Una de las pocas ganaderías de reses bravas que aún hace trashumancia en España pasará por este pueblo de Cuenca

El municipio de Huélamo acoge el paso de una de las últimas ganaderías bravas trashumantes en activo en España


El eco de los cencerros y el crujido de las pezuñas rompen el silencio de la Serranía. Por los senderos ancestrales que desafían el mapa, avanza un río de bravura y tradición, guiado por manos expertas que perpetúan el milenario arte de la trashumancia en busca de los frescos pastos de verano. Hay un rincón expectante, suspendido en el tiempo, que aguarda con la respiración contenida la llegada de esta espectacular comitiva.

Se trata del municipio conquense de Huélamo, que se prepara para recibir en las próximas horas el paso de la ganadería brava de Alicia Chico. Las reses atravesarán el Cordel de Huélamo dentro de su recorrido estacional, reviviendo una de las estampas más auténticas y puras del pastoreo de nuestro país.

Se trata de una de las imágenes más singulares del calendario ganadero en el interior peninsular: un desplazamiento a pie de reses bravas por vías pecuarias históricas, en plena conservación de una práctica que ha modelado durante siglos el paisaje rural español.

Una parada junto al Júcar en plena ruta ganadera

Según la información facilitada por el Ayuntamiento a través de sus redes sociales, el ganado realizará una parada de descanso en los prados situados junto al puente de Huélamo, sobre el cauce del río Júcar. Allí, los animales permanecerán unas horas antes de reanudar la marcha en dirección a los pastos de verano, siguiendo el trazado tradicional de las vías pecuarias.

Huélamo (Cuenca) / Foto: Turismo JCCM

El itinerario forma parte de una ruta de larga distancia en la que las reses avanzan a pie en etapas diarias de alrededor de 20 kilómetros, durante un periodo que supera el mes de duración. Un ritmo pausado, condicionado por el terreno, la climatología y la propia naturaleza del ganado, que convierte el desplazamiento en un proceso logístico complejo y altamente especializado.

Una práctica ancestral en retroceso

La trashumancia —entendida como el desplazamiento estacional del ganado entre zonas de pasto en función del clima y la disponibilidad de recursos— es una de las prácticas ganaderas más antiguas del Mediterráneo. A través de cañadas, cordeles y veredas, los rebaños han recorrido históricamente miles de kilómetros siguiendo itinerarios fijos, acompañados por pastores que conocen al detalle el territorio y sus recursos.

Más allá de su dimensión económica, la trashumancia ha sido considerada un sistema de equilibrio ecológico: permite el aprovechamiento sostenible de los pastos, la fertilización natural del suelo y la conexión entre ecosistemas distantes. Por ello, ha sido reconocida como trashumancia dentro del conjunto de manifestaciones culturales vinculadas al mundo rural.

En este contexto, su pervivencia en pleno siglo XXI es cada vez más excepcional, especialmente en el ámbito del ganado bravo, donde los modelos de explotación intensiva han sustituido en gran medida los desplazamientos tradicionales.

Un caso único en el ganado bravo

La singularidad de este caso radica en que la ganadería de Alicia Chico es actualmente la única ganadería brava que mantiene activa la trashumancia en España. Según la información disponible, esta explotación conserva la tradición desde 1940, manteniendo un sistema de manejo extensivo que enlaza dos fincas de referencia: “Valle Cabriel”, en Frías de Albarracín, y “Pendoncillos”, en Vilches.

Su origen se vincula a la procedencia ganadera “Arranz”, y su modelo de trabajo se basa en la movilidad estacional del ganado como herramienta de gestión del territorio, selección natural y adaptación del animal al medio.

Foto: Trashumancia/ Ganadería Alicia Chico

Este sistema, que en otros tiempos fue habitual en muchas explotaciones, hoy se ha convertido en una excepción dentro del sector, lo que otorga al recorrido que estos días atraviesa Huélamo un valor añadido tanto desde el punto de vista etnográfico como medioambiental.

Patrimonio vivo y memoria rural

La trashumancia fue reconocida en 2023 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un reconocimiento que subraya su importancia como sistema tradicional de conocimiento, transmisión de saberes y relación sostenible entre ser humano, animales y ecosistemas.

Más allá de su dimensión productiva, constituye un patrimonio cultural vivo: los conocimientos sobre manejo del ganado, lectura del territorio, uso de caminos históricos o cuidado de los animales se transmiten de generación en generación en el propio desarrollo de las jornadas de marcha.

En ese sentido, el paso de la ganadería por Huélamo no es solo un desplazamiento ganadero, sino también una puesta en escena de un modo de vida en vías de desaparición, que todavía sobrevive en algunos puntos del interior peninsular.

Un acontecimiento de valor territorial

Para Huélamo y su entorno, el paso de este rebaño supone también un acontecimiento de interés local, al recuperar la presencia de animales en tránsito por vías pecuarias que durante siglos fueron auténticas autopistas ganaderas de la península.

Foto: Huélamo/ Ayuntamiento de Huélamo

La escena —el ganado cruzando el cordel, el descanso junto al río y la reanudación de la marcha hacia los pastos estivales— resume en pocas horas un proceso que forma parte de la historia económica, social y cultural del territorio.

Con este nuevo desplazamiento, la ganadería de Alicia Chico vuelve a poner en primer plano una práctica que, aunque hoy minoritaria, sigue siendo uno de los símbolos más potentes de la relación histórica entre el campo, el paisaje y la ganadería extensiva en España.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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