En Arcas, un pequeño municipio conquense donde las tradiciones aún resisten, Miguel Ángel Valenciano Saiz se ha convertido, en declaraciones a El Digital de Cuenca, en uno de los grandes defensores de los juegos y deportes populares. Lanzador desde niño y heredero de una saga familiar ligada a la barra y la reja, su historia es la de una pasión que no entiende de modas, pero sí de compromiso.
EL ORIGEN: DE LA BARRA A LA BOLA
La relación de Miguel Ángel con estos deportes no es reciente. Viene de lejos, de la infancia, de la familia y de la tierra. «La bola la conocí hace unos tres o cuatro años. La había visto antes, pero nunca había participado porque yo venía del lanzamiento de barra castellana y de reja», explica. El cambio no fue inmediato, pero sí decisivo: «Son disciplinas que requieren mucha fuerza, y llega un momento en que cuesta mantener ese nivel. Así que un día, en las fiestas de Arcas, me animé a probar… y aunque quedé de los últimos, me enganchó completamente».
UNA VIDA MARCADA POR LOS JUEGOS POPULARES
Miguel Ángel no llegó a este mundo por casualidad. «Llevo desde los 10 u 11 años lanzando barra. Mi padre era lanzador, mi abuelo boleaba, también tiraba la barra… lo he mamado desde pequeño». La tradición familiar ha sido clave en su trayectoria, que con los años le ha llevado a competir en distintas disciplinas y territorios, incluida Aragón.

LA BARRA ARAGONESA: SIMILAR PERO NO IGUAL
Sobre las diferencias técnicas entre modalidades, lo tiene claro: «El método de lanzamiento es igual. Lo único es que la barra aragonesa es cónica, más estrecha por arriba que por abajo. El campo de tiro también es más estrecho que el de Cuenca».
MÁS QUE FUERZA: ESTRATEGIA Y LECTURA DEL TERRENO
El lanzamiento de bola sorprende a quien lo ve por primera vez. «Es una bola de hierro de unos 1,3 kilos y cada participante tiene cuatro o cinco tiradas», explica. Pero lo importante no es solo el físico: «No es solo fuerza, es destreza y saber leer el camino: las piedras, las pendientes, las curvas… incluso puedes ‘ahuecar la bola’, levantarla para evitar irregularidades del terreno».
COMPETIR SIN PERDER EL ESPÍRITU
Miguel Ángel no entiende la competición sin valores. «Nosotros vamos sin expectativas, pero vamos a por todas. Con respeto, pero a competir de verdad». Y añade con claridad: «No busco ganar, busco disfrutar, darlo a conocer y que no se pierda«.

UN PRESENTE FRÁGIL PARA LOS JUEGOS TRADICIONALES
El diagnóstico no es optimista. «El circuito de Diputación se mantiene, pero está a camino de desaparecer«, lamenta. El problema principal es la falta de relevo generacional: «Se asocia a deportes de gente mayor, pero si la gente joven los conociera, les llamarían la atención».
EL RETO: ACERCARLOS A LOS JÓVENES
Para Miguel Ángel, la solución es clara: «Fomentarlo, darles visibilidad, ir a institutos, hacer exhibiciones, implicar a los profesores de Educación Física». Incluso propone cambios en el modelo educativo: «En vez de solo badminton o tenis, que hubiera una asignatura de juegos y deportes tradicionales».
ZARAGOZA, FEDERACIÓN Y EL SALTO INTERNACIONAL
La diferencia entre territorios es evidente. «En Aragón tienen federación de juegos y deportes tradicionales. Aquí no hay nada de eso, todo depende de la voluntad de los pueblos». Esa estructura permite incluso pensar en escenarios mayores: «Me comentaron la posibilidad de estar en el Campeonato de Europa de bola en Irlanda en 2027. Es un proyecto, pero ilusiona».
MUJERES, VETERANOS Y CRECIMIENTO LOCAL
Arcas destaca por su participación inclusiva: «Aquí hay categoría masculina, femenina y veteranos. Y mucha participación femenina, algo que en otros sitios no ocurre». En contraste, señala: «En Zaragoza solo hay categoría absoluta».
LA FILOSOFÍA DE UN LANZADOR
Más allá de resultados o récords, Miguel Ángel se queda con lo esencial: «Cada tirada es distinta, no hay récords como tal. Depende del terreno, del día, de las condiciones». Y remata con una idea que resume su forma de entender el deporte: «Lo importante es participar, pasarlo bien y luego competir. Yo me voy igual de contento haya ganado o no».
Miguel Ángel Valenciano Saiz no solo lanza barras o bolas. Lanza también un mensaje claro: la necesidad de mantener vivas unas tradiciones que forman parte de la identidad rural. En su voz no hay nostalgia vacía, sino una convicción firme: si nadie lo cuida, se pierde. Y él no está dispuesto a que eso ocurra.
