La idea llegó como suelen llegar las cosas importantes en los pueblos: sin anuncio, sin programa, casi sin nombre todavía. Un mapa del término municipal de Palomera colocado en el centro social, unas cuantas personas alrededor señalando parajes, corrigiendo nombres, reconociendo caminos. Y de pronto, algo más que conversación. «La gente empezó a participar, a aportar ideas… y pensé que era el momento«, recuerda Felipe Vadillo Almagro, coordinador de la revista Zarzarihuela, en conversación con este periódico.
Desde Madrid, donde vive y trabaja, llevaba años dándole vueltas a una idea que nunca terminaba de concretarse. Una revista que recogiera la historia, las costumbres y la memoria de Palomera y Molinos de Papel. Pero el impulso definitivo no llegó en la distancia, sino en aquel gesto sencillo: un mapa colgado en una pared y un pueblo reconociéndose a sí mismo. Así nació Zarzarihuela, una revista vecinal que hoy, apenas tres números después, ha conseguido algo poco habitual: que un pueblo se escuche a sí mismo antes de que el tiempo lo silencie.
Un nombre nacido del territorio
El proyecto tomó el nombre de un paraje local, Zarzarihuela, cuyo origen exacto sigue siendo incierto. «No hemos encontrado referencias fuera del pueblo. Probablemente sea una deformación dialectal antigua«, explica Vadillo Almagro. El nombre condensa la identidad de un territorio que ha sobrevivido más en la oralidad que en los archivos.
Cuando un pueblo abre sus cajones
El primer número se elaboró con apenas cinco impulsores y dos colaboradores externos. La intención era comprobar si el pueblo respondía. La respuesta superó cualquier previsión. «Los vecinos han abierto los cajones donde guardaban sus recuerdos«, relata Vadillo Almagro. «Han salido historias que no conocíamos, fotografías, documentos… incluso relatos vinculados con Cuenca y antiguas hermandades religiosas«. Aquello que empezó como una revista local se transformó en un archivo inesperado de memoria compartida.

De cinco impulsores a una red de colaboradores
La evolución del proyecto ha sido rápida y orgánica. En el primer número participaron apenas cinco impulsores junto a dos colaboradores externos. En el segundo número fueron 18 colaboradores y en el tercero la cifra ascendió a 20. «Todavía no nos creemos la repercusión que ha tenido«, reconoce el coordinador. «No éramos conscientes de toda la riqueza histórica que había en un pueblo tan pequeño«. La revista ha pasado de ser un experimento vecinal a convertirse en un espacio de producción colectiva de memoria.
Una historia que no parecía historia
Palomera y Molinos de Papel comparten un pasado industrial y social que durante años ha permanecido en segundo plano. «A veces parece que Palomera no tiene historia, pero sí la tiene, y mucha«, subraya Vadillo Almagro. Entre sus páginas aparecen referencias a molinos de papel, antiguas fábricas, procesos industriales históricos e incluso episodios vinculados a la ciudad de Cuenca.
Escribir sin permiso previo
Uno de los principios de Zarzarihuela es su carácter abierto. No hay filtros estrictos ni criterios académicos. «No hemos querido hacer una revista antropológica ni académica. Aquí tiene cabida todo el mundo«, explica el coordinador. «Puede escribir cualquiera, con más o menos experiencia. No hemos vetado a nadie«. Esa apertura ha permitido la incorporación de textos de vecinos que nunca antes habían publicado.
La memoria que vuelve en forma de palabras
Entre las aportaciones más emotivas figura la historia de una mujer que aprendió a escribir de forma autodidacta. «Su hija nos envió sus textos. Nos contó que su madre nunca fue a la escuela y aprendió sola a escribir«, relata. El hallazgo refuerza el carácter emocional del proyecto: no solo rescata historia, sino vidas concretas.

El día en que el pueblo llenó la sala
La primera presentación tuvo lugar en la Casa de las Marionetas de Palomera. Era mediados de enero y el ambiente no acompañaba: un día desapacible, propio del invierno en la Serranía. «Pensábamos que no iba a venir nadie«, recuerda. Sin embargo, acudieron cerca de sesenta personas. La revista, de más de 80 páginas, se convirtió en un espejo inesperado: vecinos reconociéndose en fotografías, nombres y recuerdos.
Un proyecto que también es pertenencia
Vadillo vive en Madrid, pero su vínculo con Palomera es profundo. «Tengo lazos familiares y sentimentales. Solo me falta vivir allí y haber nacido allí«, explica. Una idea resume el espíritu del proyecto: la pertenencia no siempre depende del lugar de residencia.
Zarzarihuela: una revista para cualquier pueblo
Aunque centrada en Palomera y Molinos de Papel, la revista aspira a ser reconocible más allá de su territorio. «Cualquiera que la lea puede identificarse con su propio pueblo«, señala. La memoria rural comparte un mismo lenguaje emocional.
Escribir para no desaparecer
En el cierre del proyecto, la memoria deja de ser solo un ejercicio de recuerdo para convertirse en una forma de continuidad. Se atribuye al emperador Marco Aurelio la frase: «Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces». A partir de ella, Felipe Vadillo Almagro añade una reflexión que resume el espíritu de Zarzarihuela: «Dejar constancia de esos recuerdos, para muchos, puede representar muchas más vidas. Si conseguimos recuperar la memoria y dejarla por escrito, las generaciones futuras podrán entender de dónde vienen y aprenderán a querer nuestro pueblo como lo hacemos nosotros».

En esa idea se condensa el sentido último del proyecto: no solo recordar, sino transmitir. No solo escribir sobre un pueblo, sino asegurar que el pueblo siga existiendo en la memoria de quienes vendrán después.
