«Cuando compras algo a un artista no estás comprando una cosa, estás comprando un trozo de corazón, una parte del alma, un momento de la vida de otra persona». Con este mensaje por detrás y la silueta de la cabeza del toro por delante es como se lanza al mundo Remy J. López en su tarjeta de presentación. En realidad no es más que un atisbo porque a él en el mundo del toreo se le reconoce y se le quiere, mucho, como lo demuestra este video en el que el gran José María Manzanares se acercó hasta la barrera para regalarle un capote firmado y darle un abrazo.
CUENCA ES TODO
Remy podrá salir de Cuenca, pero Cuenca ya nunca podrá salir de él. ‘Remydenegro‘ como reza su nombre artístico, nació en La Roda (Albacete), aunque su larga estancia en la ciudad del Júcar le ha dejado una marca indeleble que ya nunca podrá olvidar. Llegó a Cuenca en el año 96 como intérprete de sordos y ayudante de forense, y vivió aquí hasta el 2009. El arte llegó a su vida para quedarse cuando hizo la primera exposición y desde entonces no ha parado.
«Soy de Cuenca por adopción y me encuentro con muchísima gente que se enfada conmigo porque cuando me fui a La Roda me decían: ¡Ah! ¿Pero tú no eres de aquí?», recordaba entre risas, eso no quita para que sienta que Cuenca es su segunda casa: «Me considero una persona súper querida, pero además de los de verdad, de los que notan que la gente les aprecia, me llevo muy bien con muchísima gente de Cuenca».
Y añadió con honestidad: «¡Para mí Cuenca es todo! Porque ha sido la ciudad donde yo nací realmente en el mundo del arte, donde empecé con las primeras exposiciones y ya de ahí en adelante la pelota se fue haciendo cada vez mayor hasta llegar a superar las 600, digamos que ha sido mi inspiración».
Los colores ocre, blancos, las líneas rojas… son sus principales reclamos. Empezó con las acuarelas y de ahí se pasó a las tintas: «Hay unas tintas mías en blanco y negro que fueron las que marcaron muy mucho lo mío; lo trasladé luego al óleo, pero eran muy poquitos trazos de movimiento que es lo difícil».
¿MAL FARIO Y YUYU?
No todos sus cuadros tienen una temática taurina, sino que en su corazón de artista alberga otras pasiones como la danza, la religión, el trabajo de otros pintores, el flamenco, perros y caballos, y otras referencias castellanomanchegas. Sin embargo, son los toros y sus imponentes rojos, rosas o amarillos sobre el fondo negro los que enseguida le diferenciaron y le brindaron la fama: «Empezaron diciéndome que no pintara sobre negro porque daba mal fario y yuyu, ja, ja, ja, pero como no lo hacía nadie yo creo que fue por eso por lo que empecé a sobresalir».

De hecho, Remy J. López es autor de numerosos carteles en varias plazas de toros nacionales, por supuesto, incluida la de Cuenca, y figura en la enciclopedia El Cossío titulada ‘Los Toros. Tratado técnico e histórico’, el más extenso y documentado que existe sobre tauromaquia centrado sobre todo en las corridas de toros desde sus orígenes. En realidad, ha sido un adelantado a su tiempo: «De los toros de Cuenca he hecho los carteles de cuatro años y ya están metiendo en muchísimas ciudades el cartel con el fondo negro cuando antes no lo hacía nadie. ¡Fíjate! La mayoría son fotografías, no pinturas».
«En los cuadros míos el torero se reconoce por el movimiento que tiene o la estética, pero no porque he pintado una cara», matizó. Remy quería que se comprara su obra por el cuadro en sí y no por el torero que tuviera plasmado, aunque muchos reconocen su estilo al verlo: «El torero se identifica tanto con esa obra que dice: ‘No, no, ¡ese soy yo, ese soy yo!’. Incluso muchos te precisan hasta el día que es y todo, por la postura» (risas).

PINTOR CON SANGRE DE TORO
El nombre de Remy J. López resuena en el ámbito internacional pues lleva más de 300 exposiciones en varios países: Holanda, Francia, Argentina, México, Miami, Emiratos Árabes… Y en octubre tiene otra exposición en Francia y luego en México otra vez: «Ya me quedaré allí 4-5 meses, lo hago todos los años desde 2015».
Además, ha sido el único artista que ha pintado con sangre de toro como se puede observar en los videos que cuelga en su cuenta de Instagram: «Lo he hecho tres veces para Pablo Hermoso de Mendoza, para Diego Ventura y esta última para Enrique Ponce, son obras de dos minutos y pico, mientras ellos dan la vuelta al ruedo yo les pinto una obra con la sangre de toro que acaban de matar».
Por no hablar de su otra vena artística, la escultura en reciclado, con obras que se han publicado en varios libros: «Tengo una Virgen de la Luz que está hecha con chatarra colocada en la fachada de La Roda». Quiso remarcar que ambas disciplinas son distintas y cuando se le pregunta por alguna preferencia no da su brazo a torcer: «Sería como preguntarle a una madre a qué hijo prefiere, el tema es crear».
«INTENTO NO PROSTITUIRME EN LA PINTURA»
Sin necesidad de estudiar Bellas Artes, de forma autodidacta, Remy ha conseguido hacerse a sí mismo y alejarse de la inconsciencia de su propia presencia: «Estoy totalmente orgulloso de mi trayectoria claro, para mí los principios no fueron fáciles, mi primer sueldo fueron 25.000 pesetas. ¡Imagínate! Tenía que hacer más cosas para sacar un sobresueldo», recordaba con nostalgia.

Pero ahora colgar un cuadro de Remy en casa está al alcance de estos bolsillos: por ejemplo, las láminas gráficas más pequeñas (tamaño folio) rondan los 1.500 euros. Más allá de esto, puede haber cuadros que estén valorados entre los 3.500 y los 7.000 euros, y de ahí para arriba.

«La pintura es mi vida, lo único a lo que me dedico, y no soy una persona que inunde el mercado, me refiero a que intento no prostituirme en la pintura, pinto cuando me siento inspirado y no todos los días, incluso si entro en mi estudio todos los días no es para pintar tampoco», aclaró con convicción. Remy es de los que piensa que quien está interesado en su arte tendrá que investigar primero y sorprenderse después. Una vida de conocimiento artístico en la que ha ido, lienzo a lienzo, sabiendo más de lo que sabía.