¿Puede la experiencia hospitalaria, el trato recibido o el estado de ánimo influir en la intensidad del dolor que siente un paciente con cáncer? Esta es la pregunta central de un ambicioso proyecto de investigación liderado por la enfermera nacida en San Clemente Ana Isabel Alcañiz, recientemente reconocida como finalista en los premios del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC) en la categoría de «Profesional de la salud más relevante en el ámbito oncológico». El estudio, que se desarrolla en varios hospitales de Castilla-La Mancha, pretende desentrañar la compleja relación entre el dolor físico, el bienestar emocional y la vivencia personal del paciente durante su ingreso.
Para Ana Isabel, este reconocimiento es «un orgullo» que da visibilidad no solo a su trabajo, sino al de todo el colectivo de enfermería, a menudo una labor «silenciosa». «Las enfermeras también investigamos, pero investigamos en los cuidados, que no son tan visibles como la búsqueda de una cura», explica. Este proyecto es un claro ejemplo de ello, poniendo el foco en un aspecto fundamental pero poco explorado: la multidimensionalidad del dolor.
El origen: más allá del dolor físico
La idea del estudio surgió en la Unidad de Oncología-Hematología del Hospital de Albacete. Tras implantar en 2017 guías de práctica clínica basadas en la evidencia para el manejo del dolor, el equipo de Ana Isabel notó que, aunque se sistematizó el trabajo y mejoró la valoración, la intensidad del dolor en los pacientes la disminución de este no era tan significativa como se esperaba. «Nos dimos cuenta de que, a pesar de las recomendaciones, el dolor seguía siendo un tema importante», comenta. «Pensamos que debía haber algo más que el componente físico, como la experiencia hospitalaria o el estado anímico».
Esta constatación llevó a la enfermera a plantearse si otros componentes, más allá del físico, estaban influyendo. «En mi práctica clínica había detectado que muchos estados de ansiedad o depresivos que todavía no habían sido diagnosticados podían interferir en la percepción del dolor», señala. La investigación se propuso entonces verificar científicamente esta hipótesis, poniendo el foco en la vivencia personal del paciente, un aspecto clave pero poco explorado en este contexto.
Así nació un proyecto novedoso que combina, por primera vez, el análisis de la intensidad del dolor con la experiencia directa del paciente y su estado emocional. La hipótesis es clara: una mala experiencia durante la hospitalización o un estado de ánimo ansioso o depresivo pueden aumentar la percepción del dolor. «Dependiendo de tu estado anímico, la percepción del dolor es diferente. Si es ansioso o depresivo, tu percepción es más alta», afirma Alcañiz. El estudio busca ahora demostrar científicamente esta conexión también con la experiencia vivida.
Un proyecto regional con impacto internacional
Lo que comenzó como una idea para su tesis doctoral en Albacete, se ha expandido a nivel regional gracias al impulso desde la Dirección General de Cuidados y Calidad del SESCAM. Actualmente, colaboran las Gerencias de Atención Integrada de Cuenca, Ciudad Real y Talavera de la Reina, sumando un equipo de más de 40 profesionales, junto con la Gerencia de Albacete. Se espera recoger un total de 402 encuestas anónimas, un tamaño muestral que dotará a los resultados de una gran solidez y relevancia.

El objetivo es analizar cómo el estado anímico y la experiencia directa del paciente durante su ingreso hospitalario se relacionan con la intensidad del dolor que reporta, una conexión que, según Alcañiz, «no existe en ningún estudio que lo relacione todo».
Las herramientas utilizadas son encuestas validadas internacionalmente que los pacientes rellenan de forma anónima. Estas miden tres aspectos clave:
- Intensidad y manejo del dolor: Preguntas sobre el nivel de dolor y cómo interfiere en su vida diaria.
- Estado de ánimo: Una escala para detectar posibles casos de ansiedad o depresión.
- Experiencia del paciente: Se evalúa la comunicación con los profesionales, el respeto a la intimidad y la información recibida, entre otros.
«Puse el foco ahí porque la experiencia del paciente es clave a la hora de detectar áreas de mejora», afirma Alcañiz.

El estudio, que comenzó su recogida de datos en noviembre de 2024, se encuentra en fase de desarrollo y se espera que finalice a finales de 2026, con la publicación de los primeros resultados y artículos científicos a lo largo de 2027.
Hacia una sanidad más humana y personalizada
Aunque las conclusiones finales aún están por llegar, los datos preliminares analizados en Albacete ya arrojan luz sobre algunos aspectos. Uno de los más llamativos es que las mujeres reportan una mayor intensidad de dolor, un hecho que la bibliografía atribuye a factores biológicos y hormonales. «Esto nos indica que debemos trabajar de manera diferente la educación sanitaria con las mujeres, quizá adelantando la analgesia para que no perciban tanto dolor», señala Ana Isabel.
Los resultados del proyecto podrían traducirse en cambios muy concretos en la práctica clínica:
- Protocolos de analgesia diferenciados según el perfil del paciente.
- Implementación de medidas no farmacológicas como la distracción, la relajación guiada o el mindfulness.
- Formación específica para el personal sanitario en comunicación efectiva, asertividad y empatía para mejorar la experiencia del paciente y, por extensión, de sus familias.
«Cuando tú comprendes, acompañas y humanizas los cuidados, el paciente tolera mejor todo lo demás», concluye Alcañiz.
En definitiva, este estudio no solo busca entender mejor el dolor oncológico, sino que aspira a ser un catalizador para un cambio de paradigma. «Ha cambiado el modelo paternalista donde el médico daba la orden y el paciente aceptaba. Ahora tenemos una sanidad que escucha al paciente», reflexiona Alcañiz. Escuchar, comprender y acompañar son los pilares de una atención sanitaria más humanizada, una sanidad donde el paciente y su vivencia personal se sitúan, finalmente, en el centro de todos los cuidados.
Como concluye Alcañiz, el objetivo final es que los resultados «se apliquen en todas las unidades de pacientes oncológicos para mejorar en esa atención que ellos demandan». Un esfuerzo colectivo para que el camino de la enfermedad sea, en la medida de lo posible, menos doloroso en todas sus dimensiones.
