Hablar de Datchball en Cuenca es hablar inevitablemente de Jaime Romero. Lo que comenzó en 2017 como una apuesta novedosa dentro del CEIP Ciudad Encantada se ha transformado, menos de una década después, en un movimiento deportivo que reúne a cientos de escolares, cuenta con una competición consolidada y ha situado a la provincia como una referencia nacional fuera de Aragón, cuna de esta disciplina.
Director del CEIP Ciudad Encantada y uno de los grandes impulsores de este deporte en Castilla-La Mancha, Romero recuerda con satisfacción los inicios de una aventura que pocos imaginaban que alcanzaría tal dimensión.
«Conocí el Datchball y vi inmediatamente su potencial educativo»
¿Cómo llega el Datchball a Cuenca?
Fue en 2017 cuando arrancamos con la propuesta del Datchball en Cuenca. Conocí este deporte en un curso de formación para docentes y enseguida vi que tenía algo diferente. No dudé en ponerme en contacto con Roberto Navarro, su creador, para conocer mejor el proyecto y valorar cómo podíamos introducirlo en nuestros centros educativos.
¿Cuál fue el primer paso?
Ese mismo año comenzamos organizando varios torneos escolares e implantamos la actividad extraescolar en el CEIP Ciudad Encantada. La respuesta fue extraordinaria desde el primer momento. De hecho, se convirtió en la actividad extraescolar con mayor participación del centro, alcanzando los 55 alumnos inscritos.

De una actividad escolar a un referente provincial
Lo que nació en un único colegio pronto comenzó a extenderse por la ciudad y posteriormente por toda la provincia. La fórmula combinaba competición, diversión y una fuerte apuesta por los valores educativos.
¿Cuándo percibieron que aquello podía crecer mucho más?
Prácticamente desde los primeros años. Cuenca fue la ciudad que más impulsó el Datchball fuera de Aragón y también la primera que creó un club específico fuera de esa comunidad autónoma. Eso nos permitió organizar mejor la estructura, dar continuidad al proyecto y llegar a más centros. Hoy la competición local supera los 70 equipos y reúne a más de 900 escolares, cifras que convierten a Cuenca en uno de los grandes referentes nacionales de este deporte.
Un crecimiento basado en el trabajo diario
Detrás de los números existe una labor constante que va mucho más allá de la organización de partidos.
¿Cuál ha sido la clave de este crecimiento?
El trabajo de base. Hemos introducido el Datchball en numerosos centros educativos mediante actividades extraescolares y gracias a la implicación del profesorado de Educación Física. Además, durante los dos últimos años hemos impulsado diferentes cursos de formación en colaboración con la Federación Aragonesa de Datchball. Estos cursos han permitido que Cuenca cuente ya con alrededor de quince monitores y árbitros titulados, preparados para transmitir los valores que caracterizan a este deporte.
¿Qué diferencia al Datchball de otras modalidades?
Tiene una filosofía muy especial. Es el único deporte en el que la puntuación por juego limpio puede influir directamente en el resultado final. Eso hace que los valores de respeto, compañerismo y deportividad formen parte esencial de la competición.
Los éxitos deportivos, consecuencia de una gran estructura
Los recientes resultados obtenidos por los equipos conquenses en campeonatos regionales y nacionales son el reflejo de años de trabajo silencioso.
¿Cómo valora los logros conseguidos esta temporada?
Son una enorme satisfacción, pero también una consecuencia natural del trabajo realizado durante muchos años. Cuando existe una base sólida, buenos entrenadores, profesorado implicado y una competición estable, los resultados terminan llegando. Los éxitos obtenidos recientemente en Teruel son la muestra de que Cuenca está haciendo las cosas muy bien.

¿A quién habría que agradecer especialmente este crecimiento?
A las familias. Su implicación diaria es fundamental. Son quienes acompañan a los jugadores, quienes apoyan los desplazamientos y quienes hacen posible que los niños y niñas puedan disfrutar de este deporte. Son el auténtico motor de la gran familia del Datchball.
Mirando al futuro
Pese a los importantes avances conseguidos, el proyecto continúa creciendo y afronta nuevos retos.
¿Qué necesita ahora el Datchball en Cuenca?
La colaboración institucional que hemos ido recibiendo, especialmente por parte de la Junta, ha sido muy importante y nos ha permitido seguir avanzando. Estamos muy agradecidos por ello. Sin embargo, para continuar creciendo sería positivo contar con un respaldo aún más firme y estable que ayude a consolidar todo el trabajo realizado.
Después de todo lo conseguido, ¿qué es para usted el verdadero éxito?
Más allá de los títulos o los resultados deportivos, el verdadero éxito es comprobar la gran acogida que el Datchball ha tenido entre los profesores de Educación Física y la enorme cantidad de alumnos que cada año quieren participar. Eso demuestra que es un deporte que engancha, que educa y que tiene un enorme futuro dentro del deporte escolar.
El hombre que apostó por un deporte desconocido
Nueve años después de aquella primera iniciativa en el CEIP Ciudad Encantada, el balance es incontestable. Cuenca se ha convertido en uno de los principales bastiones del Datchball en España, un logro que difícilmente puede entenderse sin la visión y la perseverancia de Jaime Romero. Cuando pocos conocían este deporte, él decidió apostar por su potencial educativo y deportivo. Lo hizo más allá de las paredes de su propio centro, extendiendo el proyecto por toda la ciudad y posteriormente por la provincia. Hoy, miles de escolares han descubierto el Datchball gracias a aquel convencimiento inicial que se transformó en una realidad consolidada.
La temporada concluye con excelentes resultados y con la certeza de que el Datchball seguirá creciendo en Cuenca. Porque detrás de cada éxito deportivo existe una estructura sólida, años de trabajo y personas que creen en un proyecto. Y en esa historia, Jaime Romero ocupa un lugar fundamental como el gran pionero del Datchball conquense.
