El triunfalismo se adueña de Cuenca: indulto exagerado de un toro de Román Sorando que no tapa una obra inconmensurable de Pablo Aguado

Fernando Adrián indulta a 'Batidero', que se fue sin picar, y corta cuatro orejas y rabo, a hombros junto a Daniel Luque y Pablo Aguado, que cuajó una obra maestra al sexto de la tarde

Los fotógrafos se arremolinaban antes de empezar el festejo, subidos al estribo del callejón buscando a alguien con la cámara en el tendido. O en algún palco. Como cuando va el Rey a la Beneficencia. Como buscando a la nueva sobrina afro del Chatarrero en Las Ventas. Pero no. Era Paco Nuñez, el del PP de Castilla-La Mancha. Con guayabera azul marina y un tupe milagroso. Si las encuestas reflejaran las fotos que le pedían, que tiemble «Peich», como lo llamaba el recordado Alberto Orenes, periodista de raza. Vino Núñez a ver a Morante. O a Roca. O a ninguno. El caso es que el hueco en la agenda estaba hecho y le tocó ver desfilar a un primer inválido tan basto como un alajú de zarajos con el hierro de Román Sorando.

Toda la plaza pidió su devolución. El palco, a por uvas. Al tercer muletazo de Daniel Luque, que fue a quien le tocó en suerte para abrir el festejo, los tendidos se dieron la vuelta mirando al presidente, culpable único del bochorno. Lo mató bien y rápido a la segunda. Inédito, Luque. Bronca formidable a Emiliano. Joaquín Caparrós, el míster, descojonado al lado del alcalde Dolz: «Sois más duros los taurinos que los del fútbol», debió decirle. Aunque aquí somos más del tenis, Curro dixit.


El segundo, ‘Calé’ de nombre, se vino arriba según fue avanzando la lidia. Llegó a la muleta con muchos pies para enfrentarse a Fernando Adrián, que empezó de rodillas en los medios. Cambiado por la espalda. Qué original todo. En el toreo fundamental consiguió reducir las embestidas con mucho temple. Si algo tiene Adrián es oficio y capacidad, que ya dijimos que es el sexto sentido de los toreros. Su alma, empero, tiene más de vocacional que de espiritual. Por eso, en vez de exprimir la clase del toro y lucirlo en la distancia, se metió entre los pitones con unos escorzos corporales más propios de Eva Nasarre. Citando desde Fernando Zóbel. Acabó de rodillas encarado con el gran toro de Sorando, un mérito tremendo. Digno de alabar, pero con según qué toros, cortar las orejas no equivale a dejar huella. Lo mató por arriba y cayeron dos orejas, aunque el banderolo de turno le dio al alguacilillo el rabo. A ver si colaba. La cuadrilla de «Cine de Roca» ha hecho mucho daño.


El tercero, un número 44 de hechuras espléndidas, un dije, salió muy dormidito. Al paso, mirando a los tendidos, tal vez buscando también a Paco Núñez. Se emplazó en la boca de riego, que en Cuenca es un aspersor. Pablo Aguado lo esperaba en los bajos del 8 con el capote muy recogido, con las vueltas bien cubiertas. Muy Ordóñez. Aunque a la hora de la verdad fue Iván García el encargado de darle la bienvenida a Cuenca. Lo puso a embestir y se lo dejó al sevillano, que le recetó cuatro verónicas, una chicuelina y una media como robadas de un sueño. Aguado con el capote torea en pretérito pluscuamperfecto. Cuenca no se enteró. Llegó a la muleta muy suelto, después de una lidia incierta. El sevillano anduvo a merced en todo momento, con la pierna retrasada y abusando de pico. Demasiado ventajista. No pudo con él y se conformó con varios muletazos de lujo con el toro ya en su terreno, bajo el tendido 4. Ahí sí consiguió Aguado dotar a la faena de esos intangibles que aporta la naturalidad, pero el toro, manso encastado, se llevó al desolladero decenas de embestidas sin sellar.


El cuarto, como el primero, otro toro muy basto y vulgar, aunque proporcionado dentro de esa dimensión tan abigarrada. Dios le dé larga vida al que hizo los lotes, a ver si algún día aprende a hacerlos. El puyazo se fue tan contrario que hasta dolió. Ese «ala» tan definitorio que salió como un rugido a coro. Daniel Luque no vino de comparsa a ocupar la habitación de hotel que dejó libre Morante. Cuajó toda su obra en el tercio, encajando siempre la figura y buscando la ligazón. La consiguió gracias a la entrega del toro de Sorando, codicioso y emotivo. Acusó quizá el puyazo cuando el de Gerena pisó el acelerador. Reaccionó rápido el torero, que se metió en los terrenos del toro. El toreo también son recursos. Lo cerró por luquesinas, jaleadísimas. Tanto como la estocada, que cayó en el averno. El toro salió rodado tras un pase de pecho del torero hacia las tablas. Aquello terminó de estallar. Dos orejas sin ánimo de lucro. El triunfo no gubernamental.


Con el quinto, Fernando Adrián, el único superviviente del cartel de los milagros, salió a matar o morir. Lo recibió de rodillas en el tercio, pero ligando verónicas con un valor a prueba de bombas. ‘Batidero’, así se seguirá llamando hasta que muera, fue extraordinario. Empujó en el caballo, pero solo medio segundo. Suerte de varas simuladas. La faena de muleta, otro simulacro. En favor de Adrián, la generosidad. Lo llamó siempre de largo y lució unas embestidas y una pujanza dignas de premio. De un premio que ya existe, se llama vuelta al ruedo. El indulto es el consuelo de los pobres de espíritu. La faena fue una interconexión de muletazos en cadena. En la primera tanda ya canté el indulto a los colegas del palco. «Estás loco, Hulio». Ahí lo lleváis.

El presidente Emiliano García Sánchez/Néstor Robaina


Otro toro moderno al campo y otro mensaje de vida. Cuando se fue a chiqueros, la gente gritaba «torero, torero». Nadie gritó «toro, toro». Un toro que sí, que fue extraordinario. Y que probablemente le sirva al ganadero porque sus virtudes fueron prácticamente todas. Pero, ¿y qué? El toro tiene que morir en la plaza. Enhorabuena a Román Sorando y a un Fernando Adrián que fue generoso con el público, con el toro y consigo mismo.


Dicho esto, pasado mañana nadie se acordará de nada. Mucho menos del toro, ese al que decidieron premiar. Hay una crisis conceptual en la tauromaquia que reside en el carácter ebrio y triunfalista que la sustenta. No es culpa de Fernando Adrián, que estuvo magnífico y que merece todos los honores. La culpa, del presidente, Emiliano, que, por cierto, no mandó al corral al inválido primero y sí indultó al quinto. Los enemigos están dentro. Conozco Méjico y Colombia. Vengo del futuro. Con estas decisiones, la tauromaquia, tal y como la conocemos, morirá.


Lo que hizo Pablo Aguado con el sexto toro fue inconmensurable. Una cosa extraordionaria. A la altura de los elegidos. Dios toca con la varita a unos pocos y a Aguado le dio tres o cuatro golpecitos. Su toreo es un soplo contra el viento de un escalafón adocenado. Fue una faena tan íntima que hasta duele entrar en ella. Desde los capotazos del principio hasta la estocada final. Todo lo hizo perfecto Aguado. Haciéndolo todo bien se cortan dos orejas. Él, que lo hizo todo perfecto, cortó dos también. Un premio irrisorio comparado con el de sus compañeros. Dejó más o menos 15 naturales de otro planeta. Todos y cada uno entre los resquicios de las embestidas de un toro de lujo de Sorando, qué corrida de Román Sorando. Algunas veces mejor colocado que otras, pero, en estos casos, qué más da. Toreando con el alma, buscando siempre esa profundidad. Cada muletazo era un pellizco en el sentir de los taurinos. Comos esos capotazos que damos los amateurs con el paño en la cocina, pero delante del toro. La exaltación de la belleza. Juan Ortega, que estaba en el tendido 1 viendo la corrida, seguró que tomó nota. Algunos toros, a veces, consiguen adivinar el pulso de los toreros bajo su piel. A veces, tan tosca. A veces, de terciopelo. Aguado fluye con aquello que le parece. Lo hizo en Cuenca. Dejó una de las mejores faenas que se han visto por aquí en años. Una de las faenas de la temporada. Sí, ha sido en Cuenca. No estaba Morante de La Puebla, pero estaba Pablo Aguado.

FICHA DEL FESTEJO
Martes 26 de agosto de 2025. Cuenca. 3ª de la feria de San Julián. Casi lleno. Toros de Román Sorando, desiguales de presentación y de gran juego, salvo el inválido primero. El 5º, de nombre ‘Batidero’, herrado con el número 5, de 541 kilos de peso y nacido en febrero de 2021, fue indultado.
Daniel Luque: silencio y dos orejas.
Fernando Adrián: dos orejas y dos orejas y rabo simbólicas.
Pablo Aguado: ovación y dos orejas.

/Fotos: Nestor Robaina/

Julio Martínez Romero

Julio Martínez Romero (1995). Periodista, director de El Toril de Onda Madrid y editorialista en Buenos Días Madrid. Antes, en esta casa, redactor en El Enfoque, junto a Félix Madero. Se inició en Cadena COPE, primero en información local, y posteriormente en la redacción nacional, como editor de informativos, colaborador en toros y redactor en programas magazine. Pasó también por la sección de Economía de Servimedia.
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