Arguisuelas vivió este sábado 4 de julio una jornada que muchos de sus vecinos nunca habían presenciado y otros solo conocían por los relatos de sus mayores. La recuperación de la Romería de Santa Isabel, desaparecida hace más de medio siglo, devolvió al pueblo una de las tradiciones con más arraigo de su historia y abrió una nueva etapa para una celebración que aspira a consolidarse de nuevo en el calendario festivo.
Una tradición que nunca dejó de contarse
Hay costumbres que permanecen intactas, aunque pasen décadas sin celebrarse. Solo necesitan que alguien vuelva a recorrer el camino. Eso es lo que ha ocurrido en Arguisuelas, donde la Romería de Santa Isabel ha regresado después de más de cincuenta años de ausencia gracias al trabajo de la Asociación Cultural Santa Isabel y a la investigación realizada por Carmen Casas Martínez en su obra Arguisuelas y su Iglesia.
Sin embargo, para reconstruir esta tradición no solo han sido importantes los documentos. La memoria de los vecinos ha resultado fundamental para recordar cómo se vivía una celebración que durante generaciones formó parte de la identidad del municipio.

Entre quienes han contribuido a reconstruir la memoria de esta tradición se encuentra Carlos Arteche, que ha compartido con El Digital de Cuenca, los recuerdos transmitidos por su abuelo materno, uno de los vecinos que llegó a conocer la romería cuando todavía formaba parte de la vida cotidiana del pueblo. «Mi abuelo me contaba cómo se celebraba cuando él era niño. Mi padre también era de Arguisuelas y siempre escuché esa historia en casa.»
Santa Isabel marcaba el calendario del pueblo
Según recuerda Arteche, la imagen de Santa Isabel tenía un recorrido que marcaba el calendario religioso del municipio. Cada mes de julio, coincidiendo con la época de la siega, la santa era trasladada desde la iglesia parroquial hasta su ermita, situada a las afueras de la localidad, junto al cementerio, donde permanecía durante todo el verano. «La bajaban en julio, coincidiendo con la época de la siega, y permanecía allí durante todo el verano. Después, en octubre, cuando se celebraba la Virgen del Rosario, iban a recogerla. Subían en procesión la Virgen del Rosario y Santa Isabel juntas hasta la iglesia del pueblo.»
Desde octubre y hasta el verano siguiente, la imagen permanecía en la iglesia parroquial. Aquella costumbre organizaba el ciclo anual de la localidad y reunía también a vecinos de otros pueblos cercanos, convirtiendo la romería en una cita muy esperada.

La tradición oral recuerda además que durante esos meses Santa Isabel era conocida popularmente como «La Rastrojera», un nombre ligado al tiempo del rastrojo, cuando finalizaban las labores de la cosecha.
Para Carlos Arteche, la celebración dejó de realizarse hace alrededor de setenta años, aunque nunca desapareció de la memoria colectiva. «Había gente mayor en Arguisuelas que todavía se acordaba perfectamente de aquella romería. Siempre se hablaba de ella.»
La tradición volvió a hacerse realidad
Ese recuerdo dejó ayer de pertenecer únicamente al pasado. Desde primera hora de la mañana, vecinos, antiguos residentes y visitantes participaron en la recuperación de la Romería de Santa Isabel, recorriendo nuevamente el camino histórico entre la iglesia parroquial y la ermita. Un trayecto que durante décadas permaneció en silencio y que volvió a llenarse de emoción, reencuentros y devoción. Tras la procesión se celebró la eucaristía en la ermita, recuperando uno de los actos centrales de esta antigua tradición.

La jornada continuó con la presentación oficial de la Asociación Cultural Santa Isabel, entidad que ha impulsado la recuperación de la romería, y con la entrega del libro Arguisuelas y su Iglesia, de Carmen Casas Martínez, una publicación que recoge buena parte de la historia religiosa y patrimonial del municipio y que ha servido de base para rescatar esta celebración.
Después llegó el momento de compartir una comida popular entre vecinos y visitantes antes de cerrar la jornada con un tardeo flamenco, poniendo el broche a un día en el que el patrimonio, la convivencia y la emoción caminaron de la mano.
Mucho más que recuperar una procesión
Para Carlos Arteche, asistir a esta recuperación ha supuesto comprobar que aquellas historias que escuchó durante toda su vida han dejado de ser únicamente un recuerdo.

Lo que durante décadas sobrevivió gracias a la memoria de los mayores vuelve ahora a formar parte de la vida de Arguisuelas. La recuperación de la Romería de Santa Isabel no supone únicamente rescatar una celebración religiosa. Significa devolver al pueblo una parte de su identidad y demostrar que las tradiciones pueden renacer cuando existe una comunidad decidida a conservarlas y transmitirlas a las nuevas generaciones.
Ayer, más de medio siglo después, el camino entre la iglesia y la ermita volvió a llenarse de pasos. Y con ellos regresó una tradición que nunca había desaparecido del todo, porque seguía viva en la memoria de quienes la habían heredado.