A pocos días de que empiece la época fuerte de la vendimia en la provincia de Cuenca, los grandes cooperativistas del sector vitivinícola agudizan sus oídos ante las noticias que llegan de Estados Unidos. La política arancelaria de Trump afecta a empresarios conquenses no solo del vino, sino también del ajo, cebolla, queso, accesorios de vehículos… El gerente de la Cooperativa San Isidro de Quintanar del Rey, Rafael Muñoz, se mostró expectante en El Digital de Cuenca ante la entrada en vigor de los aranceles este mismo jueves, gracias a que el vino no es un producto de primera necesidad, pero también fue tajante: «Todo lo que sean dificultades no aporta».
Está claro que en el sector del vino no todas las empresas dependen de las exportaciones a Estados Unidos, como es el caso de la Bodega San Isidro, pero indirectamente sí, ya que tiene clientes que tienen un «mercado interesante» al otro lado del charco: «Lógicamente, por el efecto rebote, a nosotros también nos afecta».
Según indicó el gerente, los más perjudicados son los países competidores como Francia e Italia, porque tienen mercados mucho más sólidos en Estados Unidos, teniendo en cuenta que a nivel europeo hay una facturación a Estados Unidos de 3.000 millones de euros en vino aproximadamente. «España representa un 11-12% de esa facturación global, que no es poco, pero no es un impacto demasiado grande en general», analizó Muñoz. En cuanto a las bodegas en particular, reconoció una afectación importante en La Rioja y mercados catalanes.
«Al final el 15% arancelario no es tan malo como si hubiese sido el 30% inicial», reconoció haciéndose eco de las negociaciones internacionales. A su juicio, hay dos cosas que están claras, que el vino se va a seguir consumiendo, y que lo va a pagar el consumidor americano.
«Quien consume vino como artículo de lujo seguirá tomando vino»
En un principio puede ser que la entrada en vigor de la lista arancelaria conlleve una ralentización de las ventas: «Si le vendo a un italiano o a un francés que exporta a Estados Unidos, pues ese francés va a exportar un poco menos y me va a comprar un poco menos también, al final esto es una cadena».
Pero Rafael Muñoz piensa que no hay que ser pesimistas: «Vamos a ponerle un poco de optimismo a las cosas, está claro que todo lo que no sume resta y en este caso eso no suma porque al sector del vino le afecta indirectamente, pero que suba el precio final no significa que baje el consumo, yo creo que quien consume vino como artículo de lujo (porque no es un artículo de primera necesidad) pues seguirá tomando vino».
Una cooperativa que cumple 75 años
En cifras, la Cooperativa Agraria de Castilla-La Mancha San Isidro es una empresa vitivinícola de gran volumen y está de aniversario porque acaba de cumplir 75 años de historia. El empleo es estacional pues va ligado a la campaña de la vendimia, pero en general tiene una media de 25 trabajadores aproximadamente. Produce en torno a 70-75 millones de kilos de uva, el 90% tinto, y se sitúa entre las mayores empresas de España en volumen de tintos. Cuenta con 8.000 hectáreas en la comarca de La Manchuela y son 1.000 socios. Además, es una empresa que tiene diversidad de variedades, con diferentes zonas y peculiaridades sobre el terreno, por lo que exportan un volumen muy importante a Europa, sobre todo Alemania, Portugal, Italia, Francia, Rumanía y Grecia, e incluso a Asia, concretamente China.
En definitiva, está claro que el precio del vino va a subir, pero Rafael hizo la radiografía perfecta de la oferta y la demanda: «¿El consumidor americano va a dejar de beber vino porque suban los aranceles un 15%? O sea, si compra una botella que vale 20 euros le costará 23 o 24, tampoco creo que dejen de comprar por eso». Por eso, invitó a analizar la situación a partir del 7 de agosto «con un poco de realismo» dentro del sector vitivinícola.