El monumento de Cuenca que visitan más de 100.000 personas al año: una joya con ocho siglos de historia

Una mezcla de estilos y épocas que narran la evolución de una ciudad y de un país

Cuenca es una ciudad que nunca deja de sorprender. Quien la visita por primera vez queda maravillado por sus Casas Colgadas, su entramado de callejuelas empedradas y las impresionantes vistas que regala la hoz del Huécar. Pero más allá de sus miradores y su encanto medieval, la capital guarda un tesoro monumental que se ha convertido en uno de los grandes referentes del patrimonio histórico y artístico de Castilla-La Mancha.

Ese tesoro no es otro que la Catedral de Santa María y San Julián, más conocida simplemente como la Catedral de Cuenca, uno de los monumentos más visitados de toda la provincia. Solo en 2023 recibió cerca de 140.000 visitantes, una cifra que la consolida como uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.

Un templo con alma gótica

La historia de la catedral se remonta al reinado de Alfonso VIII, quien ordenó su construcción en 1196, poco después de la reconquista de Cuenca en 1177. Se levantó sobre una antigua mezquita situada en el centro de la villa y fue impulsada por la influencia de Doña Leonor de Inglaterra, esposa del monarca, que trajo a Castilla el nuevo estilo gótico francés. De hecho, junto con la catedral de Ávila, fue la primera iglesia gótica construida en el reino castellano.

Catedral de Cuenca / Néstor Robaina

El templo fue consagrado inicialmente por San Julián, segundo obispo de Cuenca, y más tarde, en 1208, por el obispo Rodrigo Ximénez de Rada bajo la advocación de Santa María. Su construcción se extendió durante más de seis décadas, concluyendo una primera etapa en 1257, aunque el edificio ha seguido evolucionando a lo largo de los siglos.

Una evolución artística

Durante la etapa gótica, se edificó primero la cabecera con sus cinco ábsides escalonados y el crucero, y después las tres naves principales, cubiertas con bóvedas de crucería sexpartitas y un espectacular triforio, considerado único en España. En el siglo XV, se amplió la cabecera para incorporar una doble girola, y en el siglo XVI, el exterior se transformó gracias a la intervención del arquitecto renacentista Juan de Herrera.

El siglo XVII vio nacer la capilla del Sagrario, y en el XVIII la catedral se vistió de barroco, con una fachada renovada, un nuevo altar mayor esculpido por Pasquale Bocciardo, y el célebre Transparente de Ventura Rodríguez, situado en uno de los deambulatorios góticos.

Ya en el siglo XX, tras el derrumbe en 1902 de la torre del Giraldo, la fachada fue reconstruida en estilo neogótico, recuperando la esencia del templo original. Además, se incorporaron vidrieras abstractas de inspiración alemana y se restauró el claustro renacentista, devolviendo al conjunto su esplendor.

Catedral de Cuenca

Un símbolo vivo de Cuenca

Hoy, la Catedral de Cuenca se alza majestuosa con sus 120 metros de longitud, 36 metros de altura en la nave central y una superficie de 10.000 metros cuadrados. De planta de cruz latina, sus tres naves, la gran bóveda del crucero y la Torre del Ángel conforman una silueta inconfundible. Su fachada principal, de piedra clara y aire romántico, mira hacia la Plaza Mayor, elevándose sobre unas escalinatas que refuerzan su carácter monumental.

Visitar la catedral es viajar por más de ocho siglos de historia. Es sentir la mezcla de estilos y épocas que narran la evolución de una ciudad y de un país. Por eso, no sorprende que más de 100.000 personas al año crucen sus puertas.

María López

Graduada en Periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha. He pasado por Cadena SER, Castilla-La Mancha Media y El Español.
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