Existe un municipio en el interior de Valencia que, con 815 kilómetros de superficie, es el más grande de toda la Comunidad Valenciana y uno de los más extensos de España. Su tamaño es tal que supera a ciudades como Madrid o Barcelona, y también a varios países europeos.
Se trata de Requena, una localidad que es 1.850 veces más grande que el Vaticano, 417 veces mayor que Mónaco y 13 veces más extensa que San Marino. También supera a Liechtenstein, y duplica a Malta y Andorra.
Pero lo que pocos saben es que este municipio perteneció durante siglos a la provincia de Cuenca. Concretamente, desde el siglo XIII hasta mediados del siglo XIX, cuando pasó a formar parte de Valencia en la reorganización territorial de 1851.
Este cambio se debió principalmente a razones geográficas y comerciales. El río Cabriel actuaba como frontera natural difícil de cruzar, y la comarca tenía una creciente producción de vino que necesitaba salida hacia el mercado europeo a través del puerto de Valencia, mucho más accesible que los de Castilla.
Durante su etapa castellana, el municipio formó parte de la conocida como “Valencia castellana”, y su pasado sigue presente en el acento, las costumbres y la arquitectura del lugar.
Qué ver y hacer
Este gran municipio alberga un interesante casco histórico con calles blasonadas, iglesias góticas, un castillo y una red de cuevas subterráneas. Fue un importante centro productor de seda en el siglo XVIII, y hoy destaca por su vino, en especial el elaborado con la variedad Bobal, y por su embutido tradicional, protagonista de una feria gastronómica en febrero.
Entre sus principales atractivos están recorrer el Barrio de la Villa, visitar la Casa Museo de la Seda, descubrir sus bodegas, comprar embutido con denominación de origen y explorar sus aldeas rurales, que salpican un paisaje agrícola lleno de historia y sabor.
Una escapada perfecta para cualquier época del año, con fiestas populares, buena gastronomía y mucha historia que contar.