Con siete minutos de retraso echó a andar el paseíllo. No porque hubiese overbooking en los vomitorios ni nada por el estilo. Con retraso porque sí, una constante durante toda la feria. Los toros eran un espectáculo puntual. Eran. También tenían la costumbre de ser un espectáculo serio. Pero no hay mucha diferencia ya entre algunas ternas y las charlotadas. En la parte sería del festejo cómico había más meritocracia que en esta caja B del escalafón. 28 de agosto, 78º aniversario de la muerte de Manolete. No hubo minuto de silencio. Y el cartel, pues el que era. Una apuesta de Maximino que no mejoró el resultado en taquilla. A cojón visto, macho seguro, pero ni el Alcoyano sería capaz de soñar con llenar una plaza con un cartel con Manzanares, Cayetano y Olga Casado.

El primer toro fue muy protestado de salida. Parecía creado por los jíbaros. Tan pequeñito. Tan tierno. Con los pitones similares a los de un muflón. ‘Tranquilo’, se llamaba el de La Palmosilla. Su ganadero, que sabía lo que trajo, prefirió quedarse en Linares y no venir a Cuenca. Le cayó en suerte a José María Manzanares, vestido de torero y oro. Elegantísimo. De la faena casi mejor no contar nada. Un toro vacío de todo, el antitoro. Una embestida pedestre. El torero de Alicante lo pasó en decenas y decenas de muletazos sin sentido. La espada se le fue muy trasera, aunque el efecto fue fulminante. El presidente Canales aguantó con bendita paciencia una petición tan fuerte y seria como el toro.

El que hizo cuarto se llamaba ‘Ahumado’, muy compensado de hechuras. Anovillado por todas partes, aunque de buena proporción. Embistió bien y con cierta codicia desde que salió, pese a que se empeñaron en llevarlo por el lado oscuro. Primero, con un puyazo más cerca de los ijares que del morrillo. Segundo, con una lidia relámpago. ¿Dónde quedó el temple? ¿Dónde quedaron aquellas cuadrillas de Manzanares? Se le vio cómodo al toreo, ligando tandas con mucha soltura. Sin mucho ajuste, vaya noticia, pero queriendo tirar del toro y componiendo la figura como pocos saben. Dejó algún natural de alta costura. Con la espada, puro Manzanares. La contundencia de uno de los grandes estoqueadores de todos los tiempos. Por si sola valió la oreja.

El recibo capotero de Cayetano al segundo de La Palmosilla, que apareció en Cuenca por la puerta pequeña del Imaginarium, fue una oda al feísmo. Una cosa horrible, propia de un aficionado práctico debutante. Aunque lo que pasó después en el caballo fue mucho peor. Una masacre denunciable. Un puyazo criminal, con el picador, por deseo expreso del verdugo, ensañándose con el toro, que salió de allí perdiendo las manos y pidiendo clemencia. Acusó la tortura durante el tercio de banderillas y llegó a la faena de muleta derrengado. Un trato miserable al rey de la fiesta, que es el toro. En este caso, hizo bien Canales en no devolverlo. Si hace daño ver a Cayetano con un toro, verlo con dos es epidemia. El crimen continuó con la franela, con el animal de La Palmosilla rebozándose por los suelos frente a un torero incapaz. Se fue rápido a por la espada. La misma paciencia que pidiendo un Big Mac. Estuvo más tiempo tratando de matarlo que toreando. Los pitos supieron a poco. Si Manolete levantara la cabeza. O algún otro que cayó en acto de servicio…

El quinto tuvo más volumen, ofensivo por delante, enseñando lo que algún día fueron puntas. Cayetano volvió a demostrar con el capote que el arte es algo abstracto y subjetivo. Si Morante debería estar en el Prado, a Cayetano lo podrían exponer en ARCO. Como artista, digo. Como torero debería estar lejos de las plazas. Cuanto más, mejor. Volvió a aniquilar al toro de forma descarada en el caballo ante el enfado de los tendidos, que en casos así, como antaño, deberían tomar el ruedo. No hay derecho a esto. Con Cayetano, esta cultura sí es tortura. Decidió brindarle el toro a Olga Casado. Digamos que si la justicia discrimina en función del dinero, el toro criba en función del estatus. Y hay días en los que el destino nos asalta. Cayetano y Olga Casado, juntos, abrazados, en el ruedo. Y decenas de matadores de verdad y de novilleros con hambre, en sus casas. Con la muleta no hizo nada. Con la espada, al menos, anduvo hábil.

Olga Casado debutó en Cuenca con un novillo alto, flaco y que llevaba por cabeza el casco de Vicky ‘El Vikingo’. Un deshecho con el hierro de Luis Algarra. La lidia no fue la mejor, especialmente en el caballo, que salió para nada. O sea, como siempre. A destacar, un quite por gaoneras muy ceñido y meritorio de la torero de Ávila, que se escapó del percance de milagro. Brindó al público una faena elegante. Con un bendito de Algarra. Un animal excelente para este experimento social. Tan noble que evitaba a Casado, teledirigida en todo momento desde el callejón. El animal combinaba embestidas poderosas con momentos de descanso. En la Champions de Cuenca también hay pausas de hidratación. Hasta en dos ocasiones se echó el churro. Sin planteamiento ni orden, Olga Casado. Muletazos al peso. Toreo abrasivo. Acabó haciendo hasta poncinas. Lo mejor, algún natural suelto muy vistoso por la elasticidad de su cintura. Con la espada, un sainete.

Repleta de actitud salió la novillero con el sexto, otro eralote de aspecto kafkiano. El picador irrumpió en el ruedo, otra vez, no se sabe para qué. Si hiciéramos un concurso, sería difícil determinar quién trabaja menos en la cuadrilla de Olga Casado: el picador o el encargado de meter la mano en los sorteos por la mañana. Ella, que dice querer ser la mejor mujer torero de la historia. Para eso, primero debe competir con sus compañeros y, segundo, torear animales reglamentarios y no esas birrias con los pitones como vuvuzelas. Qué pensará, qué se yo, Maribel Atiénzar, vecina de Albacete y matador de toros. Después de un quite por cordobinas muy elegante, le devolvió el brindis a Cayetano. Cuenca, muy guasona, susurró. Y estuvo pendiente después de la faena de muleta, muy amontonada. Perdí la cuenta de los muletazos. Un tostón. Con la espada volvió a atrancarse. No sabe matar, tampoco. Fruto de esa inexperiencia se llevó dos volteretas espeluznantes, quedándose colgada del pitón y rozando su barriga con la espada. Experimento fallido. Corrida nefasta. La feria empezó muy bien, pero ha acabado de la peor manera posible. Carteles así no deberían volver a verse nunca en Cuenca. En ningún sitio. Esto no es el toreo.
FICHA DEL FESTEJO
Jueves 28 de agosto de 2025. Cuenca. 5ª de la feria de San Julián. Media plaza. Toros de La Palmosilla y novillos de Luis Algarra (3º y 6º). Los toros, de indigna presentación y sospechosos de pitones. Destacó el codicioso 4º. Los novillos, peor presentados todavía. Abecerrados e igualmente sospechosos de pitones, aunque con muchas opciones en la muleta.
José María Manzanares: ovación y oreja.
Cayetano Rivera: bronca y división de opiniones con bronca al saludar.
Olga Casado: ovación en ambos.
Incidencias: actuaron como sobresalientes el matador Enrique Martínez ‘Chapurra’ y el novillero Sergio López.








































































































































































































































































































