La Capilla de los Apóstoles de la Catedral de Cuenca vive un momento clave. Su retablo del siglo XVI, desmontado en 2022 y parcialmente restaurado, se encuentra ahora en la segunda fase de intervención. Los trabajos, dirigidos por el profesor Luis Priego y realizados por alumnos de cuarto curso de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid, buscan recuperar la belleza original de la obra y garantizar su preservación para futuras generaciones.
El retablo se desmontó completamente en octubre de 2022. La primera mitad, desde la base hasta media altura, fue enviada a Madrid para su restauración y regresó en junio de 2024, mientras que la segunda mitad, de la parte media hasta el coronamiento, comenzó a restaurarse en septiembre de 2024. “Siguen restaurándolo para ver si lo podemos tener a finales del curso académico de la escuela de restauración en junio”, explica Miguel Ángel Albares, Capellán Mayor de la Catedral de Cuenca a El Digital de Cuenca.
Los trabajos los realizan alumnos de cuarto curso, ya expertos en restauración, bajo la supervisión de Luis Priego, asesor de la Catedral de Cuenca desde 1995. “Es su primer trabajo grande e importante y se implican como tanto o más que los profesionales de la restauración”, señala el capellán.

La restauración es posible gracias a un convenio entre la Catedral, la Escuela de Conservación y Restauración de Madrid y el patrocinio de Iberdrola, que financia materiales como pigmentos, barnices y pan de oro. La fundación se involucra activamente: participa en desmontajes y montajes y se mezcla con alumnos, docentes y personal de la catedral, creando un ambiente de trabajo familiar.
Aunque ya se ha restaurado la mitad inferior del retablo y luce parcialmente en la Capilla de los Apóstoles, su ausencia se sigue notando. “En 2022, cuando lo desmontamos, la capilla estaba desnuda; ahora, aunque vemos la belleza de lo restaurado, todavía nos falta algo”, reconoce el capellán. Para él, cada fase es un proceso de transformación: “Es como desnudarse para después estar bien vestidos. Cada obrita que tocamos nos acerca a recuperar el antiguo esplendor de la catedral, y eso nos da una satisfacción enorme”.

El retablo, del siglo XVI, destaca por su tabla central dedicada a la resurrección de Cristo, rodeada de los doce apóstoles, y por la predela que representa el entierro de Cristo. La parte superior, que se restaurará en esta segunda fase, mostrará la ascensión al cielo. “Es un retablo muy completo con un mensaje fantástico”, afirma el capellán, quien resalta la riqueza de detalles renacentistas, como dragones, ángeles y pequeños santos, apenas perceptibles antes de la restauración.
Aunque no sea un retablo de culto principal, su restauración es un motivo de orgullo para la catedral y sus visitantes. Cada fase permite redescubrir la belleza original de la obra y enriquece la experiencia turística y cultural. Además, Albares, recuerda que los vecinos de Cuenca disfrutan de entrada gratuita, fomentando el acercamiento al patrimonio local.

Una vez concluida esta fase, el retablo se mostrará completo en la Capilla de los Apóstoles, devolviendo su esplendor a la obra y a la capilla. Para el capellán, la restauración es también un motivo de alegría personal: “Mi sueño es poder ver cada pieza restaurada”, concluye.