El 18 de agosto volvió a abrir sus puertas el horno municipal El Solanillo, en Huerta del Marquesado, tras encontrar una persona que se hiciera cargo del negocio. El establecimiento con importantes reformas, y con uno de los pocos hornos de leña tradicionales que quedan en la provincia de Cuenca, llevaba cerrado desde octubre del pasado año. Su reapertura no solo devuelve el pan artesano al municipio, sino que también representa un símbolo de optimismo para toda la Serranía frente a la despoblación.
La nueva propietaria, María Ángeles Albert, originaria de Valencia, cuenta con una amplia trayectoria en la panadería. Tras un intento frustrado en Motilla del Palancar, ha encontrado en Huerta el lugar ideal para emprender este proyecto. “Me enamoré del pueblo y me enamoré de la gente. Aquí ya me jubilo”, confiesa.
Recibió el aviso por medio de un harinero mientras exploraba otras opciones en La Manchuela. Tras ponerse en contacto con la alcaldesa de Huerta del Marquesado, decidió replantearse su estrategia por la logística de desplazarse hasta allí, sin embargo la insistencia de Ana fue clave. “Cuando llegué al pueblo me enamoré del pueblo. Me enamoré del pueblo, me enamoré de la gente. Es un pueblo espectacular, en plena naturaleza”.
Desde el primer día, asegura, la acogida fue abrumadora: “Los vecinos me recibieron con pancartas y hasta me han traído comida. La gente es de lo más agradecida que he visto” asegura.
Si bien recuerda que fue tan caótico que no le dio tiempo ni a hacer la mudanza del coche a la casa para dar abasto la demanda. “El primer sábado hice 150 kilos” y aún así hay días que se queda sin producto, algo que le llama la atención de manera positiva. “No sé cómo hacerlo porque cuanto más hago, antes me quedo sin pan”.

Actualmente su producción diaria se encuentra en torno a unos 60-70 kilos, lo que se traduce en unas 300-400 barras de pan diarias. Por el momento, María Ángeles, se encarga de toda la gestión del local que acaba de arrancar, pero hace un llamamiento a cualquier interesado en aprender este oficio el cual califica de “maravilloso” y, a la vez, “sacrificado” se ponga en contacto con ella para preservar este servicio en la localidad.
María Ángeles ofrece una amplia variedad de productos en el horno El Solanillo: desde panes tradicionales como roscas, panes de aceite, de orégano, de pimentón, de kilo o de medio hasta magdalenas que arrasan entre los vecinos, además de galletas de limón típicas de la zona.
Con años de experiencia en el oficio, desde 1992 concretamente, asegura que irá ampliando la oferta con repostería y bollería según la temporada, como ya hacía en anteriores etapas con decenas de especialidades diferentes. Todo ello con precios asequibles con panes y tortas a un euro o magdalenas a cincuenta céntimos. “Mi mayor satisfacción es dar servicio al pueblo”, afirma la panadera.

El horno El Solanillo no solo atrae a los vecinos del propio Huerta del Marquesado, sino también a personas de pueblos cercanos. Gracias al boca a boca, los clientes de Valdemorillo, Tejadillo, Laguna y otros municipios han acudido para probar su pan de masa madre, de alta calidad y con ese sabor único a leña. “Cada vez hago más pan y cada vez se me acaba antes; la gente se ha corrido la voz y viene de todas partes”, comenta María Ángeles, destacando cómo la reputación del horno se ha extendido rápidamente por la comarca.
El horno de este pequeño pueblo de Cuenca abre de martes a domingo, de 6:30 a 14:30, ofreciendo pan artesanal, bollería y productos básicos a los vecinos.
Además, ha decidido complementar el horno El Solanillo con una pequeña tienda de productos de primera necesidad, para que los vecinos no tengan que desplazarse a otros pueblos. En este espacio tiene previsto incorporar arroz, leche, carne envasada, pescado congelado, legumbres, aceite, jabón o papel higiénico, con el objetivo de cubrir todas las necesidades básicas de la población local, especialmente de quienes no cuentan con movilidad propia. Así, el horno se convierte en un punto integral de servicio, combinando tradición y conveniencia para toda la comunidad.

Albert trabaja con masa madre, fermentaciones largas y, cuando toca encenderlo, el horno moruno de leña, al que a veces añade hierbas aromáticas como romero o tomillo. “La diferencia de sabor es espectacular”, asegura.
Además, para facilitar su asentamiento en el pueblo, el Ayuntamiento de Huerta del Marquesado le proporcionó una vivienda de alquiler a un precio asequible y durante los cuatro primeros meses hasta enero no tendrá que pagar un alquiler del establecimiento que también es a un precio competitivo para mayor facilidad, lo que le permitió centrarse plenamente en la apertura y gestión del horno sin que la preocupación fuese el tema económico. Este apoyo refleja la apuesta del municipio por incentivar la llegada de emprendedores y revitalizar la vida local.
En este sentido, asegura estar ya gestionando los trámites para realizar el empadronamiento en la localidad y convertirse en una vecina más de Huerta del Marquesado. Con todo, agradece la disposición y el trato recibido por parte del consistorio: “Ha sido impresionante. Todas las facilidades, ayuda de todo tipo, o sea, hasta a nivel personal. La verdad es que cero quejas” comenta Albert.
Para la alcaldesa, Ana María Castillero Martínez, la reapertura del horno tiene un valor incalculable:
“Es algo muy importante, tanto por el servicio de pan como por el puesto de trabajo que supone y porque cada mañana vuelve a haber una puerta abierta en el pueblo. Es un motivo de optimismo para el mundo rural”, explica.
El horno ha vuelto en un momento clave, coincidiendo con el verano y la llegada de vecinos y descendientes de Huerta del Marquesado. “Cuando estuvo cerrado, el Ayuntamiento se organizaba para traer pan de otro municipio y se encargaban unas 100 barras diarias. El primer día de reapertura se hicieron más del doble, y al siguiente día todavía más. La gente estaba deseando que llegara”, relata la regidora.
Además, la panadera sueña con crear un producto único que represente a la localidad: “Queremos inventar un dulce o salado típico de Huerta, como los miguelitos lo son de La Roda”, adelanta.
Para la alcaldesa, la reapertura tiene un valor que va más allá del día a día:
“En un momento en que parece que todo en los pueblos tiende a cerrarse, que se abra un horno y que alguien crea que es viable, es una excelente noticia para el pueblo y para la zona”.
Tras un tiempo cerrado, el horno El Solanillo vuelve a abrir sus puertas con la ilusión y la esperanza de que los vecinos no tengan que verlo de nuevo con la persiana bajada, recuperando así un servicio esencial para la comunidad y el corazón del pueblo.