La Asociación de Vecinos del Casco Antiguo de Cuenca reconocerá este viernes a José Eugenio Caracena Racionero por su trayectoria al frente de una carnicería familiar con más de un siglo de historia. Cuatro generaciones, una plaza y una vida entera dedicada al barrio en un homenaje que llega en el marco de las fiestas del solsticio de verano.
El viernes 19 de junio, el Mirador de Ronda acogerá uno de los actos más emotivos de las fiestas del Casco Antiguo. La Asociación de Vecinos rendirá homenaje a dos vecinos muy vinculados a la vida social del barrio, entre ellos José Eugenio Caracena, carnicero de profesión y referente de la Plaza Mayor de Cuenca. «Es una satisfacción en la verdad, hacer un barrio que te vio nacer, crecer y parte de lo que soy se lo debo a él», expresa emocionado el homenajeado.

El reconocimiento llega tras décadas de presencia constante en el barrio, donde la familia Caracena ha mantenido abierta una carnicería en la subida de Alfonso VIII, que forma parte de la memoria colectiva del Casco Antiguo.
Cuatro generaciones detrás del mostrador
La historia de la carnicería se remonta a 1933, cuando comenzó su abuelo. En 1953 tomó el relevo la siguiente generación, en 1993 lo hizo José Eugenio, y actualmente continúa su hijo Rubén. «Cuatro generaciones regentando la carnicería de Alfonso VIII», resume con orgullo. A sus 65 años, el homenajeado hace balance de una vida entera vinculada a un oficio que ha cambiado profundamente con el paso del tiempo.
Un barrio que ha cambiado
José Eugenio recuerda con cariño sus primeros años en el Casco Antiguo, una etapa que define como cercana y comunitaria. «Recuerdos todos buenos, era una gente súper humilde y buena», señala. Sin embargo, reconoce que el barrio ha evolucionado de forma notable: «La vida ha cambiado y ya es peor. Antes era una gran familia, ahora eso se terminó».

La pandemia, el recuerdo más duro
Entre todos los momentos vividos, destaca especialmente la pandemia. «Se pasó francamente mal, muy mal. Trabajamos, pero la gente tenía mucho miedo», recuerda. A pesar de las dificultades, el negocio logró mantenerse activo durante aquel periodo crítico.
Fiestas del barrio y convivencia
Sobre las fiestas del Casco Antiguo, asegura que las vive con gusto, aunque reconoce que el paso del tiempo se nota. «Me gustan todas, no tengo elección», afirma. No obstante, admite que San Mateo resulta más exigente con los años: «Ya te va dejando a un lado». También señala que la actividad festiva puede resultar incómoda para algunos vecinos, aunque lo asume con naturalidad: «Se descansa poquito y mal, pero a mí me gustan todas».
Menos vecinos y nuevos problemas
El comerciante también apunta a uno de los grandes cambios del barrio: la pérdida de población. «Se nota que hay menos gente viviendo en la plaza», explica. Esta situación repercute, según señala, en problemas como el aparcamiento o la accesibilidad en una zona con edificios antiguos y sin ascensor en muchos casos.
El patrimonio, entre protección y dificultad
Otro de los temas que aborda es la declaración de patrimonio del Casco Antiguo. «Desde que hicieron patrimonio prácticamente no puedes hacer nada sin permisos», afirma. Aunque valora la protección del entorno histórico, critica la rigidez de algunas normativas que dificultan la vida diaria de los vecinos.

Una vida que continúa en el negocio familiar
Aunque está jubilado, José Eugenio sigue muy vinculado a la carnicería familiar. «Subo de vez en cuando, echo una vueltecilla y me entretengo», comenta. Su hijo ha asumido el relevo, manteniendo vivo un oficio que ha evolucionado con los años. «Las carnicerías ya han cambiado mucho… ahora la gente quiere todo más cómodo», reflexiona.
El homenaje a José Eugenio Caracena reconoce mucho más que una trayectoria profesional: representa la historia viva del Casco Antiguo de Cuenca. Cuatro generaciones de una familia, un oficio tradicional y un barrio que ha cambiado profundamente, pero que sigue guardando la memoria de quienes lo han construido día a día desde detrás de un mostrador.
