La plaza de toros de Cuenca volvió a convertirse en el mejor escaparate social de la Feria y Fiestas de San Julián. El cartel lo formaban Uceda Leal, Fortes y el conquense de Iniesta, Alejandro Peñaranda, con toros de Baltasar Ibán y Montalvo. Ingredientes más que suficientes para que las contrabarreras, tendidos y andanadas se transformaran en pasarela de caras conocidas de la capital y de la provincia, muchos llegados en grupos de amigos.

El partido político Vox aprovechó la cita para instalar su stand con la presencia de su presidente provincial, Mariano La Torre, que aseguró que «los toros forman parte de las tradiciones españolas y hay que defenderlos entre otras muchas cosas».
El ambiente festivo se trasladó también a los alrededores del Paseo de Chicuelo II, donde la charanga de los Zarajos animaba el cotarro con el pasodoble Ay Campanera. Fotos de familia y amigos en la puerta grande, por si acaso la cruzaba el torero, y otra instantánea obligada junto a la estatua de bronce de Chicuelo II, con presidentes de asociaciones de vecinos, Reinas y Damas de las fiestas y el concejal Alberto Castellano Barragán.

En la entrada se dejaban ver el párroco de Cañamares y otros ocho pueblos, Javier Gómez, acompañado del popular personaje «Luna» de San Lorenzo de la Parrilla, abonado a la plaza desde hace 35 años, y José Antonio, llegado desde Vadillos.
Multitud de abanicos pintaban de color tanto la sombra como el sol. En el palco del Ayuntamiento se congregaron representantes vecinales como Elena Castillejo (Las Quinientas), Luis Miguel González (Favecu), Jesús González «Susi» (Villarromán), Antonio Gómez Moreno (Fuente del Oro), Ismael Moreno (Tiradores Altos) y José Fernández (Tiradores Bajos). También se dejó ver Álvaro Guijarro, jefe de maromeros de San Mateo.

En el palco de la Diputación se encontraban los diputados Eva García, Jesús Palomares y José Luis Gómez, y el vicepresidente Francisco López, además de alcaldes de distintos municipios. En los tendidos tampoco faltaron empresarios locales como Rafael Lozano «El Brujo», propietario de la conocida Autoescuela San Cristóbal.

En el palco del tendido 8 coincidieron el periodista taurino José Miguel Martín de Blas y el extorero madrileño César Jiménez, habituales en la difusión del toreo en Castilla-La Mancha. Cuando sonó el pasodoble Manolete, los tendidos estallaron en ánimo para Fortes y la Andanada del sol se animó a cantar aquello de «Manolete, Manolete, si no sabes torear, pa’ qué te metes».

Los jóvenes del tendido 5 aportaban otra nota de color, con peñas, camisetas de distintos colores, cánticos improvisados y un ambiente distendido que contrastaba con el recogimiento de la sombra, especialmente en el tendido 7, donde los ojos estaban puestos en el debut del conquense Alejandro Peñaranda, arropado por unos 400 paisanos que no cesaron en sus aplausos.

La corrida fue seguida con expectación, compartiendo botas de vino y comentarios de faena, mientras que la merienda en el cuarto toro volvió a ser un ritual: bocadillos compartidos, tomates y pepinos de las huertas conquenses, queso manchego y buen jamón de la tierra. Conversaciones sociales, brindis y el inconfundible pase de abanico completan la estampa más conquense de la tarde.
Poco a poco la plaza se fue vaciando. Los compañeros de tendido se despedían con la promesa de verse en «la de mañana», aunque este año sin la presencia de Morante, cuya ausencia se notará entre la afición conquense. Muchos de los asistentes pusieron rumbo al Recinto Ferial, otros a las Carpas Jóvenes y no faltaron quienes se acercaron al parque de San Julián para escuchar a la Banda de Música de Cuenca.
El toreo volvió a demostrar que en Cuenca no solo es espectáculo en el ruedo, sino también punto de encuentro social y cultural. Una cita que, más allá de la lidia, reafirma a la plaza como lugar de convivencia, tradición y vida festiva en San Julián.