Lo que comenzó como un proyecto para modernizar y embellecer una de las arterias principales de un pueblo de Cuenca se ha convertido en una fuente de conflicto. La decisión del Ayuntamiento de convertir la calle de la Iglesia en una vía de sentido único tras su renovación ha generado una notable movilización vecinal en contra, una reacción que ha sorprendido al equipo de gobierno.
El alcalde de El Picazo, José Miguel Collado, ha explicado a este medio los detalles de una controversia que mantiene divididos a los habitantes de esta localidad conquense de cerca de 700 habitantes.
Un proyecto para modernizar y dar fluidez
La iniciativa surgió de la necesidad de arreglar la calle de la Iglesia, una vía céntrica que alberga comercios, el Ayuntamiento y la propia iglesia, y que presentaba un «deterioro considerable». Según el alcalde, la calle, con tramos muy estrechos donde apenas cabe un vehículo, sufría constantes colapsos, especialmente en verano. «Decidimos arreglarla y dejarla de un sentido», afirma Collado.
El proyecto, incluido en el Plan de Obras y Servicios (POS) 2026-2027 y dotado con una subvención de 60.000 euros de la Diputación, contempla la creación de una acera peatonal ancha, la eliminación de bordillos para mejorar la accesibilidad y una calzada de 3,20 metros. El objetivo, según el consistorio, es «darle más fluidez al tráfico» y mejorar la seguridad.
La reacción vecinal y la «sangre» política
La polémica estalló cuando la obra ya estaba avanzada. Un sector de los vecinos, al percatarse de que la calle sería de un solo sentido, mostró su desacuerdo. «Opinan que va a ser peor, que tienen que estar callejeando por las calles del pueblo», explica el alcalde. Este grupo ha recogido firmas y acusa al Ayuntamiento de falta de transparencia.
La respuesta vecinal: firmas y críticas al proyecto
Los vecinos afectados denuncian que la decisión se tomó sin consenso previo con la población. “El Ayuntamiento ha llevado a cabo la obra sin contar con el pueblo. Aquí ha sido ‘yo ordeno, yo mando’”, afirma Andrés Pérez, propietario de un supermercado local e impulsor de la recogida de firmas.
Los residentes argumentan que la medida, lejos de mejorar la circulación, provocará un “colapso” en determinadas fechas de gran afluencia de visitantes, especialmente durante verano, puentes y festividades. Señala además que las calles alternativas son estrechas y que el nuevo sentido obligará a desviar tráfico y vehículos pesados por vías menos preparadas.

“Los camiones se encallan en las calles del pueblo porque el señor alcalde ha decidido que callejeen por las calles estrechas”, sostiene Pérez, quien asegura que algunos negocios ya están notando las consecuencias.

En apenas una semana, el grupo vecinal reunió más de 260 firmas solicitando al Ayuntamiento que reconsidere la medida.

El alcalde también matiza las cifras de la recogida de firmas presentada por los vecinos. Según explica, el Ayuntamiento ha revisado una por una las rúbricas aportadas y asegura que únicamente 109 corresponderían a personas censadas en El Picazo de las más de 260 aportadas. “Yo respeto la opinión de cada uno, pero lo que no puede ser es dejar las hojas de firmas en un bar y que firme cualquiera, incluso gente de pueblos de al lado. Para nosotros esas firmas no son válidas”, afirma.
La propuesta vecinal no pasa por paralizar las obras, sino por modificar el sistema de circulación previsto. Los vecinos plantean mantener ambos sentidos mediante una circulación preferente y eliminar los aparcamientos en la vía para ganar espacio y fluidez.
“Está bien que arreglen la calle, las aceras (…) pero lo único que hay que hacer es hacer la calle en sentido preferente”, defiende. La postura del alcalde, descrita por los vecinos como inflexible y una «cabezonería», ha agravado el conflicto.
Legalidad, política y un punto de no retorno
Collado defiende la legalidad y publicidad del proceso. «Hemos hecho todos los cauces legales. Todo se aprobó en pleno. Los plenos son públicos y son grabados», subraya, asegurando que «aquí no se ha ocultado nada». De hecho, recalca que la decisión fue aprobada por unanimidad, incluyendo el voto a favor de la oposición.
Sin embargo, la situación ha tomado un cariz político. «Como ha visto que hay un sector de vecinos que se me han puesto en contra, pues ahora la oposición se me pone en contra también», lamenta el alcalde, quien relata que un concejal de la oposición ha intentado cambiar su voto afirmativo del año pasado, algo que no es posible.
El alcalde asegura que, si la oposición vecinal se hubiese producido antes de ejecutar el proyecto, el Ayuntamiento habría podido replantear la medida o incluso mantener la situación anterior. Sin embargo, explica que ahora mismo dar marcha atrás resulta complicado una vez iniciadas las actuaciones. “Si esto me surge antes, cuando estábamos con el proyecto, yo sí doy marcha atrás. Si mis vecinos no quieren una cosa, lo respetaría y buscaríamos otra manera de hacerlo”, señala.
La principal preocupación de los vecinos disconformes es el cambio en sus rutinas. «¿Por qué si he bajado toda la vida por aquí, por qué no voy a poder bajar?», es la pregunta que le trasladan al alcalde. Sin embargo, el equipo de gobierno insiste en que existen múltiples alternativas. «Tenemos varias calles paralelas para volver», asegura Collado, desmintiendo que no exista un «plan B».
Para los vehículos pesados, como los camiones de reparto, también se ha previsto una ruta alternativa a través de una pista en las afueras del pueblo. Aunque suponga dar una vuelta mayor, el alcalde insiste en que es una solución viable en un municipio del tamaño de El Picazo.
Ante la petición de revertir la decisión, la respuesta del Ayuntamiento es tajante: es inviable. «No me puedo echar para atrás porque la obra está terminando», explica Collado. Si el proyecto final no coincide con lo aprobado, la Diputación no abonará la subvención de 60.000 euros. «Si doy marcha atrás, todo lo que hay hecho de obra lo tenemos que pagar con las arcas del ayuntamiento y la subvención la perdemos», sentencia. Esto, sumado al coste de revertir los trabajos ya hechos, supondría un golpe económico inasumible para el consistorio.
Un mensaje de tranquilidad
A pesar de que el alcalde ha recibido a los vecinos, estos describen los encuentros como infructuosos. «Nos ha oído nuestras quejas, pero no nos ha escuchado», sentencian, comparando la experiencia con «hablar con la pared». La sensación general en el pueblo es de frustración y abandono. «Es muy triste, pero hoy en día sigue habiendo dictaduras», comenta Pérez.
Con las obras en marcha y las posturas tan enfrentadas, el futuro de la movilidad en El Picazo es incierto. Los vecinos llegados a este punto han perdido la esperanza a pesar de que trasladan exploraron distintas vías, como la posibilidad de realizar una votación a través de la aplicación municipal ‘Bando Móvil’ para que sea la mayoría la que decida. Mientras tanto, la fractura entre el Ayuntamiento y una gran parte de sus ciudadanos se hace cada vez más profunda, dejando en el aire la pregunta de si es posible encontrar una solución que concilie la legalidad administrativa con la voluntad popular.
A pesar de la tensión, el alcalde quiere enviar un «mensaje de tranquilidad» a sus vecinos. Pide confianza en un proyecto que, asegura, «va a quedar precioso» y mejorará la calidad de vida en el pueblo. «Es cuestión de cívicamente acostumbrarnos a ir por un sitio y bajar por el otro», afirma, convencido de que, con el tiempo, la gente se adaptará.
Collado insiste en que no se busca «fastidiar a nadie» y que los vecinos podrán «seguir su día a día con normalidad». El objetivo final, más allá de la estética, es evitar los embotellamientos y, sobre todo, garantizar la seguridad. Por ello, pide a todos que respeten la nueva señalización para evitar accidentes. «Yo no quiero que el pueblo se divida», concluye, esperando que la adaptación al cambio devuelva la calma a El Picazo.