Desde Chile y Valencia a todo un tesoro en un pequeño pueblo de Cuenca

"Me enamoré de la Serranía hasta la médula"

Valdemeca ni más ni menos. Con 80 habitantes y a 1.300 metros en plena Serranía de Cuenca. La Vinoteca de Valdemeca no defrauda a los paladares exquisitos del vino que van huyendo del esnobismo o exagerada admiración por lo que está de moda y buscando bodegas menos conocidas.

El relato de cómo subieron hasta allí sus bártulos no tiene desperdicio: «En Valencia inventamos una fórmula de club privado alrededor del arte y el vino, nuestras dos pasiones, pero nos quedamos embarazados muy mayores, con 43 años, y decidimos trasladarnos para poder criar a nuestro hijo». En principio, la idea era continuar con las dos ciudades, pero fue un flechazo a primera vista: «el ritmo de vida de Valdemeca, el silencio, la belleza, un montón de cosas».

A esto se sumaba que los dos tenían una idea muy genuina en torno a la cultura del vino que no veían realizada cuando iban a catas de vino: «No nos gustaba esa parte más snob que nos alejaba del vino en vez de acercarnos». Así que lo tuvieron muy claro desde el principio: había que acercar el vino a la gente de forma sencilla, fresca, con las cosas que hubiera que contar y la literatura que conllevara, pero intentando atraer desde la parte positiva y menos técnica.

«Cuando vienes a nuestra vinoteca el objetivo es que te sientas como si fueras a casa de un amigo a disfrutar de un buen vino. Y claro, para beber hay que comer. Un buen vino se disfruta con unas buenas tapitas, conservas, quesos, aceite…», sonrió.

Maridajes y catas en la vinoteca de Valdemeca/ Foto cedida

ARTE&VINO: ESTÉTICA Y PALADAR

Jose, el chileno, venía del mundo del periodismo y vivía en Madrid. Su empresa de origen alemán en la que trabajaba a nivel de publicidad y comunicación cerró y se les ocurrió la idea de empezar a importar vino. «Como los dos somos de buen comer y buen beber, y en el mundo del arte además todos los negocios se han cerrado siempre alrededor de la comida, pues detectamos que cada vez que salíamos de restaurantes y pedíamos vino chileno nos decían que si lo traíamos nos lo compraban».

Rosa, la valenciana, venía de trabajar en galerías de arte. Poco a poco, el vino se fue mezclando con el mundo artístico, ahora con actividades atractivas para el público de una forma mucho más agradable que en su experiencia anterior.

Viven en la parte de arriba de la vinoteca y tienen una decoración muy ecléctica. Buscaban un local donde hubiera una parte de vivienda privada y otra pública de trabajo y lo han conseguido con un nivel pro: «Nuestra vinoteca es un paso más de lo que hacíamos en Valencia, yo me volví loca porque me divierte mucho empezar a decorar» (risas). Además, como mantiene amistades con buenos artistas sigue organizando exposiciones o mezclando temas de su fondo de galería.

Quiere retomar la idea de invitar a unos 15 artistas a catar 3 vinos para que meses después le presenten obras de pequeño formato sobre lo que les ha inspirado ese vino: «Es muy divertido montar la exposición de los escogidos y ver de una vez qué le evoca el vino a cada uno, a veces se llegan a colores parecidos o no tienen nada similar, es muy entretenido jugar con el vino y la estética, con la plástica y el paladar». 

Selección de obras de Rosa Guillén/ Foto cedida

BODEGAS CONQUENSES AMABLES, COMO LAS PERSONAS

En la Vinoteca de Valdemeca se da mucha prioridad al producto de Castilla-La Mancha y siempre que viajan van buscando el más destacado de la zona. Rosa valoró especialmente el vino de Altolandon, en el municipio conquense de Landete, por cercanía. También es muy fan de las Bodegas Ponce, en Villanueva de la Jara. «Será un estilo que te guste más o menos, pero la verdad es que son dos enólogos maravillosos», enfatizó orgullosa. Además de pequeños emprendimientos con los que se sienten comprometidos en apoyar su despegue comercial, como es el caso de 7 Lindes en Villalpardo.

Se decantan por la pequeña producción, lo que está fuera del circuito comercial, y la filosofía de los vinos que les gustan se resume en la búsqueda de lo orgánico y el mimo por la tierra: «Nos gustan que sean vinos amables en el sentido de que nos encanta comparar los vinos con las personas. Hay algunas que te caen muy bien sin hacer esfuerzo, con las que es fácil conversar y ese es el tipo de vino que buscamos. Las personas que son sencillas, cercanas, que no requiere un gran esfuerzo conocerlas, que te seducen de primeras».

Sigue manteniendo lazos con Valencia, montando algunas exposiciones o haciendo cartas para la Universidad, pero desde que unos amigos de la familia la invitaron a Huerta del Marquesado (a 15 kilómetros de Valdemeca) desde que tenía 13 años ya se estaba preparando para dar un giro a su vida: «Me enamoré de la Serranía hasta la médula y en una de esas te haces mayor; cuando en uno de los viajes se lo enseñé a mi chico se enamoró tanto como yo y compramos un terreno». Un amor lento que ha ido mejorando con el tiempo como el buen vino.

Almudena Collado

Redactora de El Digital de Cuenca. Nacida en Cuenca. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación en radio y televisión como Cadena COPE, CMM y profesora de Onda Radio en Universidad Francisco de Vitoria.
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