El 29 de octubre no les queda tan lejos a los vecinos de Mira, en la provincia de Cuenca. Ahora ven cómo las instalaciones de su Centro de Salud se han renovado y pintan una sonrisa en su cara. Pero Chelo se acordó enseguida de la tragedia y sus ojos se le llenaban de agua al recordar cómo estaba subida a una escalera encima de un remolque de un tractor en el garaje de su propia casa, situada junto al caudal del río. «Hay que tener paciencia y es normal que todo lleve mucha burocracia, pero están haciendo muchas cosas, poco a poco», expresó de buen ánimo.
En su opinión, las instituciones y otras organizaciones se están portando muy bien y no se puede pedir más: «Nos han atendido desde el primer momento, yo fue una persona que se quedó muy aislada y el 112 me llamó muchísimas veces para ver cómo nos podían sacar en barca del garaje». Aquella vez les pudieron ayudar los bomberos y lo más importante, salvaron la vida su marido y ella, por eso esta vez se sienten en la obligación de dar las gracias, no solo por el Centro de Salud, sino por el resto de reformas que se están llevando a cabo en el pueblo. «Un alivio después de haberlo pasado tan mal», remató.

La sonrisa en la cara de Santiago resumió la jornada. Se mostró muy contento por la inauguración del Centro de Salud y lo bien que han quedado las instalaciones, eso sí, después de recordar cómo el agua subía hasta cinco metros por encima del nivel del río. Su ancho se multiplicó por cinco, según relató, y se podía vivir la tragedia en cada rincón de las calles. Y es que el calor del pueblo celebrando la recuperación del consultorio fue el mismo que cuando tocó ponerse las botas y achicar agua. Brindaron con un buen aperitivo en una de las zonas afectadas cercana a uno de los puentes fluviales. «Cada paso cuenta», valoró, sabiendo bien de lo que hablaba.

Desde el Ayuntamiento de Mira quisieron transmitir la enhorabuena por los cambios que poco a poco se están llevando a cabo. Julia es administrativa y se alegra mucho de que ya no haya que ir al «viejo centro de salud porque era muy chiquitín». Está muy contenta de que el presidente haya venido hasta aquí para seguir palpando las necesidades y animar a los que están detrás de los trabajos de recuperación en el día a día. «Que vuelvan servicios como el de fisioterapia es una buena noticia», añadió. Pero también reconoció que va a costar mucho seguir avanzando con celeridad porque las licitaciones llevan su tiempo. Confía en que cada vez estarán mejor gracias a la ayuda de todos.

Pilar regenta una frutería en Mira. Le gusta que funcione todo mejor en su pueblo y queden paliadas las carencias lo antes posible: «Todavía hay muchos ladrillos de las casas que están afectados, puentes sin arreglar y barro en varias fachadas». Reconoció que hace falta tiempo, pero está convencida de que las actuaciones serían más rápidas si hubiera más personal encargado. «Tengo amigos muy tocados y me gustaría que se les resolvieran las cosas más pronto, estoy muy contenta pero tenemos prisa», exclamó sonriendo, en su deseo de avanzar las obras con mayor rapidez.

Esta es la segunda foto del día que se hizo Olga con su sonrisa de oreja a oreja, porque la primera fue antes con su admirado presidente en el Centro de Salud entre la marabunta de seguidores que aglutinaba Page allí donde pasaba: «¡He estado con mi Emiliano!», expresaba con orgullo. Sobre la reforma no lo dudó: «¡Falta nos hacía!», enfatizó refiriéndose a la inauguración. Sentía que el centro provisional que les habían habilitado era «más pequeño e incómodo» y opinó que las nuevas instalaciones han quedado «preciosas».
No quería ni acordarse de cuando subió el agua hasta la mitad de la ventana de su casa: «Fue una cosa horrorosa y se me eriza todavía el cuerpo de recordarlo». Se tuvo que cambiar a otra vivienda de alquiler porque quedó «desbaratada» y tuvo que tirarlo todo.

El estado actual de Mira, en imágenes







































