El pueblo ideal para comer la mejor paella y perderse en Cuenca: un rincón donde cocina un bicampeón del mundo

Un municipio con poco más de 500 habitantes situado en la comarca de la Mancha Baja

Hablar de Julián García es hacerlo de una auténtica leyenda de los arroces. Este maestro paellero natural de Cuenca ha conseguido algo que nadie más ha logrado. Ha ganado en dos ocasiones el prestigioso Concurso Internacional de Paella de Sueca, considerado el campeonato mundial de este icónico plato.

Lo hizo en 2013 y volvió a repetir triunfo en 2015, convirtiéndose en el único cocinero capaz de alzarse dos veces con el máximo reconocimiento internacional de la paella valenciana.

Cada año, cientos de personas llegan hasta Santa María del Campo Rus para probar una receta elaborada siguiendo al detalle la tradición valenciana más estricta. El certamen de Sueca obliga a cocinar únicamente con ingredientes concretos: arroz, pollo, conejo, garrofón, tavella, judías verdes, tomate, ajo, azafrán, aceite, sal y caracoles. Nada más.

Y precisamente ahí reside parte del secreto. «La auténtica paella valenciana se hace con sus ingredientes originales», ha defendido en numerosas ocasiones Julián García, que siempre insiste en evitar experimentos y “echarle de todo”.

«Escuchar» a la paella

Tras toda una vida dedicada a la gastronomía, Julián García asegura que el gran secreto de una buena paella está en cocinar «con mucho amor». Pero también en saber interpretar el plato mientras se cocina. «El aroma, el color o incluso el sonido» son fundamentales para entender qué necesita el arroz en cada momento, ha explicado en distintas entrevistas.

Para este maestro paellero, controlar el fuego y mantener la calma son dos reglas fundamentales para alcanzar la perfección en un plato aparentemente sencillo, pero tremendamente difícil de ejecutar. Gracias a esa filosofía, la Posada Real de Santa María se ha convertido en un referente gastronómico que trasciende las fronteras de Castilla-La Mancha y atrae visitantes desde distintos puntos de España.

Un pueblo con alma manchega

Pero Santa María del Campo Rus es mucho más que paella. Este pequeño municipio de poco más de 500 habitantes conserva intacta la esencia rural de la Mancha conquense. Situado en la comarca de la Mancha Baja y a 796 metros de altitud, el pueblo sorprende por sus amplias calles, sus casonas blasonadas y el ambiente tranquilo que se respira en cada rincón.

Pasear por la localidad es descubrir una estampa serena donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo. Entre sus principales atractivos destacan la Ermita de Nuestra Señora del Amparo, rodeada de jardines y antiguo hospital de sangre durante conflictos bélicos, así como la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, situada en la Plaza Mayor.

También sobresalen los restos del antiguo Convento de los Trinitarios, construido en el siglo XVIII, y la casa donde falleció el poeta Jorge Manrique, hoy convertida en el Museo-Centro de Estudios Manriqueño.

Naturaleza, historia y gastronomía

Los alrededores de Santa María del Campo Rus invitan igualmente a disfrutar de la naturaleza manchega. Caminos rurales, olivares, campos de cereal y rutas de senderismo o ciclismo permiten descubrir un paisaje abierto y lleno de tranquilidad.

En primavera, el entorno se impregna del aroma a tomillo y romero. En otoño, los campos se tiñen de tonos dorados que convierten cualquier paseo en una experiencia especial. Todo ello acompañado de una gastronomía donde tampoco faltan otros grandes clásicos manchegos como las migas, las gachas, el pisto, los quesos o los vinos de la tierra.

María López

Graduada en Periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha. He pasado por Cadena SER, Castilla-La Mancha Media y El Español.
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