El Palacio de los Gosálvez fue noticia a principios de este año cuando una familia procedente de Rusia lo compraba para su restauración y sigue siéndolo porque en su interior hay una ermita nada desdeñable para los lugareños de Casas de Benítez. Así pues, este pueblo conquense celebró el día de Santiago Apóstol, el pasado 25 de julio, con una celebración especial en la ermita del palacio, aprovechando que ya están en marcha los trámites para su rehabilitación.


Se trata de un edificio de estilo francés que muchos han apodado El Versalles de La Mancha y que perteneció a Enrique Gosálvez y Fuentes Álvarez en 1902. La decadencia de la familia y el fallecimiento de Modesto Gosálvez y Fuentes Manresa, diputado en las Cortes por Cuenca durante la Segunda República, provocó el abandono del inmueble y su deterioro le valió un puesto no deseable en la Lista Roja de Patrimonio Hispania Nostra.
A orillas del Júcar y colindante con Villalgordo, no es casualidad que uno de los elementos más valorados sea la fuente La Zarina, regalada a los Gosálvez por Alejandra, esposa del zar ruso Nicolás II. Fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) el 16 de junio de 1993. Y después de un intento fallido de rehabilitación hace demasiados años, ahora sí, Ludovic Caballero y Yulia Bikina son los nombres de la pareja que anunció su adquisición en marzo con un pequeño mensaje en redes sociales tras enamorarse del conjunto arquitectónico. La idea sería organizar eventos sociales, visitas guiadas y construir alojamientos.

«Por unos o por otros, como se suele decir, la casa estaba sin barrer»
El alcalde de Casas de Benítez, Samuel Mondéjar, se mostró ilusionado en El Digital de Cuenca: «Ya están empezando con los trámites, es un matrimonio que ha rehabilitado también otro palacio en Caudete, Albacete, y están ya tramitando los permisos para empezar con la rehabilitación». No se mostró ajeno a las condiciones en las que se halla la edificación: «Está prácticamente destrozada y va a llevar mucho tiempo».
Sin embargo, cualquier momento es bueno para amenizar la espera y el 25 de julio se reunieron en la ermita para celebrar a Santiago Apóstol aprovechando el paraje de ensueño que retrotrae a siglos de señores con sirvientes: «Hicimos un pequeño acto dentro de lo que es el recinto del palacio, ya que la tradición es decir misa esa día, y celebramos que había unos nuevos dueños».


La fecha de fin de obra ahora mismo es una utopía: «Se barajan un par de años, pero por lo menos esta rehabilitación se irá a tres», opinó Mondéjar con realismo. Lo cierto es que «está muy mal y ni siquiera tiene cubierta». «¡Imagínate en 30 años lo que se puede quitar en un edificio!», exclamó. Aun así, reconoció que es una «buena noticia» para el pueblo en un inmueble con más de 30 años de historia.
«Al final, por unos o por otros, como se suele decir, la casa sin barrer, y hasta ahora no se había hecho nada», ironizaba el alcalde, quien aseguró que la anterior corporación de la Diputación presupuestó un millón de euros, pero luego eso se anuló y se dieron una serie de circunstancias que llevaron el palacio a la ruina. «¡Ojalá cambie la situación de aquí en adelante!», deseó.
Sin tener todavía una cifra exacta del coste de obra, Samuel Mondéjar se felicitó por la implicación de los arquitectos en el proyecto, así como en la preparación de las memorias. Y es que, como también se suele decir, las cosas de palacio van despacio y en este caso con mayor motivo: «Como es un edificio BIC las cosas van más lentas, pues también hay que tramitar con Patrimonio cualquier permiso, no solo depende del Ayuntamiento». Pero esta vez se mostró convencido de que el vaso está medio lleno: «Los trámites nos van a retrasar, pero estamos ilusionados de que el proyecto irá para adelante y poco a poco se va a ir reconstruyendo».

