Cuenca se prepara para una escena poco habitual pero cargada de simbolismo: capotes al hombro cruzando el Puente de San Pablo, toreros caminando entre turistas y piedra centenaria, y niños esperando al otro lado para dar sus primeros pasos en el toreo. No es una imagen del pasado, sino una apuesta de presente.
Un puente entre generaciones
La idea nació sin ruido, casi como nacen las cosas que luego terminan teniendo sentido. Un grupo de aficionados detectó lo que muchos intuían: que el toreo en Cuenca vivía encerrado entre fechas concretas, reducido al calendario de la Feria de San Julián.
«Había un vacío el resto del año», explica Valentín Colmena, vicepresidente del recién creado Círculo Taurino de Cuenca, en declaraciones a El Digital de Cuenca. «Queríamos que la gente no desconectara, que hubiera actividad, pero, sobre todo, enseñar lo que es esto». Porque ahí está la clave. No tanto defender como mostrar. No tanto discutir como acercar. Esa filosofía ha guiado una iniciativa que este domingo vivirá su momento más visible.
Un paseíllo que no es uno más
A las 11:30 de la mañana, en la zona del Parador, comenzará un recorrido que no busca plaza ni faena, pero sí memoria. Una quincena de profesionales —toreros, novilleros, banderilleros— iniciarán un paseíllo simbólico que cruzará el Puente de San Pablo rumbo a la plaza Ciudad de Ronda. No habrá toro. Pero habrá algo que, para muchos, pesa igual: significado. «Es como cruzar hacia el futuro», resume Colmena. «De un lado están los profesionales, del otro los niños». La imagen, si acompaña el día, promete quedarse. Porque pocas veces Cuenca habrá visto su tradición avanzar, literalmente, sobre uno de sus iconos.
El toreo, a ras de suelo
A las 12:00 llegará el momento central: la clase de toreo de salón. Un formato habitual en otras regiones, pero prácticamente inédito en la capital conquense. Más de 40 niños ya se han inscrito. Habrá capotes, sorteos, diplomas. Pero lo importante no será eso. Lo importante será el contacto. «Que puedan hablar con ellos, preguntarles, hacerse fotos…», insiste Colmena. «Que vean que no es algo lejano». Entre los participantes habrá nombres conocidos del ámbito regional, algunos con presencia reciente o inminente en plazas como Las Ventas. Pero aquí no vienen a competir, sino a compartir.
A enseñar sin solemnidad. A acercar sin barreras.
Más allá del debate
En tiempos donde la tauromaquia vive en el filo del debate social, el Círculo Taurino ha optado por un camino menos ruidoso. «Entendemos a quien está en contra», reconoce Colmena. «Pero también pedimos respeto. Esto forma parte de nuestra cultura». Sin confrontación, sin estridencias. La apuesta es pedagógica. Cultural. Casi doméstica. Recuperar el vínculo desde la base, desde la curiosidad, desde la experiencia directa. Quizá por eso el foco está puesto en los niños.
De once a treinta (y subiendo)
El Círculo Taurino de Cuenca nació en 2024 con once aficionados. Hoy ya son más de treinta. Y siguen llegando solicitudes. Sin prisa, dicen. Sin perder el sentido. Su primera gran cita cultural llenó el aforo con la presencia del ganadero Vitorino Martín. La próxima, prevista para noviembre, pondrá el foco en el empresario Maximino Pérez y en la ganadera Alicia Chico, además de subrayar una efeméride que no quieren que pase desapercibida: el centenario de la plaza de toros de Cuenca. Porque también de eso va todo esto: de memoria.
Un domingo abierto
La cita de este domingo no entiende de invitaciones cerradas. Es abierta. Flexible. Casi espontánea. Quien quiera podrá acompañar el recorrido, esperar al otro lado del puente o sumarse directamente en la plaza. No hay protocolo rígido. No hay distancia. «Queremos que la gente lo sienta suyo», resume Colmena. Y quizá ahí esté la clave de todo.
El eco de lo sencillo
A veces, las iniciativas más pequeñas son las que dejan más poso. Un grupo de toreros cruzando un puente. Un puñado de niños esperando. Un capote que cambia de manos. Nada espectacular. Pero sí significativo.
Cuenca no verá un toro este domingo. Pero puede que vea algo igual de importante: el intento de que una tradición no se rompa, sino que se entienda.
