Las calles de tío y sobrino en Cuenca

El callejero conquense nos deja esta bonita historia

Paseando por la Cuenca alta y por la Cuenca baja, dos placas callejeras coinciden en el apellido: Catalina. Son las calles de Severo Catalina, en el Casco Antiguo, nombre compartido con el más antiguo de calle Pilares, y la de Mariano Catalina, que da acceso a la Estación de Ferrocarril. Los Catalina, tío y sobrino, dos personalidades conquenses nacidas en el siglo XIX que dejaron huella en el panorama local y tuvieron gran protagonismo a nivel nacional.

Comenzamos primero con Severo Catalina, que comparte su nombre de calle con la de Pilares, casi al pie del Ayuntamiento y Plaza Mayor.

Severo Catalina

-El 6 de noviembre de 1832 nació en Cuenca Severo Catalina del Amo, un personaje importante e influyente de su época, con una gran actividad literaria, docente y política, que desarrolló en poco menos de un cuarto de siglo, pues falleció cuando aún no había cumplido los 39 años de edad, el 19 de octubre de 1871, dejando un amplio legado literario de obras y escritos, que fueron publicados en seis volúmenes. No cabe duda de que su muerte prematura cortó una biografía muy densa en tan pocos años de vida, para este sabio que dejó una profunda huella en el mundo literario y en el político, que pudo ser más prolífica, herencia que luego recogió su sobrino Mariano Catalina, con evidente éxito nacional y acendrado conquensismo.

Calle Severo Catalina/Néstor Robaina

-¿Cómo fueron los primeros años de Severo Catalina en Cuenca, pues dada la temprana edad de su muerte con 39 años debió marcharse muy joven de aquí?

-Según se publicaba en la prensa de Cuenca de los años veinte, en la serie dedicada a “Figuras Conquenses”, como también recogerían los escritores Hilario Priego y José Antonio Silva en su “Diccionario de Personajes Conquenses”, nacidos antes del año 1900, Severo Catalina y del Amo vino al mundo en Cuenca en el seno de una familia procedente de Budia (Guadalajara), ya que su padre se estableció en nuestra ciudad como mayordomo o administrador de los bienes y rentas de la Catedral.

Tenía un hermano mayor, Gabino, que había nacido en Budia, y que estudió en el Seminario de Cuenca. Fue párroco de Santo Domingo y tras una brillante carrera fue designado obispo de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada. Se cuenta de Severo Catalina que desde temprana edad mostró una gran inteligencia, aprendiendo en dos años en el Seminario el idioma latino, y francés en el Instituto, marchando con 13 años a Madrid, donde tomó el grado de Bachiller con 15; tras cursar estudios en la Facultad de Jurisprudencia, logró el doctorado con 23 años, además de licenciarse en Filosofía y Letras, y en dos años más la titulación en Teología y Hebreo.

-Lo que se suele decir una lumbrera del siglo XIX, pese a los pocos medios que había…

-Hacía honor a su nombre de ser severo en su dedicación a estudiar. Se dedicó en esos primeros años a los estudios filológicos , y ya en 1855 publicó algunos artículos didácticos en “El Reformador Conquense”, periódico nacido ese año, dirigido por León Cappa. Establecido en Madrid publicaba artículos en periódicos como “El Sur”, “El Estado”, que dirigía Ramón de Campoamor; “El Horizonte”, “La España” o en “El Gobierno”, periódico que fundó él mismo. En esa faceta de periodista y escritor, o de poeta, género que cultivó en el Instituto de Cuenca, Severo Catalina, “imitó con acierto”, decía su biógrafo Cutanda, a los personajes más importantes de la literatura española. Tras realizar algunas sustituciones en diversas Cátedras de la Universidad Central ganó por oposición, con 25 años, su plaza de profesor universitario, con sus estudios de hebreo, siendo designado para el examen de los manuscritos e impresos de lenguas orientales de la Biblioteca Nacional, y en 1861 ingresó en la Real Academia de la Lengua en el sillón de la letra A, con el discurso “Las lenguas semíticas en su influencia sobre la castellana”.

Severo Catalina se casó con Teresa Enríquez y Antolínez de Castro, de familia noble de la localidad de Herencia (Ciudad Real), con quien no tuvo descendencia. A pesar de tratarse de una persona tan inteligente, vamos un “niño prodigio”, la familia no aprobó ni admitió el enlace matrimonial porque Severo no era hidalgo…

-…No era hidalgo, pero llegó a ser ministro, una vez que Severo Catalina entró en el mundo de la política…

Calle Severo Catalina/Néstor Robaina

-Ministro de récord Guinnes, porque debido a su valía, fue designado ministro de Marina por el presidente del Gobierno, general Narváez, desde el 13 de febrero al 23 de abril de 1868 y desde esa misma fecha hasta el 20 de septiembre del mismo año, ministro de Fomento, en los gobiernos de González Bravo y De la Concha. Severo Catalina se inició en la política con 31 años en el Partido Conservador, logrando el acta de diputado por Alcázar de San Juan, localidad cercana a la de su esposa, Herencia, en 1863, y posteriormente diputado por Cuenca hasta el referido 1868.

Antes de ser ministro había sido director general del Registro de la Propiedad y director general de Instrucción Pública. Con la Revolución de 1868, conocida como “la Gloriosa”, Severo Catalina acompañó a la Reina Isabel II en su exilio a Roma y fue el autor del Manifiesto de la Reina en Pau, e incluso se decía que tuvo algún pasajero romance con la reina. Regresó a España en 1871, con el reinado de Amadeo I, falleciendo el 19 de octubre de ese año.

-En su faceta de escritor dejó una amplia lista bibliográfica, destacando su libro “La mujer”, muy editado a lo largo del tiempo…

-Durante su estancia de diez meses en la capital italiana escribió “Roma”, uno de sus mejores libros, pasando a residir dos años en Biarritz entre 1869 y 1870. De su obra “La mujer” se publicaron 115 ediciones, sin que faltasen algunas polémicas, que entendía que el libro estaba dedicado para la mujer burguesa. Publicó también “Viaje de sus majestades a Portugal”, “La rosa de oro”, “La verdad del progreso” y discursos literarios, reunidos en sus obras completas. En los meses previos a su muerte se encontraba trabajando sobre el Tribunal de la Inquisición, con documentos de primera mano del tribunal de Cuenca. El registrador de la Propiedad, Manuel Martínez Bargueño dedica un espacio en su blog a Severo Catalina, “por quien –dice– tengo una especial simpatía: fue antecesor mío al frente de la Dirección General de los Registros y del Notariado. No se ha escrito la biografía de Severo Catalina, y, sin embargo, es un personaje singular”. Bargueño ha seleccionado algunas frases del escritor conquense de las que entiende pueden guardar una cierta intemporalidad por su hondura y/o mala intención hacia el “bello sexo”, como diría don Severo. Éstas son algunas:

-La historia de la humanidad no podrá escribirse en tanto que la educación se limite a una parte de la humanidad.

-Entre la dignidad y el orgullo hay la misma semejanza entre la llama que alumbra y la llama que quema.

-Lo que las mujeres no perdonan jamás es la insipidez y la descortesía.

-La mujer se encuentra no se busca.

El marido y la mujer deben ser los mejores amigos del mundo.

-El amor más fuerte y más puro no es el que sube desde la impresión, sino el que desciende desde la admiración.

-La frivolidad viene a ser la desatención de las cosas grandes y la curiosidad de las pequeñas

El tipo de marido que maltrata a su mujer no es tipo; es la degradación de la especie; está fuera de la ley como están los malhechores”.

Cabe decir que la necrológica de Severo Catalina, que falleció de una afección pulmonar, la escribió Fermín Caballero, otro ministro conquense, en “La Ilustración de Madrid” el 30 de octubre de 1871. Un cuarto de siglo después, el 29 de enero de 1896 el Ayuntamiento de Cuenca decidió que la calle de Pilares se denominase de Severo Catalina, aunque ambos nombres comparten esta peculiar calle del casco Antiguo de Cuenca.

MARIANO CATALINA

Severo Catalina y Mariano Catalina, tío y sobrino, fueron dos personajes conquenses que aparecen en el callejero de la ciudad y cuyos retratos se pueden contemplar en el salón de plenos del Ayuntamiento de Cuenca.

Ambos retratos están expuestos de forma permanente en este salón de plenos, y son obras por encargo del Ayuntamiento, del pintor conquense Benito López Chuts, que también pintó el gran cuadro “Juana la Loca”, que recoge el entierro de Felipe el Hermoso, colocado en la pared de las escaleras de acceso al referido salón de plenos. A veces los visitantes confunden el retrato de Severo Catalina con el del rey Alfonso XIII, según comentan los ujieres, y en verdad que en la pintura da la impresión de que el escritor tiene más años de los 39 con los que falleció. Tío y sobrino están frente a frente en este salón de plenos municipal, por acuerdo de 1896.

Calle Mariano Catalina/Néstor Robaina

-El sobrino,Mariano Catalina y Cobo, otro ilustre que figura en la serie de “Figuras Conquenses” y en el Diccionario de “Personajes Conquenses” de antes de 1900, de los académicos Priego y Silva.

-Mariano Catalina siguió los pasos de su tío, de quien fue secretario en su etapa de ministro de Marina y Fomento. Mariano Catalina y Cobo, primo de José Cobo, que también tiene calle en nuestra ciudad, nació en Cuenca el 26 de julio de 1842, hijo de comerciantes modestos. Estudió Latín en el Seminario de San Julián y Filosofía en el Instituto, graduándose de Bachiller en el Instituto madrileño de Noviciado. Cursó la carrera de Leyes en la Universidad Central, protegido por sus tíos Severo y Gabino, ministro y obispo, y pronto entró a servir en el Estado con un sueldo de 4.000 reales, obteniendo más adelante la plaza en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, además de publicar artículos en diversos periódicos. Cesante en su plaza como secretario particular de su tío, el ministro Severo, Mariano se marchó a Francia e Italia durante esos años de la revolución de 1868, regresando a España en 1871, para estar al lado de su tío, que no pudo superar la grave enfermedad en el pecho.

-Mariano Catalina, con un puesto fijo en la Administración del Estado, también se dedicó a la política, como su tío Severo…

Calle Mariano Catalina/Néstor Robaina

-Una vez que regresó a España recuperó en 1874 su plaza de bibliotecario, siendo designado jefe de la Biblioteca de Salamanca y más tarde de la de San Isidro, en Madrid, a la que pertenecía. Ingresó en el Ministerio de Hacienda y con Cánovas en el Gobierno del rey Alfonso XII, Mariano Catalina fue director general de Agricultura y de Obras Públicas, teniendo un papel relevante en la construcción de la carretera de Madrid a Cuenca y de la carretera de la Hoz del Huécar de Cuenca a Palomera.

Fue consejero del Reino y su mayor cargo lo ostentó como presidente del Tribunal de Cuentas durante varios años. Elegido diputado a Cortes y senador por la provincia de Guadalajara en 1900, y por la de Cuenca durante dos años, y por derecho propio otros ocho años. Estuvo muy relacionado con la ciudad y fue uno de los impulsores del resurgir de la Semana Santa.

Además de su actividad ministerial y política, Mariano Catalina destacó como escritor, publicando algunas obras.

-Fue un prolífico escritor, poeta, y sobre todo dramaturgo, además de editor. Publicó traducciones del francés y del italiano, y algunos de sus artículos más relevantes se publicaron en periódicos tan conocidos como “La Ilustración Española y Americana”, ”El Pensamiento Español” y los periódicos en los que colaboraba su tío Severo. Hizo varias monografías sobre Arte y fue el editor propietario de la colección de “escritores castellanos”. Electo académico de la Lengua en 1878, tomó posesión el 20 de febrero de 1881, versando su discurso de entrada sobre el “Teatro de Calderón”, pues como buen dramaturgo escribió varias obras, entre ellas “El Tasso”, “Alicia”, “No hay buen fin por mal camino” y “Luchas de amor”. También publicó un tomo de poesías, cantares y leyendas.

Calle Mariano Catalina en el pasado

-Mariano Catalina fue uno de los impulsores de la Semana Santa en los principios del siglo XX… Y muy preocupado por el desarrollo de Cuenca y sus reivindicaciones como el ferrocarril y el pleito del Ensanche del monte de Las Majadas, que mantuvo el Ayuntamiento de Cuenca.

Como es sabido, la Semana Santa de Cuenca vivió un resurgimiento a partir de 1902 con la procesión en “El Calvario”, y tres años después con la primera salida de la procesión del “Silencio”, gracias a los desvelos de Mariano Catalina, su primo José Cobo y Rogelio Sanchiz. Catalina adquirió el “paso” del Prendimiento de Jesús (Beso de Judas) y ayudó con algunas otras tallas de este primer cortejo del miércoles santo. Un año después, Catalina y José Cobo invitaron a presenciar la Semana Santa al famoso pintor Manuel Domínguez Sánchez, autor de los frescos de la iglesia panteón del Molino de Papel, quien falleció en casa de Cobo el Domingo de Resurrección y en Cuenca está enterrado, en un escultórico panteón realizado por Mariano Benlliure.

Mariano Catalina

Según los datos que tenemos, Mariano Catalina ha tenido dos calles diferentes en Cuenca, la actual junto a la Estación de Ferrocarril y la de Carretería, que aparece en antiguas postales.

-El 29 de enero de 1896 llegó la noticia de que el Ayuntamiento de Cuenca había ganado el famoso y largo pleito del monte de Las Majadas, en el que mucho tuvo que ver Mariano Catalina como presidente del Tribunal de Cuentas. El propio Ayuntamiento envió un telegrama al ilustre conquense comunicándole que en sesión extraordinaria se había acordado declararle Hijo Predilecto de Cuenca, colocar su retrato en las Casas Consistoriales y sustituir con su nombre el de la calle de Madereros, o sea Carretería. También se dedicaba la calle de Pilares a su tío Severo, fallecido 25 años antes.

Y así, durante casi cuarenta años, Carretería o Madereros, se denominó calle de Mariano Catalina. Tras la guerra incivil de 1936 se cambió el nombre por Avenida de José Antonio, pasando Catalina al olvido. A la calle que parte de la estación se le puso el nombre de General Moscardó en 1965, como recoge José Luis Muñoz en su Diccionario de andar por casa. El 13 de enero de 1992 se restituyó el nombre de Mariano Catalina a esta calle cercana a la estación y la céntrica de José Antonio pasó a llamarse Carretería.

Aparte de todo esto, el Ayuntamiento de 1896 acordó nombrar ocho guardas para vigilar el monte del Ensanche de las Majadas y celebrar dos corridas de vaquillas el 1 y 2 de febrero en la Plaza Mayor, para celebrar el triunfo en el pleito. El 12 de febrero de 1923 los Ayuntamientos de Cuenca y Las Majadas llegaron a un salomónico acuerdo, repartiéndose la mitad del monte, quedando para la capital el cerro Candalar.

El fallecimiento de Mariano Catalina se produjo el 2 de octubre de 1913 en Madrid, y como dato curioso cabe decir que la Corporación municipal, bajo mazas, no pudo asistir al entierro como era su deseo, por una mala combinación con los trenes. En El Liberal de Cuenca se daba noticia de su muerte destacando su director, Leopoldo Garrido, que “lamentamos la pérdida que para Cuenca significa su muerte, sintiendo sinceramente, como buenos conquenses, la desaparición de uno de sus hombres esclarecidos.

Grandes fueron las enemistades y los odios que le combatieron en su vida pública y grandes fueron los afectos y adhesiones con que le apoyaron sus amigos y partidarios. Llegada la hora de la justicia, es honrado reconocer que Cuenca debe rendir tributo de agradecimiento a su memoria, porque nunca se mostró reacio en el beneficio de esta ciudad, que le otorgó en más de una ocasión su representación y confianza. Fuimos adversarios de su política y nos honramos con su amistad particular, porque no estimamos incompatibles las ideas y lo sentimientos”, apuntaba Garrido, para concluir que Catalina fue protector constante de esta tierra: Cuenca le debe muchos y grandes favores”.

Artículo que se ha llevado a cabo gracias a la inestimable ayuda de José Vicente Ávila.

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