Mercadona ha decidido dar un giro a una de las secciones más tradicionales del supermercado: la pescadería. La cadena avanza hacia un modelo sin mostrador clásico, en el que el pescado se ofrece ya limpio, cortado y envasado en bandejas, listo para coger de la vitrina y llevar a casa.
La medida busca agilizar la compra y adaptarse a un consumidor que cada vez valora más la rapidez. Sin embargo, el cambio también supone la pérdida de una parte esencial de la experiencia tradicional: el consejo del pescadero, el corte personalizado y la elección directa de la pieza.
Entre los puntos fuertes, según la empresa valenciana, destaca la comodidad. El cliente evita esperas, no necesita pedir turno y encuentra formatos preparados para cocinar. Además, el envasado facilita la conservación y permite comprar porciones más ajustadas a las necesidades del hogar.
Pero no todo son ventajas. La desaparición del mostrador reduce la atención personalizada, especialmente para quienes valoraban preguntar por la frescura, el origen del producto o la mejor forma de prepararlo. También desaparece la posibilidad de pedir un corte concreto: lomos, rodajas más finas, pescado abierto para horno o piezas adaptadas a una receta específica.
El nuevo sistema puede resultar práctico para compradores con poco tiempo, pero genera dudas entre los consumidores más acostumbrados al trato directo. Para muchos, la pescadería no era solo un punto de venta, sino un espacio de confianza.
Con esta decisión, Mercadona refuerza su apuesta por la eficiencia y el autoservicio. La incógnita ahora es si el cliente aceptará cambiar la cercanía del mostrador por la rapidez de la bandeja.