Hay citas que trascienden su origen y acaban convirtiéndose en parte esencial del calendario de toda una comarca. Jornadas que combinan memoria, convivencia y naturaleza, y que año tras año reúnen a cientos de personas en torno a una misma historia, manteniendo vivo el recuerdo de un suceso que marcó para siempre a varias generaciones.
En la localidad conquense de Huerta del Marquesado, ese papel lo cumple la Marcha Blume, un evento ya plenamente consolidado que va mucho más allá de una caminata y que tendrá lugar el próximo 25 de abril. La cita rinde homenaje al trágico accidente aéreo del 29 de abril de 1959 y se ha convertido en un punto de encuentro imprescindible en la comarca.

El evento, que llega a su 19ª edición tras una pausa de dos años debido a la pandemia, no es solo una prueba deportiva, sino un pilar fundamental para la comunidad. «¿Qué representa hoy la marcha Blume para Huerta del Marquesado?», se pregunta. Para el municipio, es «un día referente en el pueblo a la hora de naturaleza, de convivencia», explica Ana María Castillero, alcaldesa de la localidad. La marcha se ha convertido en una tradición tan arraigada que «todo el mundo da por hecho que se va a hacer».

Un memorial que mantiene viva la historia
El origen de la marcha se remonta al homenaje a las víctimas del accidente aéreo ocurrido en la Sierra de Valdemeca en 1959, en el que perdieron la vida 25 personas, entre ellas el gimnasta Joaquín Blume, una figura destacada del deporte español en aquel momento, junto a su mujer y miembros de su equipo.

La marcha, por tanto, sirve para mantener vivo su recuerdo. «Si no fuera porque se conmemora, la mitad de la gente joven del pueblo no sabría ni quién era Joaquín Blume», señala la alcaldesa.

El evento ha conseguido que la historia de aquel suceso perdure en el tiempo. Algunos de los vecinos más mayores aún recuerdan el impacto que supuso la tragedia en el pueblo. El accidente trajo consigo una movilización sin precedentes, con la llegada de vehículos del ejército y coches fúnebres, algo nunca visto en la localidad hasta entonces. «Fue el impacto de ver, por un lado, que pidieron ayuda de hombres que fueron allí a ayudar», relata Ana sobre los testimonios de la época. En el lugar del siniestro, una cruz con los nombres de todos los fallecidos sirve como recuerdo permanente.

La conexión emocional con el suceso se reaviva en ocasiones con la presencia de familiares de las víctimas. «El año pasado vino una mujer que era hija de uno de los fallecidos», comenta la alcaldesa, un hecho que añade «más vínculo real con el accidente». Este año, aunque no hay confirmación, una familia desde Sudamérica, descendiente de un pasajero, mostró interés en asistir.
Un pueblo volcado y un entorno privilegiado
La organización de la Marcha Blume es un claro ejemplo de implicación vecinal. Aunque el Ayuntamiento coordina, la colaboración de los habitantes es crucial. Desde la preparación de bocadillos hasta la ayuda logística durante el recorrido, «son todos voluntarios», destaca Ana. «Es un día que todo el mundo se involucra y la gente joven responde mogollón». Este compromiso convierte las calles de Huerta del Marquesado, un municipio de unos 150 habitantes, en un hervidero de gente, llegando a superar los 400 participantes en la caminata como ocurrió el año pasado.

El recorrido, de aproximadamente 16 kilómetros ida y vuelta, ofrece una experiencia única. Parte desde el pueblo y asciende hasta el Pico Telégrafo, a 1.838 metros de altitud. Las vistas desde la cima son espectaculares: «Si hace un buen día, desde ahí se ve el Cristo de Cuenca», asegura la alcaldesa. Como novedad para este 2026, la organización estrenará un nuevo trazado para la bajada, que formará parte de un futuro sendero de Pequeño Recorrido (PR).
Muy cerca de la cima se encuentra la cruz que recuerda a las víctimas del accidente, donde se realiza una parada simbólica con una ofrenda floral.

Además de la caminata, la jornada se completa con un mercadillo de artesanía y productos de cercanía, actividades relacionadas con el mundo rural o el deporte y el ambiente festivo de una charanga.

La jornada se convierte así en un espacio de encuentro comarcal. Calles llenas, dificultad para aparcar y un ambiente continuo de actividad reflejan el impacto del evento. Para el equipo de gobierno, esta afluencia supone tanto una satisfacción como una responsabilidad, ya que implica garantizar la seguridad en un entorno natural y coordinar un volumen de personas muy superior al habitual. La prioridad es que “todo fluya” sin contratiempos en un pueblo pequeño que ese día multiplica actividad
Una invitación a la experiencia
La Marcha Blume es una combinación de «convivencia, naturaleza, deporte y memorial». La alcaldesa anima a quienes no la conocen a vivirla: «Mucha, mucha de la gente que viene, repite, y ya es como que es hasta el año que viene, porque el entorno natural es chulísimo». La jornada no solo fortalece los lazos de la comunidad y mantiene viva la memoria, sino que también permite descubrir un paraje de incalculable belleza en el corazón de la Serranía de Cuenca.
En cuanto a la organización, la participación requiere inscripción previa con un coste de 15 euros para la caminata, que incluye el recuerdo de la marcha, bocadillo, fruta, caldo y bebida, mientras que la cena —con un precio de 35 euros— debe reservarse con antelación. El plazo de inscripciones se ha activado esta misma semana a través de redes sociales, aunque el ritmo suele depender en gran medida de la previsión meteorológica, ya que muchos participantes esperan a conocer el tiempo antes de decidirse. Desde el Ayuntamiento explican que, desde hace dos años, también se fomenta la inscripción anticipada de quienes solo realizan la ruta, con el objetivo de dimensionar mejor los avituallamientos, ya que preparar en pocas horas varios cientos de bocadillos sin previsión resulta inviable. Con la Semana Santa ya fuera del calendario en este 2026, las expectativas pasan por igualar o incluso superar la participación del pasado año, siempre que el tiempo acompañe.
Mientras la localidad mira al cielo esperando buen tiempo, ya se barajan ideas para el futuro, como una marcha nocturna para observar el eclipse del 12 de agosto, aprovechando la nula contaminación lumínica de la cima, un lugar que, como la propia marcha, invita a conectar con algo más grande que uno mismo.