En una reunión celebrada el pasado 29 de julio en un conocido club de tenis de la capital conquense, los miembros de la peña decidieron por unanimidad los reconocimientos de esta edición, que recaen en tres figuras muy ligadas a la historia reciente de las fiestas mateas.
La Maroma de Oro, máxima distinción de la peña, será para Jesús Pardo Arribas «Liguillas», uno de los maromeros más veteranos y reconocidos de la ciudad. Con más de tres décadas de experiencia tirando de la cuerda por las empinadas calles del Casco Antiguo, «Liguillas» es un referente del encierro tradicional conquense, un ejemplo de entrega, templanza y buen hacer en la lidia de la vaca enmaromada.

El Mandil de Honor, reservado a personas que han trabajado por el engrandecimiento de la fiesta, ha sido concedido a José María de la Cruz Pérez «Chema», recientemente jubilado tras una larga trayectoria al servicio del Ayuntamiento de Cuenca. Chema ha sido ordenanza mayor, jefe de protocolo y macero, y durante años ha coordinado numerosos aspectos organizativos de San Mateo, desde la ceremonia del traslado del Pendón de Alfonso VIII hasta los actos institucionales del día grande.

Por último, el Menchero de Plata, que premia colaboraciones discretas pero fundamentales, será entregado a Julio Valero Perdido «Juliete», encargado durante años del lanzamiento de los cohetes que marcan los momentos clave de cada jornada vaquillera: el inicio, el descanso y el cierre de la fiesta en la Plaza Mayor.

Estos reconocimientos, instituidos en 2004 por la Peña El Mandil, tienen como objetivo destacar la labor de quienes han contribuido a mantener viva la esencia de San Mateo, una fiesta que forma parte del alma de la ciudad. A lo largo de los años han recibido estos galardones nombres como José Luis Lucas Aledón, Amador Jiménez, Jacinto Silva, Benito Mora, José Vicente Ávila, Luis Guijarro «El Tata», Álvaro Guijarro «Alvarito» o Miguel García «El Cojillo de San Antón».
Con este anuncio, la Peña El Mandil da el primer paso hacia unas fiestas que ya se sienten cada vez más cerca, y que volverán a llenar de tradición, emoción y colorido las calles del Casco Histórico de Cuenca.