Camposantos de Cuenca: entre cipreses, historia y memoria

De la hoz del Júcar al barrio de Tiradores Bajos, los cementerios conquenses guardan historias, arte y recuerdos que hablan del alma de la ciudad.

Cuenca también se lee entre sus cementerios. Desde la ermita de San Isidro, con sus vistas a la hoz del Júcar y tumbas de artistas y poetas ilustres, hasta el amplio cementerio municipal del Cristo del Perdón, que guarda la memoria de la ciudad desde 1899, pasando por el desaparecido cementerio de Tiradores Bajos, los camposantos conquenses son testigos silenciosos de la historia, la fe y la tradición local. Una invitación a recorrerlos y descubrir la Cuenca que sigue viva, incluso en el silencio.

Cuenca no solo se alza sobre sus hoces. También reposa en ellas. Entre cipreses, piedra y silencio, la ciudad guarda su historia más íntima: la de quienes la habitaron y siguen formando parte de su memoria. En lo alto o a las afueras, sus cementerios son pequeños museos al aire libre donde el tiempo se detiene y la belleza se mezcla con el recogimiento.

El cementerio de San Isidro, arte y eternidad sobre la hoz del Júcar

Desde la puerta del Castillo, tomando el camino de la izquierda, se llega hasta la ermita de San Isidro Labrador, un lugar privilegiado que asoma a la hoz del Júcar con una de las panorámicas más hermosas de la ciudad. Allí se encuentra el pequeño cementerio perteneciente a la Hermandad de San Isidro «de Arriba», un recinto singular donde se asientan tres camposantos en un mismo terreno sagrado.

Su construcción comenzó en 1729 y finalizó diez años después gracias a la donación de 700 ducados del provisor episcopal Isidro Bustamante, quien sufragó también los ornamentos de la ermita. Fue consagrado el 28 de octubre de 1739 por el obispo José Flores Osorio.

El cementerio, de dimensiones modestas, acoge los restos de algunos de los nombres más ilustres del arte y la cultura conquense: Fernando Zóbel y Antonio Saura, dos pilares del arte contemporáneo español; el imaginero Luis Marco Pérez, padre artístico de la Semana Santa tras la guerra civil; y el poeta Federico Muelas, Premio Nacional de Literatura en 1964.

Foto de archivo: Cementerio de Cuenca/Néstor Robaina

En este mismo lugar reposan también los canónigos del Cabildo de la Catedral y los hermanos de la Hermandad de San Isidro. Aquí se conservan, además, las célebres momias halladas en la iglesia de Santa Cruz, uno de los misterios más comentados de Cuenca, retiradas definitivamente de la exposición pública en 1987 por orden del Obispado.

San Isidro es, quizá, el cementerio más lírico de Cuenca: un balcón a la eternidad desde el que la ciudad parece contemplarse a sí misma.

El cementerio del Cristo del Perdón, la memoria de toda una ciudad

A las afueras de la ciudad, el cementerio municipal del Santísimo Cristo del Perdón fue inaugurado el 29 de mayo de 1899 con la consagración a cargo del obispo Pelayo González Conde. Con su apertura, Cuenca ponía fin a los pequeños cementerios parroquiales dispersos y contaba por fin con un recinto amplio y ordenado.

El cementerio, de planta cuadrangular, se inauguró oficialmente el 1 de julio de aquel año, y su primera inhumación fue la de un anciano del Asilo de las Hermanitas de los Pobres. El acceso, bajo un arco ornamentado, luce un portón de forja con el nombre del cementerio grabado en su parte superior: Santísimo Cristo del Perdón.

En la zona más antigua, identificada con la letra A, aún pueden verse sepulturas de finales del siglo XIX, talladas en piedra y cargadas de simbolismo: cruces, ángeles, corderos y figuras dolientes. El recinto ha sido ampliado en dos ocasiones, y hoy combina panteones, losas de granito y agrupaciones de nichos de distintas épocas. Destacan dos tumbas decoradas con esculturas del gran imaginero conquense don Luis Marco Pérez, así como el panteón central de una familia de tradición militar.

En uno de sus laterales, una placa conmemorativa recuerda a los represaliados, en un espacio de respeto y silencio que mantiene viva la memoria de los caídos.

El pequeño cementerio de Tiradores Bajos

Las crónicas locales mencionan que Cuenca contaba con un pequeño cementerio en el barrio de Tiradores Bajos, junto a la ermita del Cristo del Amparo, conocido como el cementerio del Cabildo de Santa Catalina del Monte Sinaí. Este barrio estuvo habitado en otro tiempo por moriscos y, posteriormente, por judíos, tras su expulsión de la zona de Mangana. De este camposanto apenas quedan referencias, y su memoria se conserva principalmente en los documentos históricos y en la tradición oral del barrio.

En estos días de otoño, cuando el aire se vuelve más lento y las hojas alfombran las calles, merece la pena mirar hacia estos lugares donde también late Cuenca.
Porque los cementerios no son solo moradas del silencio: son parte viva de la ciudad, testigos de su historia, guardianes de su alma.

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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