La localidad conquense de Priego, puerta de la Serranía desde la Alcarria, es un lugar donde el tiempo parece detenerse entre el rumor del río Escabas y las calles que conservan la esencia de los pueblos castellanos. Entre sus casas de piedra y su paisaje de valle y montaña late una tradición que ha modelado generaciones: la alfarería.
Allí nació y trabaja Jesús Parra Luna, heredero de una familia que ha hecho del barro su forma de vida. En su taller–tienda, el torno no se detiene: modela, decora y da forma a piezas que combinan la utilidad y la belleza, fieles a los motivos tradicionales de la alfarería pricense. Su trabajo lo ha convertido en uno de los principales guardianes de este patrimonio inmaterial que identifica a la localidad.

Lejos de quedarse en la tradición, Parra ha sabido proyectar su oficio hacia nuevos horizontes. Ha colaborado con diseñadores y creativos en eventos de ámbito nacional como Casa Decor o Marbella Design & Art, donde el arte popular de Priego ha dialogado con el diseño contemporáneo. Además, abre las puertas de su alfar a visitantes y grupos que desean conocer el proceso de la cerámica, ofreciendo talleres prácticos que convierten la visita en una experiencia viva, donde el turismo y la artesanía se dan la mano.
Con una trayectoria de más de cuatro décadas, Jesús Parra encarna la serenidad, el esfuerzo y la sensibilidad que definen a los grandes maestros del barro. Su historia es la de un oficio que resiste al paso del tiempo y sigue encontrando en cada pieza una forma de expresar el alma de un pueblo.
«Nacer en una familia cuyo medio de vida es el barro te marca desde niño»
Jesús, nacer en una familia con tanta historia alfarera debe marcar desde niño. ¿Recuerda sus primeros contactos con el torno y el barro?
Claro que marca. Nacer en una familia cuyo medio de vida es el barro —mi padre alfarero «Parra» y mi madre tejera «Luna»— te lo imprime en la piel.
Los primeros contactos con la arcilla son como un juego, que con el paso del tiempo se convierten en tareas rutinarias: pegar pitorros, bocas, asas…
Recuerdo el olor del barro húmedo al entrar en el taller de mi padre y cómo me quedaba mirando el torno girar. Me fascinaba ver cómo de un pedazo informe de tierra salía una jarra perfecta. Ahí supe que eso era lo que quería hacer toda mi vida.

¿Qué le llevó, con apenas 19 años, a unirse al taller familiar? ¿Fue vocación o una forma natural de continuar el legado?
Lo tenía muy claro desde niño: era mi pasión, con la que quería ganarme la vida.
La figura de su abuelo y su padre fue clave en su aprendizaje. ¿Qué le enseñaron que aún hoy mantiene como norma sagrada?
A mi abuelo no llegué a conocerlo como alfarero. De mi padre recuerdo el respeto hacia el oficio, con el que podías ser feliz a lo largo de la vida y, sobre todo, libre.
«En este oficio nunca se deja de aprender»
Hace ya 35 años que decidió abrir su propio taller. ¿Cómo fue ese paso de aprendiz a maestro? ¿Qué retos encontró en los primeros años?
Hace 40 años que soy autónomo. En este oficio nunca se deja de aprender ni de tener inquietudes nuevas.
Los retos de entonces eran los mismos que hoy: poder vivir del oficio, pero de una manera digna.
Priego es un lugar con una tradición alfarera muy marcada. ¿Qué tiene esta tierra —sus arcillas blancas, rojas y pardas— que la hace tan especial?
Para Priego, la alfarería fue durante mucho tiempo su principal motor económico, y eso deja huella en un pueblo.
Las arcillas de su término son especiales y de difícil extracción. Esa dificultad les daba valor. Las piezas eran de poco grosor para economizar arcilla, de ahí el dicho: «La alfarería de Priego es de alfareros finos».

Sus piezas combinan la utilidad con la decoración. ¿Dónde encuentra el equilibrio entre la tradición y la innovación?
Es un equilibrio que debemos cuidar. La innovación te da satisfacción y es necesaria, pero siempre partiendo de esas raíces que son el alma y el sentido de la alfarería de Priego.
«El barro representa el viaje de la vida»
El oficio del alfarero implica paciencia, silencio y conexión con la tierra. ¿Qué le enseña cada día el barro sobre la vida?
Hacer una vasija en el torno representa el viaje de la vida. A partir del agua, la tierra y el aire, moldeas con paciencia y delicadeza, pasas por etapas de fragilidad y dificultad, y buscas el equilibrio. Al final, todo ese trabajo se somete al juicio del fuego.
Cuando ve una pieza terminada, después de tantas horas de trabajo, ¿qué siente?
Siento la misma emoción que el primer día. Ver cómo algo que empezó siendo barro se convierte en una pieza útil y bella te llena de satisfacción. Cada vasija tiene algo de ti, de tu tiempo y de tus manos.
En los últimos años ha ampliado su clientela gracias al boca a boca, su web y las visitas guiadas al taller. ¿Cómo ha cambiado la forma de vender artesanía en la era digital?
La digitalización es una herramienta necesaria, una oportunidad que no podemos dejar pasar. Es el mundo que nos ha tocado vivir, y la artesanía forma parte de él.
También cuenta con una tienda en Cuenca capital. ¿Qué supone tener presencia en la ciudad para llegar a un público más amplio?
Cuenca capital es un foco muy importante de atracción turística. Ese turismo rara vez sale de la ciudad, y por eso los alfareros de Priego hemos traído nuestras piezas a la capital o incluso trasladado nuestros talleres allí.
«La pasión se mantiene viva mientras dé satisfacciones que alegren el alma»
Sus talleres permiten ver el proceso en directo. ¿Qué respuesta suele tener del público? ¿Cree que esa experiencia ayuda a valorar más la artesanía?
El cliente valora mucho poder ver el proceso de fabricación en directo y tener la oportunidad de crear su propia vasija. Eso da un valor añadido a la artesanía.
Ha participado en distintas ferias, aunque no es su prioridad. ¿Por qué ha preferido centrarse en su taller y en la venta directa?
En la artesanía los márgenes no son grandes. Vender tu obra en tu propio taller siempre permite más rendimiento, evitando los costes de ferias, casetas o desplazamientos.

Lleva toda una vida trabajando el barro. ¿Cómo se mantiene viva la pasión después de tantos años?
La pasión se mantiene viva mientras te dé satisfacciones que alegren el alma.
Después de tantos años al frente del torno, ¿qué cree que le ha enseñado este oficio sobre usted mismo?
Me ha enseñado paciencia, humildad y a valorar las cosas hechas despacio. El barro te devuelve lo que le das: si vas con prisas, se rompe; si lo trabajas con calma, te responde. Creo que eso también sirve para la vida.
En un mundo donde todo parece industrializado y rápido, ¿qué papel tiene hoy la artesanía?
La artesanía no puede competir con lo industrial, pero sí puede darle a la vida ese toque de placer y satisfacción que también es necesario para vivir.
«Ser Maestro Artesano es un homenaje a todos los alfareros de Priego»
Fue reconocido como Maestro Artesano en 2023. ¿Qué significado tiene para usted ese título?
Para mí representa un honor. Más que un reconocimiento personal, lo considero un homenaje a todos los alfareros de Priego que han mantenido viva una tradición que forma parte de nuestra identidad. Me siento orgulloso de formar parte de este colectivo.
¿Ha pensado en quién tomará el relevo del torno cuando usted decida parar?
En mi familia no hay nadie que quiera continuar con el oficio, por lo que el relevo será difícil.
¿Ve en las nuevas generaciones un interés real por aprender el oficio o teme que la tradición se pierda con el tiempo?
Las nuevas generaciones sienten curiosidad por el torno, las formas y los esmaltes, pero vivir de ello ya es más complicado.
Por último, ¿qué le gustaría que sintiera alguien al tener entre las manos una de sus piezas?
«Que sienta que tiene entre sus manos un pedacito de Priego, una pieza creada por un alfarero que ha puesto en ella todo su corazón y sus sentimientos».
