Barcelona, sin ir más lejos, dispone de 270 kilómetros de carril bici. Pero no solo hay que hablar de Cataluña. Madrid, Vitoria, Sevilla y las cercanas Albacete y Valencia son buenos referentes de provincias con infraestructura urbana ciclable de alto nivel. Francisco Javier Rodríguez Laguía es un referente en el ámbito del ciclismo en la provincia de Cuenca y su conocimiento ha quedado plasmado en varios libros como pueden ser «Por Cuenca en Bicicleta» de la editorial Penthalon, que incluye una decena de rutas en el triángulo Palomera-Buenache-Cuenca, o como «Espacio Natural», con propuestas de sendas por la ciudad y pedanías publicado por el Ayuntamiento. Pero también es quien dirige la Asociación Cultural CuenCANP que quiere destacar en mayúscula las iniciales de sus principales ejes de actuación: C de caminos, A de actividad física, N de naturaleza y P de Patrimonio. Asociación que también desarrolla el programa ‘Cuencleta’ jugando con las palabras Cuenca y bicicleta.
«¿Es que acaso los dirigentes no viajan?», se preguntó en El Digital de Cuenca, con la intención de dar pie al debate por comparación. En opinión de Javier Rodríguez, no se puede echar la culpa a la orografía del territorio o al tamaño de la ciudad en este caso, sino a la falta de interés en torno a este medio de transporte: «No nos engañemos, hay muy poca cultura de gente en bicicleta porque es una forma de vivir y de pensar que no existe, pero carriles bici se podrían hacer perfectamente en la llanura».
Actualmente se puede disfrutar del carril bici en la zona universitaria, la Ronda Oeste hasta el nuevo Hospital Universitario y desde San Antón hasta pasado el puente de Valdecabras. En total, Rodríguez, cuya vocación educativa salta a la legua, calcula que habrá unos 10-12 kilómetros, pero ciertamente muy escasos para los amantes de la doble rueda, y a esto se le suma que, en ocasiones, como en la Ronda, adolecen poca calidad en el firme.
Reconoció que hay mucho conquense que usa la bicicleta para su ocio, para hacer deporte sobre todo en la montaña «por condición física». A su juicio, no cabría ninguna diferencia con la caza y pesca por poner un ejemplo ya que no la coge en su día a día: «Yo tengo un compañero que va en bicicleta con su hijo para llevarle al instituto todas las mañanas y ¿quieres creerte que son los únicos?». Efectivamente, habría menos congestión en la puerta de los colegios si hubiera más padres con este ánimo.
Para Javier también es una cuestión de voluntad política y por ello propone rescatar la Escuela de la Bicicleta que había antes para enseñar a los ciclistas a circular por la ciudad y, por supuesto, cuidar las reuniones de los martes en el Colegio Isaac Albéniz por el fomento y uso de la bicicleta, con el fin de que el concejal del ramo no se sienta solo a la hora de impulsar cualquier tipo de iniciativa en beneficio del colectivo ciclista.

PEDALEAR, CUESTIÓN DE SALUD
Su comarca y su pueblo, Mota del Cuervo, le hicieron enamorarse muy pronto de la bicicleta: «Cuando vas a La Mancha es muy bonito ver a una persona mayor que va con su cestita atrás, tan despacio, al huerto o a la compra». Y no lo hacen por salud, sino porque están hechos a coger su bicicleta. «Tenemos el dios coche impoluto y que no nos hablen de otra cosa, no es tan frecuente ver a una persona desplazarse sobre dos ruedas teniendo un hermoso coche y ¡mi coche que no me lo toquen!», continuó con sarcasmo.
Pero también es una cuestión de salud. Por 10 motivos: evita estados depresivos, mejora la capacidad cardiovascular, tonifica el cuerpo e importantes partes del cuerpo como la espalda, ayuda a controlar los niveles de colesterol, mantiene el sistema músculo-esquelético saludable, reduce la contaminación en el medio ambiente y la ciudad, reduce el peligro de las calles y el ruido, aumenta el número de personas de todas las edades que están en las calles favoreciendo la interacción social y proporciona una oportunidad para todos de disfrutar del ambiente al aire libre.
«Tiene que haber una cultura reivindicativa en Cuenca como la hay en algunos pueblos (véase El Provencio) para fomentar una masa crítica y que no prime el conformismo», argumentó con entusiasmo. «¿Qué pasaría si cada jueves algunos puntos estratégicos de la ciudad se invadieran por bicicletas? Habría que respetarlo porque la bicicleta es un medio de desplazamiento como otro cualquiera y tiene su derecho a ocupar la vía pública, la circulación se haría más lenta y habría más concienciación social».

CAMINOS DE AGUA, CUESTIÓN DE PATRIMONIO
El programa ‘Caminos de Agua’, que en marzo recibió el reconocimiento por parte de la Consejería de Desarrollo Sostenible por su destacado cometido a favor del agua, también describe itinerarios a lo largo de ríos secundarios de la región con el objetivo de «vivir el cauce» con la bici o a pie. «Es maravilloso todo lo que de Patrimonio aporta un río, en historia, cultura, etnografía, antropología, etcétera», matizó el experto. Y este fue el premio a nivel nacional que recibieron en la convocatoria Somos FANES, promovida por el Consejo Superior de Deportes.
El programa incluye los ríos Gigüela, Záncara, Riánsares, Tajuña, Mayor, Guadamejud, Gritos y Cabriel, y va acompañado de la difusión de folletos en papel para la mochila del viajero, con la posibilidad de ampliar información por tramos a través de modernos Códigos QR que satisfacen el gusanillo del usuario digital.

Las actividades que organizan a lo largo del año son intergeneracionales y se pueden consultar en la web, por ejemplo, este fin de semana rescatan el Camino Natural del Záncara entero desde su nacimiento en Abia de la Obispalía hasta su desembocadura cerca de las Tablas de Daimiel; pero también el fin de semana del 12, 13 y 14 de septiembre está prevista la VII edición de Cuclés, con cuyo acrónico tratan de resucitar el itinerario que seguían los caballeros de la Orden de Santiago en 1174.
«Decimos que no conocemos a nadie que monte en bici y esté triste, malhumorada, no sea amable», animó Rodríguez. Por eso, aunque no es algo que se pueda conseguir de hoy para mañana, reforzó la idea de que es necesario «dar un primer paso» desde la administración para crear infraestructuras de calidad y desde la propia sociedad, ya sea en medio urbano o rural, para buscar el bien general.











