La reestructuración del transporte urbano de Cuenca, en vigor desde el pasado 1 de septiembre, ha desatado un auténtico vendaval de críticas vecinales y políticas. Lo que el Ayuntamiento presentó como un sistema moderno y eficiente, articulado en torno a un intercambiador en Mariano Catalina y cinco líneas principales, se ha traducido en caos, desconcierto y viajes interminables para los usuarios.
Viajes interminables y desinformación
Los problemas se acumulan: trayectos que antes duraban minutos ahora requieren casi una hora por los transbordos obligatorios; paradas mal señalizadas que confunden tanto a conductores como a pasajeros; y una aplicación móvil que sigue mostrando tiempos de espera y recorridos erróneos. La indignación ha sido inmediata y se refleja a diario en redes sociales y concentraciones vecinales.
Barrios aislados y vecinos desatendidos
El malestar es especialmente acusado en barrios periféricos como Las Quinientas, donde la eliminación de líneas ha dejado a los vecinos prácticamente aislados. Estudiantes, personas mayores y trabajadores dependientes del autobús denuncian que el servicio resulta “inviable” para su vida diaria.
Temor ante la vuelta al cole
A la indignación actual se suma el temor a lo que ocurrirá con el inicio del curso escolar. Padres y madres de estudiantes advierten de que el aumento de usuarios pondrá al sistema al borde del colapso, con autobuses aún más saturados, esperas interminables y un riesgo evidente de que muchos jóvenes lleguen tarde a sus centros educativos.
Un plan de espaldas a la ciudadanía
Las críticas apuntan directamente al Ayuntamiento, acusado de diseñar el plan sin contar con la opinión de vecinos y colectivos. Asociaciones vecinales y grupos políticos coinciden en señalar que la reorganización se ha hecho “de espaldas a la ciudadanía” y que, lejos de mejorar la movilidad, ha multiplicado los problemas.
Críticas políticas y parches insuficientes
La oposición ha cargado con dureza: el Grupo Popular habla de “improvisación e incapacidad de gestión”, mientras que Cuenca en Marcha exige la rectificación inmediata y plantea la gestión directa del servicio como única salida viable.
La empresa concesionaria, presionada por el creciente descontento, ha introducido algunos ajustes en las frecuencias. La línea 1 circula ahora cada 20 minutos y las líneas 2, 3 y 4 cada 40, cambios que para la mayoría de usuarios resultan meros parches.
Ciudadanía frustrada y desconfianza en aumento
La sensación general en Cuenca es de frustración y desconfianza. Lejos de aportar soluciones, el nuevo modelo ha encendido todas las alarmas y ha sembrado la certeza de que el transporte público de la ciudad está hoy peor que nunca.
