a través de datos, marcan la diferencia.

A pesar de su éxito y su trabajo en Valencia, Rafael mantiene un fuerte vínculo con su tierra natal. “Siempre que puedo voy a Henarejos. Me siento orgulloso de representar a mi pueblo. Que alguien de un lugar tan pequeño pueda estar en uno de los mejores equipos de europa”, afirma. Incluso ha colaborado con clubes de la región, llevando su conocimiento a jugadores y entrenadores locales, demostrando que la ciencia aplicada al deporte no tiene fronteras.

Rafael también se dedica a la formación, compartiendo sus conocimientos con entrenadores y analistas que buscan profundizar en la estadística avanzada y la analítica de datos. Cree firmemente que esta área está en pleno crecimiento y que, en pocos años, será imprescindible en los staff de cualquier equipo profesional. “No es una figura imprescindible hoy, pero sí necesaria, y la tendencia es que cada vez haya más especialistas en análisis de datos dentro del deporte”, asegura.

Su mirada está puesta en el futuro, en seguir innovando y perfeccionando la manera de interpretar el juego a través de los datos. “Mi próximo objetivo es profundizar en el análisis de tracking porque hay muchos eventos y datos que suceden en un partido y no hay una forma actualmente de analizarlo” por lo que entiende que “hay que emplear más estadísticas, más métodos matemáticos y utilizar más modelos predictivos” comenta.

La historia de Rafael es la historia de la perseverancia, la curiosidad y la pasión combinadas con la ciencia. Es el relato de un conquense que, desde un pequeño pueblo, ha logrado no solo llegar a la élite del baloncesto profesional, sino también transformar la manera en que se entiende y se analiza el deporte. En un mundo donde los datos y la estrategia son cada vez más decisivos, él es un ejemplo vivo de que la formación, la pasión y la innovación pueden cambiar el juego.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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