Roberto Escribano Langreo se vio atrapado por la riada cuando regresaba de Valencia a Cuenca y logró sobrevivir tras pasar horas aferrado a una mediana en mitad de la autovía.
El 29 de octubre de 2024 una DANA sorprendió a la Comunidad Valenciana y dejó escenas dramáticas en carreteras, pueblos y ciudades. Entre los afectados estuvo Roberto Escribano Langreo, un joven conquense que volvía en coche desde Valencia a Cuenca tras una reunión universitaria. A punto de cumplirse un año de aquel episodio, El Digital de Cuenca ha querido conocer de primera mano cómo lo vivió y qué aprendizajes conserva de aquella experiencia.

¿Podrías contarnos qué ocurrió el día de la DANA y cómo te encontraste en esa situación?
Ese día tenía una reunión con mi tutor en la universidad y por eso fui a Valencia. La mañana transcurrió con total normalidad: la gente fue a clase y nadie comentó nada sobre la DANA. Cuando terminé, emprendí el camino de vuelta a Cuenca sin saber que había lluvias ni mucho menos lo que me esperaba.
Fue en la carretera, a la altura de Buñol, cuando vi los controles de la Guardia Civil que avisaban de la situación. Nos dejaban pasar hacia delante, pero no nos indicaban que volviéramos ni que esperáramos en un lugar seguro. Desde ese momento se empezaron a formar grandes colas y la lluvia era incesante.
Hacia las cuatro o cinco de la tarde decidí darme la vuelta para regresar a Valencia y refugiarme en casa de un familiar, pero tras intentarlo un par de horas terminé otra vez parado en Buñol. El agua empezaba a subir, así que avancé, hasta que tuve que atravesar un tramo con bastante altura de agua. Pensé que el coche aguantaría, pero no fue así: el agua llegó a la altura de las ventanillas y el motor se apagó.

Abrí la puerta y me tiré al agua. La corriente me empujó hacia la mediana de hormigón de la carretera, donde logré agarrarme. Me subí y, aunque el agua seguía subiendo, conseguí mantenerme allí un tiempo, agarrado a una señal. Sin embargo, el viento arrancó esa señal y volví a caer al agua. Ese fue el peor momento: la riada llevaba mucha fuerza, con troncos, piedras y barro. Conseguí resistir hasta que el agua me arrastró a un lateral de la carretera donde cubría menos y pude salir.
Pedí ayuda entre los vehículos que estaban parados y, por suerte, había una ambulancia. Allí me dieron ropa seca, me curaron los cortes y pasé la noche dentro del vehículo hasta que, al día siguiente, la UME nos rescató y nos trasladó a Requena.+

En ese momento, ¿qué fue lo primero que pensaste o sentiste al darte cuenta del peligro?
Solo pensaba en no ahogarme ni golpearme con algo.
¿Habías vivido antes alguna situación de riesgo similar por fenómenos meteorológicos?
No, nunca me había pasado nada parecido.
¿Hubo algún momento en que pensaste que no podrías salir adelante?
No, en ningún momento. Lo único que tenía en la cabeza era aguantar y buscar la forma de salir de allí.

¿Recuerdas a alguien que te ayudara o te inspirara durante esa experiencia?
No, no pensé en nadie en concreto.
¿Cómo lograste mantener la calma en un momento tan crítico?
Me mantuve firme porque solo tenía un pensamiento: sobrevivir. Esa concentración fue la que me dio fuerza.
Después de lo vivido, ¿cómo ha cambiado tu forma de ver la vida o de valorar las cosas?
Aprendes a darles menos importancia a las preocupaciones diarias. Te das cuenta de que, en cualquier momento, todo puede cambiar.

¿Qué aprendizajes sacaste de esa experiencia que quieras compartir con otros?
Dos cosas: primero, que solemos preocuparnos demasiado por problemas que ni siquiera llegan a ocurrir, y que cuando llega algo tan grave todo eso se desvanece. Segundo, que la preparación física importa: gracias a estar bien pude resistir y salvarme.
¿Cómo ha sido la recuperación emocional y física?
En lo emocional no necesité ayuda: acepté lo que pasó e intenté valorarlo como una oportunidad de vida. En lo físico sí tardé semanas en curar los cortes y aún conservo las cicatrices.

Si tuvieras que enviar un mensaje a quienes enfrentan situaciones de riesgo similares, ¿qué les dirías?
Que nunca abandonen. Siempre hay que mantener la idea de salir adelante, buscar la salida y no rendirse.
¿Hay algún recuerdo positivo o enseñanza que hayas sacado de este episodio?
El único momento de alegría fue cuando conseguí salir del agua: esa sensación de que lo peor ya había pasado.
Hoy, casi un año después, Roberto conserva las cicatrices físicas de aquel día, pero también un aprendizaje vital que le acompaña: la certeza de que todo puede cambiar en un instante y de que, incluso en medio de la adversidad más dura, la fuerza de la voluntad puede marcar la diferencia entre rendirse o sobrevivir.