El fiasco del intercambiador de transporte urbano ha dejado tras de sí un reguero de dinero público malgastado. El Partido Popular ha denunciado que solo en mobiliario y señalética se han tirado a la basura 30.000 euros, a lo que se suman los gastos de una campaña publicitaria para promocionar unas nuevas líneas que hoy ya no existen.
Un intercambiador fantasma
El Ayuntamiento presentó a bombo y platillo el nuevo modelo de transporte urbano, con un intercambiador en la antigua estación como pieza central. Pero apenas unas semanas después, arrinconados por la presión popular, la propia corporación reconoció su fracaso y tuvo que suprimirlo, es decir, recular. Los vecinos se encontraron con paradas mal señalizadas, frecuencias que no se cumplían y una sensación generalizada de caos.
Dinero público sin retorno
Para el PP, este episodio es el mejor ejemplo de cómo se puede dilapidar dinero público sin planificación ni control. “Se han gastado 30.000 euros en elementos que ya no sirven para nada”, denuncian los populares. Ese dinero lo han pagado los conquenses, y nadie asume la responsabilidad.

Rectificaciones tardías
Las protestas vecinales, con recogida de firmas incluidas, obligaron al Ayuntamiento a rectificar. Se han recuperado parte de las líneas antiguas y se han modificado las rutas para atender zonas que quedaron desatendidas, como Villa Román, Fuente del Oro o el acceso al nuevo hospital. Sin embargo, esas correcciones no borran el despilfarro ya consumado ni el desconcierto generado en los usuarios.
Sin responsables políticos
El PP exigirá la creación de una comisión de investigación en el Ayuntamiento para esclarecer qué ocurrió y quién tomó las decisiones que condujeron a este desastre. Los populares reclaman reuniones quincenales y acceso a toda la documentación, desde informes técnicos hasta los contratos con la concesionaria. En cualquier empresa privada, el responsable de un fracaso de esta magnitud habría sido despedido de inmediato. Aquí, en cambio, nadie dimite.
Un modelo fracasado
El caso del intercambiador es ya símbolo de un modelo de gestión basado en la improvisación, la propaganda y la falta de rigor. Lo que debía ser un impulso para modernizar el transporte público ha terminado en un caos ciudadano, una factura económica y un duro golpe a la confianza de los conquenses en su Ayuntamiento.
