El enfado de varios habitantes de este municipio lo han hecho patente a través de un comunicado en el que explican lo que está sucediendo.
Dicho escrito comienza explicando que «Desde hace generaciones, La Cierva, un pequeño pueblo de Cuenca, ha conservado con orgullo sus tradiciones. Costumbres que no solo son parte de nuestra historia, sino que mantienen viva la identidad de este lugar, especialmente en fechas señaladas como la Semana Santa o las fiestas patronales. Hoy, con profundo pesar e indignación, vemos cómo muchas de estas costumbres están siendo eliminadas de un plumazo por decisión unilateral de la actual alcaldesa».
Y explica una tradición que no han podido repetir este año. «Una de las primeras decisiones fue la supresión del tradicional ‘Disparo al Judas’, una celebración simbólica y ancestral en la que los vecinos, junto con cazadores con licencia, preparaban un muñeco que representaba al traidor bíblico y lo elevaban al aire mientras disparaban al unísono. Un acto cargado de significado que nunca ha causado problemas y que forma parte del folclore de muchas zonas de España. Lo mismo ha ocurrido con la hoguera de Semana Santa: otra tradición que se ha borrado del calendario sin consultar ni valorar su sentido para los vecinos».
A lo que añaden que «a ello se suma la suspensión de las fiestas patronales, lo que ha obligado a un grupo de jóvenes del pueblo a organizarse desde cero, invirtiendo tiempo, esfuerzo y dinero para sacar adelante unas celebraciones que deberían contar con el respaldo del Ayuntamiento, como siempre ha sido. En lugar de facilitar las cosas, se ha denegado el uso de espacios públicos esenciales, como el bajo del Ayuntamiento —tradicionalmente utilizado para comidas, actividades infantiles, refugio del calor o celebraciones vecinales—, ofreciendo como única alternativa la entrada de la iglesia. Mientras tanto, ese mismo espacio ha sido reservado para la “semana cultural” promovida por la propia alcaldía, sin posibilidad de colaboración ni voluntad de convivencia».
Critican que la alcaldesa no es natural de La Cierva. «Lo más preocupante no es solo lo que se decide, sino desde dónde y cómo se decide. La actual alcaldesa no es natural de La Cierva, no ha crecido con nuestras costumbres ni ha compartido los vínculos que dan sentido a nuestra forma de vivir estas fechas. Ha llegado incluso a afirmar en la web oficial del Ayuntamiento que: “Miles de pueblos en España con el mismo problema. Pueblos con poca actividad empresarial, con una población envejeciendo, esperando que puedan sobrevivir con una semana de fiestas en verano. Es un espejismo. Desafortunadamente, La Cierva es uno de estos pueblos.” Reducir nuestras fiestas a un simple espejismo es no entender su valor. Precisamente son esas fiestas, ese “espejismo” según ella, lo que mantiene vivo al pueblo, lo que hace que las familias se reúnan, que los nietos visiten a sus abuelos, que los jóvenes se sientan parte de algo. Esas fiestas no son una ilusión vacía, son la prueba viva de que el pueblo tiene memoria, identidad y comunidad. Lejos de ser el problema, son parte de la solución. Son uno de los pocos momentos del año en los que La Cierva late con fuerza, y sin ellas, el pueblo perdería parte de su alma».
Aunque no se quedan ahí, ya que también destacan lo que sucede con la vivienda señalando que «en esa misma web —que más parece un blog personal, repleta de opiniones subjetivas, alejada del tono institucional y juicios hacia los propios vecinos— también se afirma lo siguiente:
“Hay casas deshabitadas, pero si preguntas en el pueblo a los dueños si venden una casa: lo sienten, pero no, esta casa es para los hijos, que viven en la ciudad y vienen al pueblo para las fiestas, como mucho. O no venden la casa porque hay 7 dueños (ó más), ó no han hecho la herencia, ó no se ponen de acuerdo con la familia. La casa ya puede estar cayéndose y nadie tiene dinero para arreglarla ó simplemente da igual. O piden precios como si fuera en la Castellana en Madrid. Parte del problema también está dentro de los pueblos.”
Así, se responsabiliza directamente a quienes conservan con esfuerzo las viviendas de sus abuelos, como si cuidar ese legado fuese un obstáculo para el desarrollo del pueblo. Pero ¿qué mayor derecho tienen los vecinos que volver al hogar que los vio crecer o pasar los veranos de su infancia?».
Añadiendo en este sentido que «curiosamente, la propia alcaldesa posee numerosas propiedades en La Cierva. Ninguna de ellas está en alquiler, ninguna está en venta. Mientras señala con el dedo a los demás, no aplica con su ejemplo lo que exige a los vecinos. Y lejos de participar o colaborar en las fiestas patronales —alegando falta de presupuesto—, sí continúa impulsando la apertura de museos, organizando semanas culturales, promoviendo exposiciones, proponiendo ceder nuestras propiedades, nuestra historia y nuestra forma de vivir a cambio de una promesa de desarrollo, donde los vecinos cedan sus tierras al Ayuntamiento con la idea de transformarlas en alojamientos rurales. Una visión que parece más centrada en convertir el pueblo en una atracción turística que en proteger su esencia, memoria e identidad.
No queremos convertirnos en una atracción turística, ni cambiar nuestras tradiciones por una postal vacía para visitantes. Queremos seguir siendo un pueblo vivo, familiar, con identidad. No necesitamos vender nuestras raíces a cambio de promesas. Necesitamos respeto, apoyo y comprensión por parte de quien debería gobernar para todos».
Cerrando el comunicado con «en nombre de quienes aún creemos en el valor de nuestras raíces, en la fuerza de la comunidad y en el derecho a conservar aquello que nos identifica, pedimos que se escuche esta voz. No hablamos desde el enfrentamiento, sino desde la decepción de ver cómo se apagan las luces de un pueblo que solo pide seguir siendo él mismo. Porque las tradiciones no son caprichos: son memoria, son cultura, son La Cierva».