Uña no se ve en otra. Este pequeño municipio de la provincia de Cuenca puede que haya vivido el día más mediático de todo el año, con el ir y venir de decenas de micrófonos y coches oficiales por todas partes. Y no es para menos. La visita del presidente castellanomanchego bien merece posponer las citas de la agenda. Sobre todo, después del Comité Federal del PSOE en el que precisamente Emiliano García-Page ha sido probado como seguidor del líder supremo. Pocos son los privilegiados de poder hacerse una foto con él en la tierra que les vio nacer.

Nada más llegar los focos y los flashes estuvieron puestos en Emiliano, y por supuesto eran de rigor las presentaciones y los abrazos, también a su segundo de a bordo.



Tanto si tocaba escuchar a los que han participado en la recuperación de la barrera tobácea de la Laguna de Uña como si era hora de agradecer lo convenido, el acto se desarrolló con la mejor disposición del público y la alegría de un alcalde que ya recordaría este día para siempre como uno de los mejores en su veintena de años en el cargo.





Pero lo mejor solo estaba por llegar. Después de la inauguración, el propio García-Page se grababa un video en el lugar de los hechos para dejar constancia del logro ambiental.
Toda la subida con un cortejo que aprovechaba el más mínimo descuido para lanzarse a sus brazos entre los setos y la maleza con tal de conseguir una foto de recuerdo, incluido el también socialista de largo recorrido en el PSOE de Cuenca, Luis Carlos Sahuquillo.



Pero estaba claro cuándo se lo pasaba mejor el presidente en su planificada ruta campestre, haciéndose selfies y disfrutando de los animales y del paraje de ensueño, arropado de la admiración de los suyos. Después de un fin de semana difícil a nadie le amarga un dulce.

