Nada más llegar a su despacho planta encima de la mesa un telurio, que así es como se llama el instrumento mecánico que muestra los movimientos relativos del Sol, la Tierra y la Luna. José María Sánchez, astrónomo del Museo de las Ciencias, es así, un divulgador nato. Tenía recursos a la hora de simular para El Digital de Cuenca cómo se vería un eclipse sobre la tierra con esos pequeños astros en miniatura interponiéndose unos con otros.
«De hecho, el momento en que más lejos estamos del Sol se produce justo ahora, en julio, pero como la Tierra está inclinada y el eje de inclinación en el que estamos nosotros está mirando hacia el Sol, hace más calorcito y los días son más largos», a la legua se nota lo que le apasiona, tenga un adolescente o un periodista delante.

Ya desde la Antigüedad, los babilonios descubrieron que hay un ciclo llamado Saros en el cual Sol-Tierra-Luna se vuelven a reajustar después de 18 años y 11 días. Así, la posición del Sol y de la Tierra en el eclipse vuelve a ocurrir más o menos por las mismas fechas y por las mismas zonas del planeta. Las tablas iban pasando de generación en generación y por eso se pueden predecir eclipses con tanta precisión desde el Instituto Geográfico Nacional.

Como matemático, Sánchez es un entusiasta de la mecánica celeste que trata de conocer perfectamente la posición de los objetos y predecir dónde van a estar. Gracias al avance de la tecnología y la introducción de algoritmos es posible calcular cuándo tres objetos van a interponerse y eclipsar. En este caso, quien eclipsa la luz del Sol es la Luna y esta tiene que estar en fase de luna nueva: «Es la fase en que la zona iluminada es la que mira el Sol, se pone negro porque justamente la Luna está tapando totalmente el Sol y no vemos nada porque pasa justo por el centro».

Según explicó, al ser tan grandes las distancias el cono de sombra que produce la Luna es pequeñito y solo se puede ver el eclipse en una franja de 200 kilómetros de anchura, aunque sean más de 1.000 kilómetros en longitud: «Esto es lo que lo hace tan especial y que haya 3 eclipses en 3 años consecutivos por la misma zona del planeta es excepcional». Así, tras el eclipse de agosto de 2026, el siguiente eclipse solar visible como total en España tendrá lugar el 2 de agosto de 2027 (en Cádiz), seguido de otro anular el 26 de enero del año siguiente (que también podrá verse en Cuenca), y que completará la triada de eclipses ibéricos de 2026-2028. No será posible observar otro eclipse solar total desde España hasta 2053.
De Galicia a Mallorca, pasando por Cuenca
Desde Galicia el eclipse solar atravesará toda la franja central, Castilla y León, la parte norte de Madrid, Castilla-La Mancha, sobre todo Guadalajara y Cuenca, y acabará en la Comunidad Valenciana y Mallorca. José María lleva esperando toda la vida un momento como este porque no hay una persona viva que lo haya podido ver: «No ha habido un eclipse total en Europa desde el año 1999, y si hablamos de la provincia de Cuenca te tienes que remontar al año 1852, es histórico, no es un eclipse más, es muy especial».

No tiene problema en contar que está «enganchado» y va buscando eclipses por medio mundo. Estuvo en Libia en 2006 y en China en 2009. De hecho, el primer relato que hizo del triángulo Túnez-Libia-Argelia da una idea de ese enganche: «Nos montaron un campamento en medio del desierto del Sáhara y veías cómo iba tapándose el Sol, a lo lejos del desierto una oscuridad que venía hacia ti a toda velocidad y de golpe bajó la temperatura 10 grados, luego una fulguración de luz que es el diamante final y se hizo la noche, había planetas, estrellas…, y los animales se iban a sus nidos porque pensaban que atardecía».
La diferencia con China es que estaba ubicado en una zona elevada de un bosque de bambús y no tenía el mismo horizonte para ver la proyección de luz y sombra: «La espectacularidad fue que había nubes hasta el momento en que empezó el eclipse, luego se despejó y se cubrió de nuevo nada más terminar la totalidad, tuvimos que desmontar corriendo porque se puso hasta a llover».
Precauciones y filtros especiales
Para ver un eclipse hacen falta unas gafas especiales que estén homologadas y tengan el sello de certificación de la Comunidad Europea, asegurándose previamente de que no se trata de una falsificación. «No es broma, en las ópticas y centros de salud hay muchas incidencias después de un eclipse por visualizarlo de forma inadecuada y se producen pequeñas lesiones en la mácula del ojo», advirtió el astrónomo.
En el caso del Museo ya se está preparando toda la infraestructura desde el Observatorio para mandar la señal al canal de YouTube y que se pueda ver online, aunque llegado el momento se informará de la emisión con mayor detalle por si hay algún cambio. Además, la Agencia Espacial Europea, tomando ejemplo de NASA, está preparando un centro de recepción de las distintas señales para verlo desde Galicia en formato multipantalla.
Ahora bien, el científico animó a todos los conquenses a estar bien atentos porque el eclipse solo dura unas horas y la totalidad no llega ni a dos minutos, más concretamente, en Cuenca, 50 segundos. Según la tabla de la provincia elaborada por el Instituto, en Beteta va a durar 1 minuto 31 segundos, uno de los pueblos con mayor duración junto a Cueva del Hierro y Valsalobre.
El eclipse empezará hacia las 19:30 horas y la totalidad se va a producir a las 20:30 horas aproximadamente. Luego comenzará a salir la Luna de tapar el Sol y se va a poner el Sol sobre el horizonte antes de que haya acabado totalmente el eclipse: «Es una oscuridad aparente porque queda un poquito de disco y van a verse los planetas cercanos, en este caso Venus, y alguna de las estrellas más brillantes que llamamos alfa, es como un atardecer cercano al final del crepúsculo».
«Con 8 años miré por el telescopio y vi Saturno«
«¿Por qué te interesa la astronomía?», una pregunta tan fácil como esta es a la vez muy difícil de responder: «Tiene que haber de todo», bromeó.
«La astronomía es una de las ciencias más antiguas, antes de que hubiera escritura ya había grabados del Sol, de las estrellas y los planetas, lo cual significa que mirar al cielo siempre nos ha fascinado», continuó mientras indagaba en sus sentimientos.

Pero lo que a él le cautiva de forma diferencial es el hecho de entender los temas astronómicos: «Hablando por ejemplo de la luna llena que en verano se ve de un tono amarillento, anaranjado, rojizo al amanecer por la refracción de la luz, tiene un doble encanto: el visual y el hecho de entenderlo físicamente, ¡disfruto dos veces!».
Tendría ocho años cuando alguien puso un telescopio en el pueblo: «Miré, vi Saturno y me quedé loco. Dije que quería ser matemático científico, lo de astrónomo no sabía ni que existía» (risas).
Lo más complejo de entender le parece la formación de este universo, cómo comprender que de toda la energía confinada en el tamaño de un átomo aparece lo que hay aquí: «La teoría del Big Bang, la hipótesis que mejor explica el inicio, ya te genera un dolor de cabeza directamente» (risas).

Por supuesto para él es un ámbito donde se está en constante descubrimiento: «Las manchas solares por ejemplo son un conocimiento de finales del siglo pasado, ¡yo estaba en la Facultad y todavía no se tenía claro qué dinámica las generaba!». También se mostró fascinado por el fenómeno de la acreción, un término que hace referencia al proceso de crecimiento de un cuerpo por la adición o acumulación de materia desde el exterior, o por el experimento de Miller que simuló las condiciones de la Tierra primitiva para probar la hipótesis de que la vida podría haber surgido de compuestos inorgánicos simples.
Tiene mil ejemplos para demostrar la importancia de su profesión. Y si tuviera que acordarse de un admirador ese sería Carl Sagan, porque según opinó no solo fue un gran divulgador científico, sino que por sus documentales de Cosmos se convirtió en el verdadero responsable del mayor empujón que recibió la astronomía en el siglo pasado: «Es uno de los culpables de las vocaciones astronómicas que se generaron en los últimos años».

José María Sánchez se considera un científico de mente abierta, cuya razón todavía tiene mucho por discutir con otros científicos, teorías e hipótesis. El creacionismo, el multiverso, la expansión del universo, la posibilidad de que haya civilizaciones más avanzadas… muchos temas le quedan todavía por investigar a este pequeño gran científico, que ya se muestra impaciente por disfrutar del eclipse sin moverse de su ciudad y, si apura, ni de su silla.