Hace un año, María Moreno Caballero, lograba la calificación más alta de la provincia de Cuenca en las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU), un hito que la puso bajo el foco mediático. La joven de San Clemente obtuvo un 13,825 sobre 14 en la prueba organizada por la Universidad de Castilla-La Mancha.
Ahora, a punto de concluir su primer curso universitario y con la nueva convocatoria de selectividad a la vuelta de la esquina, comparte su experiencia, la transición a la vida académica y ofrece consejos a los estudiantes que se enfrentan a la misma presión que ella vivió.
De Cuenca a Granada: una nueva etapa académica
Tras el éxito en la PAU, Moreno eligió cursar el doble grado de Estudios Ingleses y Filología Hispánica en la Universidad de Granada. La decisión, según explica, se basó en el prestigio de la universidad, el enfoque investigador de su profesorado y la exclusividad del grado, ofrecido en solo cinco universidades de España. «Desde siempre me gustaba muchísimo el inglés», comenta en conversación con este medio, asegurando que tenía clara su vocación.
Su primer año se ha definido por la autonomía: vivir lejos de casa, organizar el día a día y construir una nueva red de apoyo entre amigos. Evitó crearse expectativas rígidas; prefirió “vivir la experiencia y después opinar”. El balance es positivo, con asignaturas más densas y otras que resultan tan estimulantes que “no importa pasar horas estudiándolas”.
A pesar de la dureza de un doble grado con turnos de mañana y tarde, se muestra «muy contenta» con su elección. Este primer año ha sido un «mundo nuevo» que le ha enseñado a vivir lejos de casa y a comprender que la universidad va más allá de «empollar», ofreciendo charlas y foros que complementan el aprendizaje. A diferencia de lo que podría esperarse, no ha notado un cambio drástico en el nivel de exigencia respecto a bachillerato, aunque valora positivamente la opción de superar asignaturas mediante exámenes parciales.
El doble grado habilita caminos en docencia (secundaria, universidad con doctorado), edición y editoriales, traducción e investigación en literatura y lingüística. Menciona el auge de la lingüística computacional y el papel de los filólogos en entrenar asistentes conversacionales y sistemas de procesamiento del lenguaje. Por ahora, Moreno no se cierra a ninguna vía puesto que considera que aún es pronto para definir una especialización.
De este primer año, destaca el descubrimiento de la rama de la lingüística y asignaturas como ‘El Español Actual, Norma y Uso’, que compara la normativa de instituciones como la RAE con el uso real del lenguaje por parte de los hablantes, revelando discrepancias como el uso popular de «pieses» para referirse a los pies, una forma que la norma rechaza pero que está extendida en el habla cotidiana.
La PAU con perspectiva: consejos para futuros estudiantes
Al recordar el momento en que conoció su nota, Moreno lo describe como «una locura». Recibió la noticia mientras se encontraba de viaje post-PAU en Mallorca, una situación que la sumió en un «shock».
Aunque esperaba un buen resultado, no imaginaba alcanzar la máxima calificación. La repentina fama fue «un poco agobiante», con llamadas de periódicos y el reconocimiento constante por la calle, pero también se sintió «muy orgullosa» al ver que «el trabajo y el esfuerzo duro, al final más tarde o más temprano va a dar sus resultados».
Con la distancia que da el tiempo, la joven relativiza la importancia del examen. Aunque reconoce que durante segundo de bachillerato se vive con una presión «muy sofocante», ahora lo ve como «una prueba más, un examen más que vas a tener en tu vida».
Para los miles de estudiantes que se preparan actualmente para la PAU, su principal consejo para los futuros examinados es concebir la preparación como una «carrera de fondo» que se trabaja durante todo el curso. «Por mucho que tú quieras, en las dos semanas que te dan, no te puedes sacar una PAU», asevera. Por lo que asegura que «si no has hecho nada durante el curso es imposible». Recomienda aprovechar las últimas semanas para repasar y asentar conocimientos, en lugar de intentar aprenderlo todo a última hora.
Más agobiante que las dos semanas previas fue, para ella, todo el curso de segundo. Su enfoque para esta prueba fue estudiar de forma sostenida, repasar en cada evaluación y resolver dudas sobre la marcha. En este sentido, recomienda mantener la calma. «Fue llegar al aula, que me dieran el examen, leerlo y ya como que te tranquilizas», recuerda.
Al llegar mayo, ya tenía los contenidos “vistos y leídos”; las dos semanas finales fueron para repasar e interiorizar, no para aprender desde cero.
Advierte contra intentar memorizar al pie de la letra decenas de temas. Propone entender y razonar, construir esquemas, explicar en voz alta y desarrollar ideas con seguridad aunque no coincidan palabra por palabra con los apuntes del profesor. La comprensión robusta resiste mejor los nervios del examen.
Desaconseja los horarios extremos que circulan en redes (jornadas de 6:30 a 23:00). Recomienda planificar con sentido: listar contenidos que pueden entrar, distribuirlos de manera equilibrada y reservar tiempo para repasar y descansar.
Mirando al futuro
A día de hoy, si pudiera volver a junio de 2025, Moreno no duda en que tomaría la misma decisión. A pesar del doble esfuerzo que supone, valora la oportunidad de obtener dos carreras en cinco años en un campo que le apasiona. Sobre su futuro profesional, aún no se ha decidido por una salida concreta, prefiriendo esperar a tener «todo el material para decidirme».
Su mensaje final para los estudiantes es de ánimo: «Que trabajen el mes que les queda, intenten relajar todo lo posible y confiar en ellos mismos». Una recomendación de quien ya ha pasado por ese trance con el mejor resultado posible, demostrando que el esfuerzo, la constancia y una buena gestión de los nervios son la mejor fórmula para el éxito.