El relevo generacional de la farmacia comunitaria, la preocupación del Colegio Oficial de Cuenca

25 de septiembre, Día del Farmacéutico

Entre unas cosas y otras lleva 12 años liderando el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Cuenca. Eso sí, en sus ratos libres, porque Luz Moya regenta una pequeña farmacia comunitaria en el municipio conquense de Carboneras de Guadazaón y va y viene todos los días. Su vocación real es estar en la farmacia, atendiendo y ofreciendo su tiempo a cada conquense que necesita que le expliquen mejor un tratamiento o le repitan las veces que haga falta cuándo tienen que tomarse la medicación. A veces, según constató, el farmacéutico es el único sanitario de referencia en el pueblo. Sin embargo, la necesitan en el Colegio más de lo que le gustaría y por eso ya está pensando en dar el relevo.

Precisamente el relevo generacional es lo que más le preocupa porque siente que la realidad del farmacéutico no está verdaderamente reflejada en la sociedad por los sacrificios que conlleva en una provincia con tanta densidad poblacional como Cuenca, y por las renuncias a nivel de conciliación familiar. Además, trasladó a las administraciones la necesidad de tener mayor libertad en el ejercicio de su profesión, coincidiendo con el día del farmacéutico, el 25 de septiembre.

«Es un día muy importante para la profesión farmacéutica y muy especial, porque conmemoramos el trabajo que realizan todos los farmacéuticos, su dedicación, su compromiso, la formación científica que tienen, y sobre todo la vocación de servicio que les lleva a estar trabajando con los pacientes para recuperar su estado de salud y mejorar su calidad de vida», expuso con tenacidad y convicción.

La mayoría de los farmacéuticos en Cuenca se dedican a la oficina de farmacia, ya que hay 170 boticas en la provincia de Cuenca y 28 en la capital, pero también mencionó la distribución, la industria, la docencia, los análisis, y la investigación desde el origen del medicamento, los ensayos en laboratorio y clínica, hasta que se autoriza por la Agencia Española y se distribuye para la dispensación en farmacias.

El día a día del farmacéutico, aterrizado por la presidenta del COF/ Néstor Robaina

Para ella, el cargo es altruista: «Yo vivo de mi trabajo como farmacéutica comunitaria y estoy contenta, soy una farmacéutica vocacional, cuando vivía en Madrid tardaba la misma media hora o más en llegar y llegaba estresada, aquí me organizo y en el momento en que atravieso la puerta de la farmacia, ¡adiós mundo cruel!, eso lo sabe todo el mundo» (risas).

Inmersa entre sus pacientes les hace la vida más fácil, incluso si hace falta les pone pegatinas con los momentos del día que precisan de medicación o les da la conversación que necesiten, sin lista de espera, sin antesala: «Te cuentan su vida y milagros, pero quieren salir instruidos sobre cómo usar su medicamento y muchas veces llegan agobiados, suelen ser pacientes envejecidos o polimedicados, y necesitas tener vocación de servicio público». Cuando le preguntan si le dan la lata contesta ‘ninguna lata, es mi trabajo y además me gusta hacerlo’.

Lo único que quizá le pesa más es la burocracia que lleva aparejada la venta: cortar el código de barras, pegarlo en el papel con celo, mandar las cajas al Colegio para que se tramiten… «¿Tú te crees que es normal eso? Es la prehistoria, yo allí con el cúter y cortando, estamos totalmente fiscalizados», lamentó. Esto sin contar las veces que hay que volver al Centro de Salud porque no se puede adelantar una medicación aunque se precise con urgencia. «Es otra demanda que tenemos los farmacéuticos, que estamos atadísimos. Parece mentira que a una persona que viene con un antibiótico en comprimidos no podamos dispensarlo en sobres cuando a pie del mostrador me dice ‘yo no me puedo tragar un comprimido de ninguna de las maneras'». Por no hablar de que las ventajas de que el medicamento en España sea «hiperbarato» también acarrea a veces falta de abastecimiento y la falta de inversión en investigación para avanzar en el tratamiento de enfermedades, no solo del cáncer.

Luz Moya, presidenta del COF en Cuenca/ Néstor Robaina

La presidenta del Colegio Oficial quiso incidir en el problema que existe en la actualidad con las guardias de farmacéuticos en los pequeños pueblos, ya que hay medio centenar con una catalogación VEC, es decir, viabilidad económica comprometida. «Son farmacias que no llegan a fin de mes y necesitan ayuda, la existente es insuficiente», sostuvo. Además, no hay farmacéuticos en la bolsa de trabajo que se quieran ir a 60 kilómetros a un pueblo de 300 habitantes. «Esos farmacéuticos, la verdad es que hacen verdaderos sacrificios personales para mantener las farmacias abiertas». Para solucionarlo, propone que la farmacia rural no siempre tenga que estar abierta, ya que las dispensaciones en horario de guardia son casi nulas, y que se aumente el número de «botiquines» atendidos con una periodicidad determinada, estableciendo un ratio de distancia para la movilidad del profesional y compensándolo económicamente. «Hay jóvenes farmacéuticos, pero se dedican a otras salidas, no escogen la farmacia comunitaria porque no quieren el horario que tenemos, fines de semana y guardias», constató.

En definitiva, consideró urgente y necesario que se conozca su realidad para que haya acciones a favor del bienestar laboral de los farmacéuticos, a la vez que agradeció el trabajo del COF como paraguas y sostén de numerosos profesionales en el ejercicio de su labor diaria. Por último, apostó por la formación continua, sobre todo en el ámbito de la salud mental y de los suplementos alimenticios, tan de moda en la actualidad.

Almudena Collado

Redactora de El Digital de Cuenca. Nacida en Cuenca. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación en radio y televisión como Cadena COPE, CMM y profesora de Onda Radio en Universidad Francisco de Vitoria.
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