La celebración de Nuestra Señora de la Luz dejó este domingo una de las imágenes más llamativas de la jornada en Cuenca. Los Bomberos del Ayuntamiento rindieron homenaje a la patrona de la ciudad colocando un ramo de flores en la escultura situada en la roca junto al río Júcar, una actuación realizada con los medios propios de su trabajo y que fue seguida por numerosos vecinos y visitantes.
Un homenaje a la altura de quienes velan por la ciudad
La escena volvió a captar todas las miradas. Aprovechando la celebración de la festividad de la Virgen de la Luz, los bomberos conquenses realizaron una maniobra de acceso mediante cuerdas para alcanzar la imagen pétrea de la patrona situada bajo la iglesia que lleva su nombre.
Desde la zona de trabajo, los efectivos aseguraron la intervención y ascendieron hasta el punto donde se encuentra la escultura, protagonizando una imagen que combina tradición, devoción y la destreza técnica de un cuerpo acostumbrado a intervenir en entornos complejos. El gesto dejó una de las imágenes más destacadas de la jornada festiva, al ofrecer una perspectiva diferente de la relación entre la ciudad y su patrona.
La imagen que vigila el Júcar
La escultura de Nuestra Señora de la Luz se encuentra en una pequeña gruta excavada en la roca, a los pies de la iglesia y junto al cauce del Júcar. Su ubicación forma parte de uno de los rincones más reconocibles del paisaje urbano conquense.
Aunque la imagen actual es relativamente reciente, el lugar está estrechamente vinculado a la tradición popular sobre el origen de la devoción a la Virgen de la Luz. Según los relatos transmitidos durante siglos, fue en este entorno donde se produjo el hallazgo de una imagen mariana tras la conquista cristiana de Cuenca en 1177. Los historiadores consideran estos episodios dentro del ámbito de la tradición religiosa, pero lo cierto es que han contribuido a forjar una de las devociones más arraigadas de la ciudad.

Una patrona ligada a la historia de Cuenca
La tradición también relaciona a la Virgen de la Luz con la figura de Martín Alhaja, el pastor que habría ayudado a las tropas de Alfonso VIII durante la conquista de la ciudad. Aquellos relatos dieron origen a una veneración que ha atravesado generaciones y que convirtió a Nuestra Señora de la Luz en patrona de Cuenca. Junto al puente de San Antón, la iglesia dedicada a la Virgen continúa siendo uno de los principales centros de peregrinación y culto de la capital conquense, especialmente durante las celebraciones que cada año reúnen a cientos de fieles.
Una imagen que habla por sí sola
Con la colocación del ramo concluyó uno de los momentos más simbólicos de la festividad de la Virgen de la Luz. Una imagen sencilla pero cargada de significado que, un año más, volvió a reunir tradición, devoción y el reconocimiento de la ciudad a su patrona.
