Guillermo Pelegrín: «La Semana Santa de Cuenca no se vive solo con los ojos, también se siente»

Joven conquense, trabajador social, deportista paralímpico y nazareno, nos cuenta cómo vive la Semana Santa con intensidad a pesar de su discapacidad visual

Guillermo Pelegrín Gómez, de 22 años, ha encontrado en las procesiones un espacio de inclusión, fe y pasión. Su ceguera no ha sido un obstáculo, sino un camino para vivir la Semana Santa de manera más sensorial y emocional, convirtiéndose en un ejemplo de superación y alegría.

Este trabajador social, deportista paralímpico y nazareno, combina sus estudios en Educación para la Ciudadanía y Justicia Social con su carrera deportiva de alto rendimiento en escalada paralímpica, donde ha obtenido medallas en Copas del Mundo y Campeonatos de Europa y España. Para él, ser nazareno es mucho más que participar en la procesión: es un momento de fe, comunidad y emoción que vive con intensidad cada año.

Guillermo a la derecha de la imagen junto a su amigo Iván

Su conexión con la Semana Santa

«Mi conexión con la Semana Santa viene de la familia de la mujer de mi padre. Mis padres se separaron cuando era pequeño, y tuve la suerte de que la mujer de mi padre y su familia me acogieron con los brazos abiertos en Cuenca. Desde los siete u ocho años fui a la Semana Santa y ahí quedé impresionado. Dije: ‘yo quiero salir’. Es un sentimiento totalmente emocional«, explica Guillermo.

«Al principio me daba un poco de reparo contarlo, porque daba cosa. Pero hace unos años, cuando tuve que llevar el bastón, dije: ‘si Dios nos ama a todos, ¿por qué tengo que ocultarlo?’ Así que empecé a involucrarme más en la hermandad y me enamoré de la procesión, del sentimiento y la música. A mí me apasiona, no lo hago por superarme ni para demostrar nada, simplemente porque lo siento».

La Semana Santa como experiencia sensorial

«En la Semana Santa, muchas veces estamos acostumbrados a disfrutarla con lo visual. Yo invito a la gente a cerrar los ojos y escuchar la banda, el silencio, y descubrir que tenemos un montón de sentidos que muchas veces no prestamos atención. En la fila del bastón o cuando saco un paso, siento todo de manera más intensa», comenta.

Guillermo también destaca su participación en las turbas: «La primera vez que fui, mi capellán me subió a hombros porque tenía ocho años. Sentí cómo el rugido del tambor me envolvía, y ahí supe que quería participar. Aunque no vea los pasos, el mogollón de la turba me guía y me hace sentir completamente integrado».

Participación en las procesiones

«Salgo en varias procesiones: el martes santo en La Esperanza, el miércoles en El Prendimiento, el jueves en La Soledad del Puente, viernes Santo por la mañana en las turbas y por la tarde en el entierro. Cada participación es diferente y especial. Llevo años sacando la borriquilla, el Judas y el Pretorio, y cada vez disfruto más», explica Guillermo. «Mi experiencia también incluye activismo por la discapacidad. Salir con el bastón visibiliza que las personas ciegas tenemos derecho a participar, y si inspiro a otros a integrarse, es bienvenido».

Su discapacidad visual

«Soy ciego de nacimiento y me lo detectaron a los tres años. Es una enfermedad que afecta las células de la retina, que no se regeneran, y provoca la pérdida progresiva de visión. Antes podía ver un poco, ahora apenas veo, pero eso no me ha detenido. Gracias a que salgo en procesiones y participo activamente, he conocido a muchísima gente y me siento incluido, parte de la sociedad», comenta. «Mi familia siempre me ha apoyado sin paternalismos, dejándome vivir la experiencia como cualquier otro. Esto me ha permitido crecer con independencia y confianza».

Sensaciones y aprendizajes

«La Semana Santa es donde más incluido me siento. Es un espacio donde se mezcla la emoción, la fe, la socialización y el aprendizaje de valores como la honestidad y la solidaridad. También es un momento para divertirse y conocer gente nueva. Ha sido una de las semanas más completas de mi vida», afirma.  Guillermo usa su canal de Instagram «Tu Ciego de Confianza» para compartir su día a día y visibilizar la experiencia de las personas con discapacidad: «Contar chistes y bromas sobre mi ceguera es una forma sana de naturalizarlo y de animar a otros a reírse conmigo».

Un final feliz

A pesar de los desafíos, Guillermo mantiene una actitud optimista y contagiosa: «La vida me ha enseñado que no todo depende de lo que ves, sino de cómo sientes y vives cada momento. La Semana Santa me ha dado eso: emoción, fe y comunidad, y me hace sentir pleno». Su mirada hacia el futuro es clara y motivadora: «Quiero seguir creciendo como trabajador social, como deportista y como nazareno. Y si puedo inspirar a una sola persona con discapacidad a participar o a disfrutar de la vida sin límites, entonces todo el esfuerzo habrá valido la pena».

Con una sonrisa y orgullo, Guillermo concluye: «La Semana Santa no se vive solo con los ojos, se siente… y yo la siento con todo mi corazón, cada año, más fuerte que nunca».

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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